Samuel Beckett: el genial autor de “Esperando a Godot”

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Dramaturgo, novelista, crítico y poeta irlandés, Samuel Beckett será siempre recordado, sin dudas, por su obra Esperando a Godot. Fue uno de los representantes del llamado teatro del absurdo como Eugène Ionesco, Harold Pinter o Jean Genet. Nació un 13 de abril de 1906 y murió en París en diciembre de 1989.

A los 22 años conoció a Joyce y trabajó con él en París, en 1928, cuando Beckett había conseguido una beca para ser profesor en el École Normale Supérieure. Ambos se admiraban mutuamente, y lo más importante de esta relación es que al joven escritor se le reveló su camino a partir de esta amistad. Cuando tenía alrededor de cuarenta años, Beckett descubrió que si el logro de Joyce había sido agregarle realidad al mundo a través del lenguaje, el camino que él tenía que tomar era el opuesto: el de sustraer: “Me di cuenta de que Joyce había ido lo más lejos que se puede en cuanto a conocer tu material. Siempre estaba agregando. Solo hace falta mirar sus borradores para advertirlo. Me di cuenta de que mi camino era vía el empobrecimiento, en la falta de conocimiento y en sacar, en restar en vez de sumar. Cuando conocí a Joyce por primera vez no era mi intención ser escritor. Eso solo vino después, cuando me dí cuenta que no servía para enseñar, para ser profesor. Pero recuerdo haber hablado del logro heroico de Joyce. Le tenía mucha admiración. Eso es lo que logró: fue épico, heroico. No podía seguir el mismo camino.”

Como la mayoría de sus trabajos después de 1947, Esperando a Godot fue escrita primero en francés, con el título de En attendant Godot, y fue publicada recién en 1952. Este drama debe ser uno de los más leídos y más representados, y tiene la capacidad de mantener al espectador atento a pesar de que absolutamente nada pasa en escena. La obra se estrenó en 1953 y en 1955 apareció la traducción en inglés. Pese a ser hablante nativo de inglés, Beckett eligió escribir en francés buscando la simplificación y depuración estilística absoluta que presidiría toda su obra posterior. Él mismo decía que temía a la lengua inglesa “porque en ella no se puede evitar escribir poesía”.

Toda la obra del irlandés es fundamentalmente sombría, minimalista y pesimista. Sin embargo, este pesimismo se ve moderado por un sentido del humor entre negro y sórdido. Su minimalismo además le permitió crear un teatro en el que la imagen adquiere mucho peso más allá de la palabra.

Samuel Beckett fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1969 “por su escritura que, renovando las formas de la novela y el drama, adquiere su grandeza a partir de la indigencia moral del hombre moderno”.

Como novelista escribe también en francés su famosa trilogía Molloy (1951), Malone muere (1952) y El Innombrable (1953).

Es casi una obligación leer Esperando a Godot. Un fragmento basta para verificar el despojamiento que logra el autor con un lenguaje conciso, escueto, pero profundo y contundente. Lo que pasa en la obra pasa más allá de lo que se ve, y eso es lo que transforma este drama en un clásico de los clásicos.

Cada uno tomó una punta de la cuerda y tiraron. La cuerda se rompió. Están a punto de caer.
VLADIMIR: No sirve para nada.
Silencio.
ESTRAGON: ¿Dices que mañana hay que volver?
VLADIMIR: Sí.
ESTRAGON: Pues nos traeremos una buena cuerda.
VLADIMIR: Eso es.
Silencio.
ESTRAGON: Didi.
VLADIMIR: Sí.
ESTRAGON: No puedo seguir así.
VLADIMIR: Eso es un decir.
ESTRAGON: ¿Y si nos separásemos? Quizá sería lo mejor.
VLADIMIR: Nos ahorcaremos mañana. (Pausa) A menos que venga Godot.
ESTRAGON: ¿Y si viene?
VLADIMIR: Nos habremos salvado.
Vladimir se quita el sombrero –el de Lucky–, mira el interior, pasa la mano por dentro, se lo sacude, se lo cala.)
ESTRAGON: ¿Qué? ¿No vamos?
VLADIMIR: Súbete los pantalones.
ESTRAGON: ¿Cómo?
VLADIMIR: Súbete los pantalones.
ESTRAGON: ¿Que me quite los pantalones?
VLADIMIR: Súbete los pantalones.
ESTRAGON: Ah, sí, es cierto.
Se sube los pantalones. Silencio.
VLADIMIR: ¿Qué? ¿Nos vamos?
ESTRAGON: Vamos.
No se mueven.