Cazadores de utopías, reestrenada 20 años después

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Estrenada originalmente el 21 de marzo de 1996, esta película provoca una nueva interpelación al ser vuelta a exhibir en pantalla grande, para recordar un nuevo aniversario, de la dictadura cívico-militar del 76.

La copia no está en condiciones óptimas pero tiene un sabor inconfundible del compromiso personal de su director, David Blaustein, con nuestra historia. Vista en el Cine Gaumont del circuito de los cines INCAA ofrece un deterioro adicional porque hay un corte de pantalla extraño que produce en algunos casos cortes de cabeza en los protagonistas que dan su testimonio, como es el caso de Cacho El Kadri o Abal Medina tío.

Luego de La Historia Oficial (Luis Puenzo, 1985) -película que también se ha reestrenado en este memorial del golpe que se cumple este año- y La Noche de los Lápices (Héctor Olivera, 1986), en los noventa seguirían títulos y esto es solo un recorte, como Nunca Más, prohibido olvidar (Miguel Mato, 1993), Regístrese, Comuníquese y Archívese! (Nora Anchart, 1995) entre otros.

Cazadores de Utopías es una película señera, por el modo de abordar el tema más desde la militancia y la afirmación de un deseo colectivo. Es un documental donde los protagonistas sostienen en primera persona qué les pasó, analizándose en la práctica personal y social y confrontando lo que dicen con el manejo de imágenes de material de archivo que sostienen dramatismo y estructuran el relato.

También señera porque colabora en inaugurar una etapa que busca hacer emerger un nuevo imaginario post-indulto del entonces presidente Carlos Menem (emitido entre octubre de 1989 y diciembre de 1990), que recuperó la Teoría de los dos Demonios para legalizarla, instalando un perdón generalizado que buscaba desarticular las luchas por la memoria e instaurar un futuro reconciliado sin justicia ni verdad, por decreto.

A Cazadores… le siguieron otros documentales o ficciones o docuficciones (la disolución de los géneros es un dato interesante que acompaña estéticamente a la época), que liberaron el tema como problema a ser pensado no solo por su valor testimonial sino también cinematográfico, como pueden ser Montoneros, una historia (Andrés Di Tella, estrenada en 1998), Garage Olimpo (Marcos Bechis, 1999), dentro de una movida mayor que iniciarán las agrupaciones de Derechos Humanos, que no cederán en sus investigaciones,sumando los escraches de HIJOS, por ejemplo, como un modo de destrabar la obturación de la política de Estado argentina en el área, negra noche que no se abrirá al día hasta la poítica de Verdad, Memoria y Justicia de la década kirchnerista.

Existe un interesante archivo online que releva esta situación abordando el recorrido, que se denomina, La Dictadura en el Cine, que recomendamos especialmente y que puede consultarse aquí.

Cazadores de Utopías no ha perdido vigencia porque en cierta manera es una primera asamblea visual testimonial de personas que relatan desde el lugar del deseo su manera particular de pensarse, lúcidamente, y sobre todo, porque es un ensayo afectivo y nada engolado sobre la memoria como lugar dialéctico de construcción permanente del pasado y del presente, del sujeto y la historia, de la rebeldía imprescindible y cotidiana que sostiene la esperanza de una comunidad.

Pero además, cobra una vigencia absoluta en este momento, donde la reflexión sobre los 40 años de la dictadura cívico-militar ha llevado a medio millón de personas este 24 de marzo a caminar por las calles céntricas, en la Ciudad de Buenos Aires, y a tantas otras decenas de miles en todo el país, mientras Barak Obama y Mauricio Macri arrojaban, en soledad total, flores a un río que guarda muchos cuerpos todavía, en lo que puede ser la nueva versión yankee fielmente suscripta por su lacayo, el primer mandatario argentino, que dobla la apuesta por el olvido, la reconciliación de las grietas y la banalidad de lo que puede pensarse, ni más ni menos, como uno de los períodos más importantes de lucha contra el fascimo en Occidente, esto es, la resistencia popular del 55 al 73 y luego, la resistencia al exterminio planificado del Plan Cóndor aplicado en todo Latinoamérica.

Por eso, hay que volver a verla en el cine, ese tragaluz del infinito, junto con otrxs, desconocidxs y anónimxs pero que son cuerpos que habitan este tiempo espacio, porque eso que relampaguea otra vez nos pone en un lugar afectivo para recuperarnos en una historia, para estar alertas y para seguir inventando lo que pasa, en una continuidad donde lo que sea que venga, una vez más, será el resultado del deseo, que no deja de ser, más que nunca, un encuentro.

En el Cine Gaumont INCAA km 0, de Av Rivadavia 1635, CABA, todos los días, a las 18,30 hs.