Rodolfo Sciammarella: Una vida marcada por Gardel y por Perón

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En Clásica y Moderna se aproxima el mozo cantando: “La pausa son 5 minutos y La Virginia es el té”. Es que ya lo conocen, Rodolfo Sciammarella hijo (77) es habitué de muchos bares de Buenos Aires adonde va para escuchar música y disfrutar de la buena comida y bebida. Notorius, La biblioteca café y Clásica son para él puntos de encuentro centrales.

Fanático del jazz y la bossa nova, sale tres veces por semana a ver espectáculos y no quiere perderse de nada. No deja de cantarme sus jingles publicitarios que hicieron furor en otros tiempos y que yo, aunque soy de otra generación, conozco perfectamente: Lo que la gotita pega, nada, nada lo despega. El Koh-i -noor es el Koh-i-noor, poderoso el chiquitín. Dánica dorada, Dánica dorada era para untar. ¡Qué tranquilidad, señora mamá, para sus hijitos, usted tiene aspirinetas! Y el hit que marcó los inicios de su carrera en la publicidad: Uvita, Uvita ta ta ta tá, el de los vinos. Ese, debo reconocer, se me escapa.

Hay un Rodolfo Sciammarella hijo porque hubo un Rodolfo Sciammarella padre, destacado compositor de canciones y jingles políticos y publicitarios, guionista de  teatro de revista y películas, que comenzó su carrera en la década del veinte. Rodolfo repasa conmigo los hitos de la vida de su padre y luego los de la propia.

¿Cómo empezó su carrera tu papá?

Mi padre era muy amigo de un periodista de La Razón que se llamaba José María Caffaro Rossi, que sabia que papá tenía creatividad, tocaba el piano de oído y componía. Le dijo: “te voy a presentar a Carlos Gardel”. Imaginate lo que era Gardel y lo que era para mi padre conocerlo. Mi padre en esa época trabajaba en la aduana pero su pasión era la música. Todas las hermanas tocaban el piano. Él tocaba el piano de oído, nunca escribió música, nunca estudió. Se hace la entrevista con Gardel y papá lo conoce y él le dice: “Bueno, pibe, tocate algo”. Papá toca un tango suyo que se llama “No te engañes corazón”. Imaginate la emoción que habrá tenido porque yo siento la emoción de mi padre cuando me pone la mano en la nuca y me cuenta lo que había sentido él. Dice que Gardel le puso la mano en la nuca y le dijo: “tenés un gran futuro, pibe, este tango te lo grabo yo”. Y se lo grabó. Así arranca la carrera de mi padre y después Gardel le graba siete tangos en total y entra en el medio porque ya empieza a conocer a gente del ambiente musical y se empieza a dedicar abiertamente a la música, a componer tangos y canciones. Mi padre era creativo desde todo punto de vista. Esto fue en la década del veinte cuando empieza a hacer los primeros jingles, canciones publicitarias que no existían. Fue el primero.

https://www.youtube.com/watch?v=7zxddn8_wEw

Sciammarella padre tiene ciento dos obras registradas en  SADAIC y estas se tocan en todo el mundo. Supo codearse con los mejores exponentes de la música. Quien solía escribirle a él las partituras era Mariano Mores. Según Rodolfo, su papá le presentó a Mores a la Orquesta de Francisco Canaro, donde despegó su carrera. Además de Carlos Gardel, Amanda Ledesma, Libertad Lamarque, Azucena Maizani, Agustín Magaldi y Alberto Castillo cantaron los temas de Sciammarella. Fue autor de valses, boleros y tangos. Fue guionista de varias películas, algunas junto a Carlos A. Petit. Escribió el guión de Piantadino, Los muchachos de mi barrio con Palito Ortega, La barra de la esquina con Castillo,  Por cuatro días locos también con Castillo y con Tato Bores y A la Habana me voy con Blanquita Amaro. Comenta su hijo que la música de su padre figura en más de setenta películas.  También escribió para el teatro de revista.

Sicammarella hijo y Mariano Mores

¿Qué trabajos podés destacar de tu padre?

