Cactus orquídea

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Cactus orquídea* aparenta una pasmosa simplicidad. Si alguien se pusiera a contar el argumento diría que se trata de pequeñas historias cotidianas enlazadas entre sí.  Podríamos agregar que sus personajes (un escritor en crisis, una camarera reflexiva, una empleada de museo que no puede enamorarse, un ferretero que perdió a su mujer, un bancario perdido en la rutina, entre otros) van urdiendo encuentros, más o menos casuales, que confluirán (o no) en el mágico desenlace. Incluso podríamos detallar la historia de cada uno.

Sin embargo, nada de eso haría justicia con lo que verdaderamente es Cactus orquídea: una maquinaria formidable que pone en evidencia el artificio de la creación, no sólo desde lo puramente dramatúrgico sino también (y sobre todo) desde la puesta en escena.

“Mi recuerdo es que la casa se desplegaba y se volvía a plegar, se cerraba todo para abrirse de nuevo en otro lugar muy diferente” dice una de las protagonistas y esas palabras retumban en el diseño escenográfico, constituido por una plataforma de madera armable y desarmable que conformará diversos escenarios de Buenos Aires. Serán los actores devenidos en tramoyistas los que dispongan cada espacio y musicalicen la ocasión. Ese entramado complejo atravesará el transcurso de la historia y será  visible, en todo momento, para los espectadores.

La continua referencia metatextual resulta así un elemento fundamental de la pieza e incluye también una reflexión sobre los géneros. Isaías intenta escribir una novela y se sirve del relato de Imelda para destrabar su inspiración. Historias mínimas se van entrecruzando con sus propias historias y todas ellas conforman la obra que veremos en acción. La oscilación entre la primera y la tercera persona narrativa tensiona el cruce entre la novela y el teatro como también lo hace el intercambio entre la secuencia narrativa y la conversacional.

Hay muchas maneras de abordar el análisis de Cactus orquídea. Detrás de su aparente simplicidad, hay innumerables detalles dignos de ser tenidos en cuenta. Todo lo dicho en los párrafos anteriores repone, desde otro punto de vista, algunos aspectos ya tratados en varios comentarios críticos.

Se puede ahora, por ejemplo, hacer foco en las cosas, en la funcionalidad de los objetos que circulan por la escena, hacen avanzar el relato, conectan a los personajes y/o acentúan lo artificioso de la representación. El cactus orquídea, al que hace referencia el título, servirá como punto de partida de la narración pero además vinculará a varios personajes, cuyas vidas conoceremos en saltos temporales sucesivos. Esta última función la tendrán también un folleto, una bolsita con semilla y un álbum de fotos. Por otra parte, es destacable que las plantas y los animales estén construidos en chapa o metal y que sean manipulados visiblemente por manos humanas. Es decir, se devela todo el tiempo la condición artificial de la ficción, su alejamiento de los estatutos de la realidad. Que las monedas sean chapitas de gaseosas, que los tornillos sean maníes con cáscara, que un teclado sea sinécdoque de una computadora portátil corre, asimismo, en esa dirección y obliga al espectador a entrar en el juego y a aceptar las condiciones particulares de la representación.

Vislumbramos, así, una belleza inaudita en cada cosa que se traslada a cada palabra, a cada sueño o recuerdo pronunciado, al amor por Frida, a la contemplación de un cuadro de Modigliani o al deseo profundo de que nos ocurra lo mismo que pasa en Solaris. Sí, eso es Cactus orquídea, una verdadera belleza.

 

*El texto fue incluido en  Diez por Diez. Literatura dramática y escritura escénica, publicado por  Editorial Escénicas.Sociales.
 

Ficha técnica

Intépretes: Lucas Avigliano, Ignacio Bozzolo, Laila Duschatzky, María Estanciero, Gastón Filgueira
Entrenamiento físico: Damiana Poggi
Música Original: Guillermina Etkin
Escenografía: Javier Drolas, Soledad Ruiz Calderón
Iluminación: Santiago Badillo
Objetos: Mariana Meijide
Vestuario: La Polilla (Gustavo Alderete, Natalia González, Rodrigo Lico Llorente, Macarena Rodríguez, Carla Romano, María Eugenia Carbajal)
Diseño Gráfico: Barbie Delfino
Asistencia de Dirección: Jimena Ducci
Dramaturgia y Dirección: Cecilia Meijide
Funciones: Sábados 21 hs, en  Teatro Anfitrión, Venezuela 3340, CABA.