Eisejuaz, Sara Gallardo

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Este texto no tiene pretensiones de reseña; las hay, numerosas, así como prólogos y estudios a cargo de expertos en la literatura de Sara Gallardo. Ni siquiera un aporte ni una colaboración, tampoco un homenaje. Lo mío es un aplauso, humilde, de lectora asombrada, maravillada y agradecida a este libro y a todos los próximos libros de esta autora que no dejaré pasar.

No voy a decir una originalidad al afirmar que Eisejuaz fue para mí, una ruptura con todo lo que había leído hasta llegar a él. Y todo ese poder desestructurante se potencia si hablo de lo que yo misma llevo escrito hasta el momento, que a la luz de las comparaciones, termina siendo una pavada. Agradezco a varios compañeros que me conminaron a seguir leyendo más allá de las primeras páginas y a reparar en la carta-prólogo de Mujica Láinez (cuya destinataria es la autora de la novela) que muy atinadamente la editorial Cuenco de Plata elige para encabezar su edición.

A esta novela hay que darle tiempo y oportunidad porque, al principio, uno se resiste pero luego ya no queda opción: no hay otra salida que la entrega. No es novedoso si sostengo que el lenguaje que despliega es absolutamente original, perfecto en su agramatistmo. No podría concebirse de otro modo, en otro lenguaje, a un indio mataco que vaga por el monte, afiebrado en un delirio místico enloquecedor y enloquecido, víctima y verdugo de su propia misión espiritual; segregado, autoexiliado, irredento por propia voluntad, prófugo de la explotación pero cautivo de su propia fiebre religiosa. Por momentos, su soliloquio místico tiene reminiscencias del libro de Job y, en otros, pareciera escucharse en él, llanamente, a una biblia mataca.

Cuando di vuelta la última página de Eisejuaz, ya sin regreso, la pregunta del cómo se me impuso. Cómo hizo Sara Gallardo para lograr esta maravilla. Cómo, para romper con el lenguaje, traspasar los límites de clase y de género. Porque no es un dato menor recordar que esta novela fue escrita a fines de los años 60 y publicada en 1971. Y Sara Gallardo era una mujer de clase acomodada, en una época en que estas transgresiones de límites, estas expediciones a territorios tan lejanos, no eran abordadas por mujeres. Cómo una mujer de la exquisitez de Sara Gallardo pudo construir un universo de aridez, desolación, dureza, locura, esclavitud y muerte, de la forma en que ella lo hizo con Eisejuaz. Lucía de Leone –quien recientemente publicó una recopilación de las columnas de Gallardo–me respondió la evidencia hace unos días: “con talento”.

Poco más hay para agregar, queda respondida la pregunta, reafirmada mi admiración incondicional a Sara Gallardo y la perpetua recomendación de su novela Eisejuaz a todo aquel que esté buscando leer algo inolvidable.

Ficha técnica

Eisejuaz, Sara Gallardo, El Cuenco de Plata, 2013, 176 p.