Lo que le grabó Alberto Castillo, una cantidad exorbitante de tangos. Él le hizo la apertura de los programas de Castillo. “Yo soy parte de mi pueblo y le debo lo que soy / hablo con su mismo verbo / canto con su misma voz’”, ese es de mi papá y de Carlos Petit. El  tango Cien barrios porteños (“cien barrios porteños, cien barrios de amor…) que era como el himno nacional de Castillo. Aparte de eso Castillo la rompió con : “Por cuatro días locos que vamos a vivir, por cuatro días locos, te tenés que divertir…”. Mi padre hizo con Petit los primeros teatros de revista en la década del cuarenta. Estuvieron en el Casino, en el Maipo, en el Comedia. Ahí debutó Tato Bores. “Salud, dinero y amor” es un tema que todavía se toca en el mundo entero.

https://www.youtube.com/watch?v=azfD7V-NvhA

¿Cómo era tu papá?

Era simpático, coloquial, amistoso. Lo adoraban. Nunca le escuché decir una mala palabra. Las únicas dos malas palabras que le escuché decir a él fueron palurdo y desventurado.

Scia padre

¿Cuál es la relevancia de su obra?

Es incomensurable la cantidad de obras que tiene mi padre. Yo iba al colegio y en los colegios era obligatorio cantar una canción que había compuesto mi padre que se llamaba “El himno de las Américas”. Decía: “Argentina, Brasil y Bolivia, Colombia, Chile y Ecuador (…) ¡Son hermanos soberanos de la libertad!”

¿Cuáles son sus jingles que vos más recordás?

La audición de Jabón Federal: “Señorita, ¿adónde va tan apurada? Voy a buscar un jabón para lavar. Si Ud. me permite, voy a aconsejarle qué jabón debe usted usar. Yo uso Federal”. El de la Casa Muñoz “donde un peso vale dos”. Papá no iba a las agencias de publicidad porque las agencias no hacían música publicitaria. Fue a la Casa Muñoz un día y preguntó por el señor Muñoz. Y estaba y dijo “vengo a traerle una canción”: y le dijo: “Casa muñoz, Casa muñoz donde un peso vale dos” y ahí lo mató. También hizo una de heladeras: “De noche con la luna, de día con el sol, segura como ninguna es la heladera Saccol”. Todo era concebido para que fuera fácil de retener, tenía música muy pegadiza, los jingles de él no se los olvidaba nadie. El anecdotario es infinito.

La rima para él era fundamental así como siempre fue fundamental, en los productos, la marca. Cosa que ya no pasa. Reiterar el nombre del producto y ponerlo de tal forma que se destacara. “Si su piloto no es Aguamar, no es impermeable, le puedo asegurar. Un piloto es impermeable. Un piloto Aguamar”. En 1927 hizo el primer jingle político para Hipólito Yrigoyen. Compuso para Alfredo Palacios “Alfredo Palacios y Sánchez Viamonte. Dos hombres que saben decir la verdad. Alfredo Palacios y Sánchez Viamonte son dos paladines de la libertad”. Hizo todos los partidos políticos. Radicales, conservadores, demócratas cristianos, peronistas.

¿Cómo conseguía los trabajos?

De repente leía el diario y veía que había elecciones en Uruguay y se iba a Uruguay. Allá hizo la campaña del presidente Herrera. Papá tenía un jardinero portugués y no dominaba ningún idioma. Hizo una canción para el candidato de Brasil que era Juscelino Kubitschek. Papá le preguntó al jardinero: ¿Cómo se dice: “Todo Brasil tiene fe. Que sea presidente J.K Más vivienda, más trabajo, más justicia vamos a tener”?. Él le hizo la traducción y mi padre se fue a Brasil. Le dicen que el candidato iba a estar en las escalinatas de un hotel al día siguiente  y que iba a estar la comitiva. Se presentó como el compositor Sciammarella. Uno de la comitiva le dijo que era un ridículo: “Juscelino no va a hacer ninguna canción”. Él le respondió “déjeme cantar que me vine desde Argentina”. Y Juscelino, ya podrido, le dijo “deja que cante”. Mi viejo empezó a cantar el jingle. Y los tipos empezaron a moverse y a cantar con él. Y Juscelino le dijo “maravilloso”. Ya que estaba en Brasil hizo campañas de los candidatos de partidos opositores.

