Mandarinas (Tangerines)

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Se estrena en Argentina una de las películas que compitiera por el Oscar 2015 en la categoría Mejor Film Extranjero, junto con la entonces ganadora Ida (Polonia), y Leviathan (Rusia), Relatos Salvajes (Argentina) y Timbuktu (Mauritania).

Tangerines (Mandariinid) es una coproducción entre Estonia y Georgia del año 2013, dirigida por Zaza Urushadze realizador georgiano. Los hechos suceden en un ambiente bucólico y a su vez nostálgico, sembrado de ausencias, pérdidas y separaciones producidas por la situación bélica, en el contexto de lo que se conoce como Guerras de Abjazia (1992-1993), uno de los tantos conflictos que azotaron las geografías de las ex Repúblicas Socialistas Soviéticas post perestroika tras la disolución de ese esquema político, a comienzos de los 90.

Con todas las características de la guerra civil, atravesados de desplazamientos y migraciones forzadas, con crímenes de guerra inenarrables, estas cuestiones tuvieron siempre presencia de mercenarios (en este caso los chechenos, que son vistos en el fondo como personajes peligrosos), resabio de las acciones estalinistas de recolocación de poblaciones y desarticulación de comunidades, reacomodamiento de minorías, políticas de premios y castigos y simpatías históricas, quedando claro que el azuzamiento de las diferencias es un handicap social.

La película muestra de un modo muy claro las principales intersecciones simultáneas: lengua, religión, grupo étnico, folklore, desde las cuales se relacionan cuatro hombres en un paisaje de montaña, donde todo lo que pareciera abundar, aparte de vacíos, son mandarinas. Esta fruta obra como un símbolo naturaleza-cultura: no perder su cosecha es sostener la normalidad pese a todo, o la normalidad de la costumbre, en un contexto de peligros, emboscadas, enfrentamientos a tiros de bandos que se odian y donde la fuerza parece ser el único lenguaje, que irá aclarando hacia un humanismo un tanto básico de códigos (masculinos cien por cien), donde la guerra parece ser un capricho de hombres duros pero ingenuos, que defienden mandatos ancestrales a pesar de las  migraciones, las crisis y los cambios en sus modos de vida. Aunque la película finalmente tiene un marcado tinte antibelicista.

Recomendamos verla. El efecto que produce esta pequeña película rusa, Mandariinid es el de un cuento nórdico, bello, universal pero de bajo perfil; ver esta película estonio-georgiana, con sus códigos de hombres duros que se amenazan de muerte por cuestiones de honor y raza y luego se salvan la vida es una especie de canto a la humanidad y camaradería, en un mundo plagado de guerras imperiales sin sentido que hacen temblar la tierra.