El Principio de Arquímedes

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El rumor genera una duda y, lo sabemos, la duda es un mundo que se despliega. Se hace relato. Porque avanza vertiginosa hacia un abismo que, finalmente, no tiene respuesta. Se planta (o parece hacerlo) en un sitio y luego se fuga. Tal es la maquinaria que  El principio de Arquímedes pone en funcionamiento: Nada allí es lo que parece, nada nos conducirá a una certeza o tal vez la única sea que no es posible ninguna.

Ya desde el título hay un desplazamiento de sentidos. No encontramos literalidad en la referencia (no remite a un personaje ni a un parlamento ni una imagen). Se supone, entonces, una filiación con la verdad científica a partir de ciertos indicios más que obvios: la historia transcurre en un natatorio y escuchamos el sonido del agua corriendo incesantemente en lo que dura la puesta. Por eso, todo lo que vendrá después caerá en el reino de la metáfora o, aún más precisamente, en un juego de interpretaciones que el espectador no podrá rechazar.

Más allá del posicionamiento o cuestionamiento moral (casi obligado por uno de los temas de la obra), lo que prima es el reconocimiento de puntos de vista. La estructura de las escenas y el diseño escenográfico trabajan en ese sentido: Por un lado, el planteo de la sucesión de escenas  conforma un rompecabezas, con avances y retrocesos temporales que a veces suponen repetición y otras agregado de información nueva. Sin embargo, esa novedad,  que hace avanzar el relato, lejos está de develar el misterio, el interrogante que desata el conflicto. Aquí yace un segundo desplazamiento: Esperamos que en el transcurrir  de la obra se disipen las dudas pero sucede que, por el contrario, éstas se reafirman y no hay manera de salir de ese embrollo. Por otra parte, la escenografía, con su disposición simétrica (sólo dos bancos enfrentados y unos lockers en el fondo), acentúa la idea de que el cambio de enfoque (cuando la escena se complete o vuelva a repetirse) nos acercará más a la verdad. Pero no. El principio de Arquímedes se rehúsa a postularla, deja ese trabajo en manos del receptor que podrá accionarla o seguir desandando ese arduo camino de las interpretaciones.

¿De qué se trata la obra? Si uno se queda con la situación inicial (un profesor de natación es acusado por una alumna de haber besado a otro compañerito) podría confundirse y sostener que el abuso de menores es un tema central. Pero ahí aparece otro desplazamiento: Esa hipótesis es, por lo menos, pobre y deja de lado aspectos esenciales, como el funcionamiento de los prejuicios, el enrosque de las suposiciones o la imposibilidad de la verdad.

Para terminar, un detalle para nada menor: El final de cada escena está marcado (además del apagón) por una especie explosión sonora que hace saltar a más de uno. Ruido tanto ruido, ese ensordecedor rumor que abruma y acorrala a nuestro protagonista.

 

Ficha técnica

Texto: Josep María Miró, Directora: Corina Fiorillo, Elenco: Beatriz Spelzini, Martín Slipak , Nelson Rueda, Luis Gritti, Asistente: Eugenio Marinelli, Música Original: Rony Keselman. Funciones: Sábados 21 hs y domingos a las 20 hs, Teatro Xirgu-Espacio UNTREF, Chacabuco 875, San Telmo.