¿Qué anécdota de aquellas épocas podés contarme?

Gardel le grabó un tango que se llamaba Che Bartolo: “Che, Bartolo…batí si te has vuelto colo pa’ quererte disfrazar. Boccanegra…hay que ver cuál es la suegra que a vos te podrá aguantar”. Y se le ocurrió poner en la partitura: “dedicado a Bycla S.A. los Fabricantes del aceite Boccanegra” y les cobró como si fuera el tango una dedicación. Un curro maravilloso. Que Gardel dijera la palabra Boccanegra…No tenía nada que ver con el aceite, pero era el nombre de la marca.

¿Cómo fue la relación de tu padre con Perón y con la política?

Mi viejo era prácticamente apolítico. Él la conocía a Evita primero porque era actriz y luego lo conoció a Perón, sospecho que a través de ella. Tuvieron muy buen vínculo. Él hizo la campaña de campeonato infantil de Evita. Te diría que el vínculo se acrecentó en España. Porque mi padre, cuando la revolución prohibió los jingles, hizo un viaje a España de quince días y descubrió que allá  no existía la música de publicidad, que había un tipo que recién estaba empezando y eran muy bien pagos y empezó a meter jingles a destajo. Ya era el año sesenta, se fue y se quedó doce años.

Papá no tenía noción de lo que sucedía en el país, tenía una visión casi mezquina de lo que pasaba. Yo tenía plena conciencia de lo que estaba pasando. En el setenta y dos viene a hacer las campañas políticas conmigo. Ya le había hecho a Solano Lima e hizo para las elecciones del setenta y tres de Cámpora Solano Lima, un jingle que decía : “Compañeros, compañeras, la elección está resuelta, ganaremos la primera y no habrá segunda vuelta. Cámpora y Solano Lima los hombres del frente y de Perón”.

¿Qué sucedió cuando regreso Perón al país?

Cuando regresó Perón a la Argentina, yo le dije “no vayas a Ezeiza, vámonos a Mar del Plata”. No sabía cómo envolverlo para sacarlo del manicomio que podía haber sido y que fue y papá me respondió: “Mirá, hijo, yo te enseñé algo, la palabra no se traiciona y yo le prometí a mi amigo que cuando pisara suelo argentino yo iba a estar al lado de él”. Yo me fui a Mar del Plata, él se quedo, se fue a Ezeiza, se tragó esa locura, le apilaban los cadáveres en el Hotel Internacional de un lado y del otro.

Cuando mi padre murió, lo velaron en SADAIC.  Y esto es digno de destacar porque su palabra empeñada de que iba  estar cuando Perón llegara para mí tuvo un gran valor desde lo ético. Perón,  que estaba refugiado en Gaspar Campos, no salió durante cuatro días, la primera salida que hizo fue ir a SADAIC al velatorio de mi padre. Apareció a las seis de la mañana y lo primero que hizo fue abrazarme (yo lo había visto una vez) y decirme: “ha muerto un gran muchacho, cuyo mayor defecto era venir a Puerta de Hierro y gritarme por la ventana, cuando yo estaba durmiendo: ‘General, vení que tengo unos cuentitos nuevos para contarte’”. Pero el gesto de que haya salido por primera vez para ver a mi padre… me dije, de algo sirvió el sacrificio de él, lo de Perón fue compensatorio.

El 23 de junio de 1973, Sciammarella les habla a los de la Triple A de forma pacificadora para que no intervengan SADAIC. Según cuenta Rodolfo hijo, le hicieron caso a su padre. A la mañana siguiente, Sciammarella se estaba afeitando para ir al homenaje por la muerte de Gardel cuando le dio un infarto. “Indudablemente estaba afectado por todo lo vivido”.  Rodolfo, que no cree en las meras coincidencias y presta mucha atención a los números y fechas, me recalca: “Mi padre nació el 7 de octubre, pero lo anotaron el 8; o sea que nació el mismo día que Perón y se murió el mismo día que Gardel”.

