“El teatro no debe perder la mirada en lo artístico y en lo singular”, Juan Mako

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Bolada es un unipersonal escrito e interpretado por Laura Correa y dirigido por Juan Mako.  La obra narra la historia de una campesina estancada en su pequeño y monótono mundo; una vaca lechera –única compañía y fuente de subsistencia– le sirve como excusa para entrar en una crisis subjetiva y existencial.

Charlamos con Juan después del estreno de la obra que se presenta todos los viernes en el Patio de Actores.

Juan Mako (12)

¿Cómo nace la relación con Laura, la autora?

En principio ella y yo somos pareja, pero la idea de trabajar juntos se fue dando de a poco. Ella había estado trabajando anteriormente este material a partir de la escritura de monólogos breves, a modo de diario, de un personaje que se llama Concepción. Y empezó a investigar y a ponerle el cuerpo a este personaje con Francisca Ure en un principio y luego Pablo Algañaraz. Por distintos motivos no pudo seguir trabajando ni con uno ni con el otro, así que me lo compartió; me interesó de entrada y ahí comenzamos a meterle cuerpo y mente a lo que hoy es Bolada.

¿Qué te interesó de la obra como director?

Sobre todo el universo que de la simple lectura se despliega en imágenes y estados emocionales. Es una obra donde lo femenino está muy presente, y con ella lo sensible, lo existencial y lo singular.

¿Cuáles son los desafíos que propone dirigir un unipersonal?

Muchos. Yo ya había hecho un unipersonal como actor sobre la vida de Sarah Bernhardt en el 2007, dirigido por Gabriel Rovito. En aquel entonces tenía 23 años y sentí que aquello representaba para mí un gran desafío como actor y así fue. Ahora siento lo mismo como director. Es difícil el unipersonal, en todo sentido: desde lo artístico para los que lo hacemos, desde el gusto (a no todo el público le gusta este estilo), desde la convocatoria, etc. Pero es sumamente enriquecedor. Sostener un relato en solo el cuerpo de un actor hace que todo esté llevado a un nivel de intensidad y minuciosidad brutal, donde cada detalle y cada segundo vale oro y, por ende, debe ser transitado en su mayor expresión.

Leyendo sobre Bolada, encuentro dos conceptos fuertes que la definen: “drama existencial” y “realismo mágico”. Contanos cómo se articulan en la obra esos conceptos.

El personaje de Concepción Noemí que cuenta esta historia, se encuentra en una crisis profunda con su existencia. Se halla estancada en un mundo de campo, que le resulta ya chato e insignificante. Nos interesaba pensar que si bien el campo ofrece la tranquilidad y el contacto con la naturaleza, este personaje busca por el contrario la necesidad urgente de otra cosa, aunque no sabe bien qué. Ella pide continuamente su “bolada”, su giro de suerte. “Bolada” en el lenguaje gauchesco significa oportunidad favorable. Entonces Concepción pide su bolada, pero la espera ya está resuelta desde el afuera, de los otros, de la naturaleza, del cosmos. Ahí empieza lo dramático y lo existencial. Se hunde cada vez más en un lodo pesadillesco sin poder salir; se pregunta y se repregunta hasta creer encontrarla.

El realismo mágico aparece en la obra como discurso, tanto desde lo dramatúrgico como desde la puesta en escena. La obra tiene muchas reminiscencias y anclajes de la realidad, del mundo del campo y de esta mujer, pero vuela en la metáfora para que el campo y la historia que se cuenta sea la excusa para dialogar con los otros de un modo más reflexivo y existencial sobre el ser y toda su complejidad.

En cuanto a la puesta y a la dirección, ¿qué implica dirigir a la propia autora del texto?

Nosotros estamos muy acostumbrados, y quizá sea por una cuestión generacional, a dirigir, actuar y producir casi siempre nuestros propios materiales que escribimos. De hecho los escribimos también para hacer, por ende nos abrimos al otro cuando los compartimos. En este caso, no hubo trabas ni límites con ello. Desde el momento que Laura me lo compartió, yo siempre fui muy respetuoso –y ella también para conmigo– del universo que ella proponía y sobre tal me sumé y aporté desde mi lugar. Y también sugerí. Mucho fue sucediendo en el hacer y ahí se fue modificando, como siempre pasa. Aún hasta el día de hoy, nos seguimos preguntando algunas cosas y seguimos escuchando sugerencias o comentarios de los que vienen a verla. Creemos que de eso se trata. De agitar y desplegar un mundo y un universo, y después entregarse y entregarlo a los otros. Si no, no tiene sentido el para qué ni el para quiénes lo hacemos.

¿Qué significa para vos poder estrenar una obra en medio de un contexto en el que no siempre es fácil hacerlo?

Es complejo. Más ahora, con todos los recortes y aumentos que estamos viviendo. Es difícil estrenar una obra en la tal abultada cartelera, tanto en CABA como en Provincia de Buenos Aires en donde empecé a estudiar, a trabajar y donde en la actualidad también sigo trabajando. No hay público para tantas obras y me hago cargo por ello. A esto se le suma ahora la falta de dinero y el miedo a lo que vendrá. Pero no podemos dejar de hacerlo y el teatro siempre ha resurgido frente a todo ello. Hay que buscar estrategias de llegada, de apertura y, bueno, tratar de sobrevivir lo más que se pueda y dentro de lo que el medio te permita. Creo que las salas deberían poder apoyar un poco más la continuidad de los proyectos, pero es complejo, porque los gestores de un espacio también necesitan que les sea rentable y por ende, deben recambiar las obras. Me parece que el objetivo es nunca perder el foco en lo artístico y en lo singular, y abrir hacia nuevos horizontes y nuevos públicos. El teatro debe poder llegar a todos los más que se puedan, de todo tipo de clases y estratos sociales, si no puede convertirse en una actividad onanista y banal que se vuelve insignificante.

FUNCIONES

Patio de Actores (Lerma 568), todos los viernes a las 21