Maeterlinck y su teatro del extrañamiento, entrevista a Nayi Awada y Tomás Bradley

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Nayi Awada y Tomas Bradley son los responsables de la dirección y la puesta en escena de Los ciegos del belga Maurice Maeterlinck. Ellos son además los fundadores del Hasta Trilce, y esta es la primera producción propia del teatro.

El texto de Maeterlinck se inscribe dentro del Simbolismo, movimiento que pone en cuestionamiento la idea de representación. En un bosque, doce ciegos esperan al guía que los llevó hasta allí y en ese espacio alegórico transita una obra que se plantea como un ámbito de reflexión teatral. Nayi Awada y Tomás Bradley nos cuentan sobre esta propuesta original dentro de la cartelera de Buenos Aires.

¿A qué se le llama teatro simbolista?

El teatro simbolista es un teatro estático, de tensiones escénicas. A diferencia de todo el drama moderno narrativo-discursivo del siglo XX, el Simbolismo no pretende representar el mundo cotidiano, sino por medio de la obra y la convivio teatral; apunta a la presentificación de lo metafísico o, como Meaterlinck solía llamarlo, lo sublime. Si bien hay un grado inicial de representación o acción mimética, esta es superada a lo largo de la obra artística; se produce una transición o desplazamiento hacia el ámbito de “lo otro”, lo que se encuentra “por detrás de las cosas”. Es un teatro del extrañamiento, del disloque del actor y del espectador, quienes se enfrentan a situaciones no convencionales y a un mundo de afecciones poco reconocibles.

¿Cuáles son los elementos de la puesta de Los ciegos que se relacionan directamente con el Simbolismo?

La puesta respeta todos los parámetros simbolistas, pero los trabaja no ya desde el relato europeo moderno, sino desde un enfoque de ruptura con la razón moderna y el comienzo de la posmodernidad. Mantiene el estatismo propio del Simbolismo, todos sus velos (no es un teatro que muestra, es un teatro de oclusiones y apariciones repentinas); la presencia permanente de sombras y claroscuros; la importancia de la palabra como valor estético; la ruptura con las referencias espaciotemporales: la isla y el bosque no son lugares precisos en un mundo geográficamente determinado, son más bien “no lugares” y su potencia radica en lo alegórico y simbólico. Lo mismo sucede en el plano temporal; no hay carga histórica ni cultural precisa, el tiempo es un “no-tiempo” o “todos los tiempos”. No encontramos signos en las vestimentas, en los parlamentos, ni en el entorno que nos permitan anclar el acontecer en un tiempo o lugar precisos. Los ciegos mismos han perdido la conciencia del acontecer temporal; no saben si hace horas que se perdieron en aquel bosque antiquísimo, o bien días, o hasta siglos. Se mantiene también la intertextualidad con el imaginario cristiano, con las corrientes herméticas y gnósticas. Los ciegos, locos, viejos y niños son otro de los elementos clásicos del simbolismo maeterlinckeano y que la puesta mantiene. Todos ellos son, según el autor, poseedores de capacidades cognitivas especiales y pueden, por momentos percibir la sublime que nos rodea, con todo el terror y el goce que esto implica.

¿Qué le propone Maeterlinck al hombre del siglo XXI?

La crisis de la razón moderna implica la incapacidad de la racionalidad europea de mantener la pretensión de universalidad y habilita a las subjetividades hasta ahora periféricas a explorar nuevas formas de afirmación de identidad. Con la tal crisis cae también aquel mundo ontológicamente firme que lo sostenía. El drama moderno narrativo-discursivo dialogaba con aquel mundo por medio de la mimesis y la representación. Una vez adentrados en la posmodernidad y asumida la relatividad ontológica ?hoy ya no hay un mundo sino muchos mundos, hoy ya no hay hechos sino interpretaciones? la relaciones miméticas con este pretendido mundo moderno se vuelven vanas. La posición maeterlinckeana supera estas relaciones de representación y propone un teatro constitutivo, no ya representativo. La presentificación de “lo otro” a través de la obra de arte nos permite poner en tela de juicio el teatro hegemónico de la cartelera mundial e iniciar una discusión a la hora de pensar las disciplinas artísticas. La condición avasallada de una periferia a la que se le negaba densidad histórica es hoy el ámbito de reflexión para la gestación de nuevas subjetividades prácticas, epistémicas y artísticas. Esta puesta está de un modo especial dirigido también a los hacedores de teatro independiente para discutir algo que la disciplina se debe a sí misma y que no ha transitado, o por lo menos no se acusa de modo claro en el quehacer independiente actual muchas veces impregnado de un modernismo que tiempo hace perdió vigencia. No hay pretensión de hacer del concepto de esta obra una práctica, sino tomar de ella lo que ella puede aportar para un posible destino del quehacer artístico, esto es asumir su capacidad de hacer mundo y ejercerla.

¿Qué camino hubo que recorrer para que ahora sea el momento de la primera producción propia del teatro?

Lo que retrasó la puesta de esta obra fue de origen material y de nuestro tiempo disponible para desarrollarla. Abrir y sostener un espacio como Hasta Trilce supone en sí mismo todo un orden de problemas materiales que nos impidieron los primeros tres años dedicarnos a esta puesta tal cual se la concebía. En ese tiempo otras cosas fueron decantando y depurando el concepto que perseguimos al hacer la obra, pero se puede decir que la puesta estaba en la fila desde el día que inauguramos el espacio. De hecho, en un primer momento, era con esta obra con la que se iba a abrir Hasta Trilce.

¿Los ciegos fue en la primera obra en la que pensaron o hubo otras que se barajaban para esta producción especialmente significativa?

Como espacio nos interesa la investigación y la reflexión de las cuales puede surgir el hecho constitutivo. Pero nos interesa en tanto de origen a una propuesta concreta y a la acción que tienda a influir y que se considere a sí misma una posible respuesta. Buscando tratar lo que consideramos parte central del problema de la disciplina teatral hoy y dar a lo que en el tiempo resulte  nuestra obra como espacio una coherencia y una progresión discernible fue que nos decidimos por esta obra y esta puesta, por lo que entendemos que estas, bien atendidas, pueden aportar al teatro independiente de hoy. La preocupación es la de fundar buenos cimientos para dar una discusión que busca socavar lo que hasta el día de hoy es columna portante del quehacer teatral, la noción de que hay algo que representar o que por lo menos el teatro puede o debe hacerlo. Creemos insoslayable la necesidad de cobrar conciencia de hasta qué punto el arte puede presentar mundo en vez de representarlo. La intención fue hablar de esto con una obra y una puesta que hace en sí misma el recorrido de la representación a la presentación, introduciendo el concepto buscando convencer e insinuar sobre sus posibilidades sin caer en lo que hubiera sido más fácil pero aún más hermético, de directamente asumir el concepto sin transitar el trecho que las separa. Procedimientos como ese, característicos de quienes se pretenden vanguardia son, creemos, no solamente inútiles a la verdadera incorporación de un concepto al quehacer real, sino todavía de realización más difícil en un tiempo en el que no se puede decir que haya costumbre de discusión de poéticas por parte del teatro independiente, que generen la capacidad de discutir y procesar un fenómeno abrupto que no se conecte en algún modo claro con el statu quo. En definitiva, podría decirse que la decisión por esta obra fue de orden estratégico.

Los ciegos

Funciones: viernes 21h; Teatro: HASTA TRILCE Maza 177 –CABA; Entrada Gral: $ 150  ?jubilados y estudiantes $ 100; Reservas: www.hastatrilce.com.ar; En Facebook: https://www.facebook.com/LosCiegosMaeterlinck/?fref=ts