Lo que Sciammarella pega, nada, nada lo despega

Sciammarella hijo ingresó al mundo de la música de muy joven. A los doce años unos chicos que formaban un grupo vocal le preguntaron si quería cantar con ellos y pronto se integró al grupo que se llamaba Voces de América. Uno de ellos era Pelusa Suero, quien hizo las voces de los personajes animados de Manuel García Ferré (Larguirucho, Neurus). Locutor de excelencia y la voz de Bardal, Raid y La gotita. “Yo entré al Liceo Militar, salía los viernes y ensayábamos y empezamos a conseguir trabajo. De repente se crean Los 5 latinos. Dos de Los 5 latinos, Estela Raval y Ricardo Romero, cantaban en Los 4 bemoles. Cuando ellos se fueron a formar Los 5 latinos, me llamaron a mí para reemplazar a Romero. Me salió una gira con Los 4 bemoles. Yo estaba estudiando Derecho y pensaba volver a los tres meses a retomar la carrera pero no volví más”.

¿Qué anécdota me podés contar de aquellos años cuando te dedicabas al canto?

Hay un músico argentino, un genio, Lalo Schifrin. Yo cantaba en conjuntos vocales desde los doce, nos llamaban de muchísimas compañías grabadoras. Nos llamaban de Columbia, de Odeon, pero grabábamos para otra gente cuando necesitaban un coro. Había gente en el coro que sabía leer música. Yo llegaba y les decía:  “Pásenmela ¿qué tengo que hacer? Y me decían: vos hacé así,  Tuturuá turuá, contá cuatro, contá dos”. Yo me tenía que memorizar todo en quince minutos y mirarles las bocas para no equivocarme. Y un día me agarra Lalo Schifrin y me dice: “Pero vos sos un loco,  ¿cómo puede ser que no puedas leer?”.  “Lalo, no leo. ¿Qué piano tenés en tu casa? me pregunta. Tengo un Steinway de media cola, le digo. ¿Qué hacés a la tarde el martes y el jueves? Te voy a dar clase de solfeo cantado, me dice”. Yo hacía do, mi sol y el tipo tocaba jazz atrás. Y yo me moría. Yo hacía si, fa, re. Después se fue a Estados Unidos y nunca más, pero éramos muy amigos.

¿Y finalmente aprendiste a leer musica?

No, ni de carambola.

¿Cómo empezaste tu camino en la música publicitaria?

Mi comienzo fue cuando un día llaman a mi casa de Pueyrredón propaganda, que era la agencia número uno del país. Eso fue en 1960, yo tenía 22 años. Yo venía cantando con Los 4 bemoles, cantaba en La revista dislocada en trío con Oscar Lopez Ruiz que era el guitarrista de Piazzolla y Sergio Mihanovich, que era un genio. Pero en el sesenta llaman de Pueyrredón un día a casa y preguntan: ¿El sr. Sciammarella está? “No, está en España pero quédese tranquilo que mi padre me dejó a cargo de toda la producción”, les digo con cara de piedra. Lo conozco a Ricardo Pueyrredón, el padre de Banana Pueyrredón y me encarga mi primer jingle. Satisfechos ellos y yo. Hice mi primer jingle que fue para unas medias. Y para el segundo  jingle que hago con ellos se presentaron trece agencias de publicidad para la campaña de Vino Uvita. Yo el ta ta tá no lo había puesto todavía. El dueño de Uvita dijo: “El prototipo que toma el vino son los empleados de la bodega y yo quiero figurar también”. Les hacía escuchar a los empleados los jingles de todas las agencias y los hacía decantar. Y entonces en el final le pongo: Es de Dobboletta, ta ta ta tá. Y después me di cuenta de que el ta ta ta tá encajaba en todos lados. Y se consideró el jingle más popular de la década. Yo iba por la calle y la gente cantaba ese jingle.

https://www.youtube.com/watch?v=qMgOnucxVww

¿Qué otros jingles hiciste, cómo siguió tu carrera?

