Mario Vargas Llosa, el neorrealismo en el boom latinoamericano

0
51

Jorge Mario Pedro Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 28 de marzo de 1936) es un escritor, político y periodista peruano. Publicó su primera obra, Los jefes (1959), cuando tenía 23 años. Unos años después con La ciudad y los perros (1963), se ganó un lugar entre los escritores del boom latinoamericano de los años sesenta, junto a autores como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes o Julio Cortázar. En el 2010 recibió el Premio Nobel de Literatura.

Al igual que otros miembros del mismo grupo, su obra incorporó las innovaciones de la narrativa extranjera (William Faulkner, James Joyce), adoptando técnicas como el monólogo interior, la pluralidad de puntos de vista o la fragmentación cronológica.

Asimismo, se deben también al novelista peruano importantes reflexiones sobre el oficio de escribir, como su teoría sobre los “demonios interiores”, que intenta explicar la escritura como un acto en el que el creador expulsa los elementos de la conciencia capaces de incubar perturbaciones que solo el hecho de escribir puede exorcizar.

La ciudad y los perros (1963) es la primera novela peruana completamente moderna en lo que a recursos expresivos se refiere. La Casa Verde (1966), Los cachorros (1967) y Conversación en La Catedral (1969) lo terminaron de instalar como uno de los protagonistas del boom y como el más característicamente neorrealista del grupo.

En sus novelas posteriores, reelabora formas literarias: la farsa, en Pantaleón y las visitadoras (1973); el melodrama, en La tía Julia y el escribidor (1977); la política-ficción anticipatoria, en Historia de Mayta (1984); el relato de crimen y misterio, en ¿Quién mató a Palomino Molero? (1986) y Lituma en los Andes (1993); la narrativa erótica, en Elogio de la madrastra (1988) y Los cuadernos de don Rigoberto (1997); y la política, en La fiesta del chivo (2000).

Aparte de su obra narrativa, Vargas Llosa ha desarrollado una sostenida labor crítica. Entre sus ensayos se destacan los dedicados a García Márquez, Gustave Flaubert, José María Arguedas y Juan Carlos Onetti. En Cartas a un novelista (1997), además, elabora una serie de consejos para escritores jóvenes.

También escribió obras teatrales como La señorita de Tacna (1981), El loco de los balcones (1993), Odiseo y Penélope (2007) y Al pie del Támesis (2008), entre otras.

Consejos a un joven novelista

1. Sólo quien entra en literatura como se entra en religión, dispuesto a dedicar a esa vocación su tiempo, su energía, su esfuerzo, está en condiciones de llegar a ser verdaderamente un escritor y escribir una obra que lo trascienda.
2. No hay novelistas precoces. Todos los grandes, los admirables novelistas, fueron, al principio, escribidores aprendices cuyo talento se fue gestando a base de constancia y convicción.
3. La literatura es lo mejor que se ha inventado para defenderse contra el infortunio.
4. En toda ficción, aun en la de la imaginación más libérrima, es posible rastrear un punto de partida, una semilla íntima, visceralmente ligado a una suma de vivencias de quien la fraguó. Me atrevo a sostener que no hay excepciones a esta regla y que, por lo tanto, la invención químicamente pura no existe en el dominio literario.
5. La ficción es, por definición, una impostura–una realidad que no es y sin embargo finge serlo– y toda novela es una mentira que se hace pasar por verdad, una creación cuyo poder de persuasión depende exclusivamente del empleo eficaz de unas técnicas de ilusionismo y prestidigitación semejantes a las de los magos de los circos o teatros.
6. En esto consiste la autenticidad o sinceridad del novelista: en aceptar sus propios demonios y en servirlos a la medida de sus fuerzas.
7. El novelista que no escribe sobre aquello que en su fuero recóndito lo estimula y exige, y fríamente escoge asuntos o temas de una manera racional, porque piensa que de este modo alcanzará mejor el éxito, es inauténtico y lo más probable es que, por ello, sea también un mal novelista (aunque alcance el éxito: las listas de best sellers están llenas de muy malos novelistas).
8. La mala novela que carece de poder de persuasión, o lo tiene muy débil, no nos convence de la verdad de la mentira que nos cuenta.
9. La historia que cuenta una novela puede ser incoherente, pero el lenguaje que la plasma debe ser coherente para que aquella incoherencia finja exitosamente ser genuina y vivir.
10. La sinceridad o insinceridad no es, en literatura, un asunto ético sino estético.
11. La literatura es puro artificio, pero la gran literatura consigue disimularlo y la mediocre lo delata.
12. Para contar por escrito una historia, todo novelista inventa a un narrador, su representante o plenipotenciario en la ficción, él mismo una ficción, pues, como los otros personajes a los que va a contar, está hecho de palabras y sólo vive por y para esa novela.
13. El de las novelas es un tiempo construido a partir del tiempo psicológico, no del cronológico, un tiempo subjetivo al que la artesanía del novelista da apariencia de objetividad, consiguiendo de este modo que su novela tome distancia y diferencie del mundo real.
14. Lo importante es saber que en toda novela hay un punto de vista espacial, otro temporal y otro de nivel de realidad, y que, aunque muchas veces no sea muy notorio, los tres son esencialmente autónomos, diferentes uno de otro, y que de la manera como ellos se armonizan y combinan resulta aquella coherencia interna que es el poder de persuasión de una novela.
15. Si un novelista, a la hora de contar una historia, no se impone ciertos límites (es decir, si no se resigna a esconder ciertos datos), la historia que cuenta no tendría principio ni fin.