“Caravanas” en el teatro El Cuervo

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El lugar y el tiempo no son del todo certeros, no queda claro que sucedió ni porqué. Pero ello no impide entender que estamos ante un escenario de desolación. En alguna zona cerca del mar y de esta vasta llanura que en criollo llamamos Pampa. Y ese mar y esa inmensidad aumenta la sensación de vacío, de soledad en el sentido social, pero también introspectivo. Tres personajes del mundo del circo, como sobrevivientes o últimos exponentes de: ¿la especie humana?, ¿de las artes del circo?, ¿de todo junto?.

Los tres actores encarnar roles bien diferenciados; el viejo, que es como la encarnación del pasado, alguien que representa, en algún sentido, la resignación, propia de quien, vencido, sólo espera el final. Chirola, el hombre (¿es un ser humano?), que representa el presente, ese estadio inasible, atrapado entre el presente y el futuro; cuya mayor virtud es la ambigüedad, con características del clown y del payaso, características que parecen más un rasgo de la personalidad (del personaje) que una actuación que pretende lo que no es. La niña, es claramente el futuro. Es la esperanza, encarnada en el cambio, en la experimentación. Una praxis novedosa sobre una vieja tradición, el circo; pero es que así se gestan las revoluciones y son ellas las que traen la ilusión por un mañana distinto.

La obra conforma una trilogía, junto a “Baja Volcán” y “Las garzas”, llamada “Trilogía de la Tierra”, donde se ponen de manifiesto las más profundas pasiones humanas, aquellas que florecen como contradicciones flagrantes, pero que, en definitiva, nos constituyen. Reflexiones eternas y universales, enmarcadas en contextos particulares, que, cuando menos, no dejan indiferente al espectador.

Las actuaciones (Daniela Havilio, Arturo Bustos Berrondo y Alejandro Toro) son contundentes, cada uno de los actores encarna su papel y transmiten credibilidad, pese a que la obra en sí parece un sueño o una pesadilla que tal vez termine. La dramaturgia de Hernán Bustos y de Arturo Bustos Berrondo es concisa, sin caer en lugares comunes, dejando al espectador la posibilidad de interpretar (nos recuerda la máxima Nietzchiana), gracias al juego lírico. La escenografía es del maestro Jorge Ferro, quien logra, junto al trabajo de luces de Leandra Rodríguez, dar con al atmósfera adecuada, generando el contexto (en su sentido profundo) apropiado para sumergirse en el planteo dramático. El vestuario es de Susana Zilbervarg y remite claramente a la estética circense, esa estética que le permite jugar con los colores, pero también con la transmisión de cierto desencanto o más bien de cierto desasosiego, propio de la sociedad casi inexistente, destruida que da el marco a la obra. La dirección es de Hernán Bustos, con la participación de Daniela Grisel Pérez, entre ambos logran de los actores las performances adecuadas al carácter de cada personaje, que por cierto son complejos, sin límites claros y con debates internos permanentes y que permiten una identificación por parte del espectador, al menos con algunas de sus aristas.

Ficha técnica:
Dramaturgia: Hernán Bustos y Arturo Bustos Berrondo.
Dirección: Hernán Bustos.
Elenco: Daniela Havilio, Arturo Bustos Berrondo y Alejandro Toro.
Escenografía: Jorge Ferro
Luces: Leandra Rodríguez
Vestuario y Utilería: Susana Zilbervarg.
Diseño gráfico: Martín Bertolami
Asistencia de Dirección: Daniela Grisel Pérez
Domingos a las 20:30 hs., teatro “El Cuervo” (Santiago del Estero 433)