Me llamó Gunther Krauss, el dueño de otra agencia. Hice un jingle después, otro…Empezamos a meter éxitos. Dánica dorada era para untar…Lo que la gotita pega. Tenga mor, tenga mor, tenga mortimer, dura mu, dura mu , dura mucho más. Él tenía las empresas alemanas. El koh-i-noor es el koh-i-noor, poderoso el chiquitín. Hubo jingles exitosos como “la pausa son 5 minutos y la virgina es el té”.  La Virginia, café, café. Eso demuestra un jingle donde lo único que se dice es la marca, nada más. También uno que era de otro autor que me encargaron hacerlo como jingle es el de Cerveza Quilmes: Sube, sube, sube la espumita. Quilmes Imperial, cerveza fresquita. Trenet saca las manchas. De lo cual lo que más recordaba la gente era Trenet Ch Ch y chau manchas.

https://www.youtube.com/watch?v=o6gSPy3hc5A

¿Y de política qué hiciste?

En el año setenta y tres, la campaña para De la Rúa senador. Hice la campaña de Balbín y Perette. La de Herminio Iglesias. La Nueva Fuerza (los argentinos queremos goles). La interna de Cafiero contra Menem. Hice todas las de Menem. Hice muchas para candidatos del interior. Adelina de Viola. Cavallo.

¿Nunca te dijeron que quedaste pegado al jingle de algún político?

No, porque aparte hago una mezcla, de repente hago el de Menem o el de Herminio o De Viola o La UCEDÉ, De La Rúa, lo único que me falta es hacerle a la Carrió. Es un trabajo más y me gusta hacerlo bien.

Hoy Rodolfo es vicepresidente de la junta consultiva de SADAIC. Está casi retirado de su actividad como compositor de jingles. Dice que la publicidad cambió mucho, primero, porque a los cuarenta ya se es viejo y, segundo, porque hoy jingles en televisión hay poquísimos. “La marca te la olvidás. Todo es más imagen, ruidos, bandas sonoras”, acota.  Es un caballero de otros tiempos, se niega al whatsapp y al facebook y sabe contar anécdotas de esas que no pueden quedar registradas en un grabador. Le gusta improvisar rimas en cada ocasión que se presenta y, orgulloso del trabajo realizado, no para de cantar aquellos jingles pegadizos que supo componer. Incluso días después yo misma sigo tarareándolos, se me han pegado y no los puedo despegar.

Rodolfo no pierde el sentido del humor y dice que tiene un problema de acentuación: “En vez de memoria, tengo me moría”, dice cada vez que se olvida de algún dato. Recuerda con entusiasmo esa época cuando compartía momentos junto a Dizzy Gillespie, Quincy Jones, Ella Fitzgerald en el sótano del músico Sergio Mihanovich. “Todos los músicos de jazz que vinieron a la Argentina pasaron por ese lugar”, enfatiza. También me cuenta que cuando estuvo en Roma iba a la casa de Astor Piazzolla. Que se hizo amigo de Ivan Lins y de Vinicius (era agregado cultural en Montevideo e iba a escuchar a Los 4 bemoles). “Cuando terminábamos de tocar nos quedábamos con Vinicius y nos poníamos a cantar la música que a nosotros nos gustaba y a Vinicius le fascinaba. Nos íbamos del boliche a las seis de la mañana”.  Esa música, la que suena cuando todos se han ido, la que se improvisa luego de que se termina el repertorio pautado es la que busco captar en este encuentro. El hombre de los jingles termina su historia. En Clásica y Moderna se preparan para el espectáculo de la noche. Esa misma noche, Rodolfo irá a escuchar otro show musical, esta vez de música brasilera, y seguirá entonando melodías, vino tinto con hielo mediante, para no perder la costumbre y congelar el sabor de lo vivido.