Todo empezó por el fin en #BAFICI2016

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Empezar por el FIN, con la placa correspondiente, y la frase: “Así es como termina el mundo, no como una explosión, sino como un gemido”, terrible T.S.Elliot, que ya de entrada nos dice dos cosas: una, que la muerte sobrevuela el film como una matriz creadora de sentido y como contrapeso al vitalismo que sin dudas se va a transpirar; la otra, que estamos ante una película de artistas cabales, esos que solo el cine da, esos que leen, hacen música, miran y escriben de cine, toman fotos y fusionan arte/vida/artistas como en las mejores prácticas de la vanguardia.

Contar la historia del Grupo Cali de cine, de Caliwood, con la entonces FOCINE, que marcó una etapa clave para el cine colombiano, es lo que se propone Luis Ospina (Cali, 1949), desde la comprensión de que, de aquel grupo fundador de comienzos de los 70, es el único que aún queda en pie y con la tarea de hacerlo. Eso es lo que se propone, hacer un documental expositivo, reunir y ordenar material de archivo y testimonio, y así arma el plan de la película. Pero el día que empieza el rodaje debe ser internado y se le detecta un tipo de cáncer extraño que puede ser letal, con un pronóstico reservado. Esto modifica radicalmente lo que está por filmar. El mismo director comenta que, de documental, la película mutará a un policial de suspenso, porque no se sabe si el mismo director no morirá. Este sentido del humor capea todo el film, y Ospina transforma este registro en un homenaje a la práctica amorosa de todo su grupo, en un delicado diálogo con los ocasos y las muertes.

La presencia de la parca lo merodea todo, y Ospina logra convertirla en un personaje más de la película. De entrada por ejemplo, entre su infancia y el hospital, la muerte se vuelve constructiva, como por otro lado, si nos ponemos a pensar, debe ser así nomás, en tensión con la vida. Desde una cita de Rossellini (no quedan dudas de que esta es gente cinéfila) donde dice “el cine ha muerto” en 1963, al último suspiro (gemido) buñuelesco hasta una frase que suelta alguien: “¿Qué es ser una generación? La generación se la inventan los libros, se la inventan los films, se la inventa la muerte”. Porque las genealogías siempre empiezan a pensarse desde el final.

Y ante esa muerte, tan natural, la vida, el eros que se afirma en el arte. Desde Ciudad Solar, ese mítico proyecto comunitario de unir arte y vida, a las ganas de disfrutarlo todo, de devorarlo todo, de consumirlo todo. El esparcir las cenizas de Mayolo, también esnifándoselas, atravesados no ya por la psicodelia, como generación, sino por la cocaína; la película canta en sus noventa: “Nosotros de rumba y el mundo se derrumba”.

La poesía como cine, en el cine, rescatando tantos textos, tantas palabras propias y ajenas, que termina siendo un poema visual: “Todos nosotros. Generación, tribu, conjunto de perdedores que imaginamos que la ruina era el más alto honor”. pone la voz escrita Isla Correyero para que la peli de Ospina diga, como nadie, lo que le pasó a una generación de un país devorado por la merca, por la vegetación, por la cinefilia, la más dulce enfermedad junto con la literatura, de la que es tan difícil curarse. Esa muerte que a se llevó a dos de sus amigos, Andrés Caicedo y Carlos Mayolo, y a quien Ospina no ahorra centímetros de peli para hacerles el homenaje que quiere, como si demorarse en los 208 (tres horas y media) que dura el filme no siguiera firmando también, clarísimamente, que el cine es una forma de interpelar a la muerte y vencerla un rato.

Existencialistas ingenuos, bohemios, pero tan históricos y vivos, esta es una película de género, sin dudas, de género para reir y llorar al mismo tiempo, que viene a contarnos cómo, hablar de la locura de hacer cine, de la locura de escribir, de la locura del compañerismo y del andar juntxs, es hablar de soñar y practicar el amor. No se la pierdan.

 

Funciones:
Domingo 17 – 12:00 hs Village Recoleta Sala 6
Domingo 24 – 14:30 hs Village Recoleta Sala 6