El patio de atrás

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El patio de atrás, de Carlos Gorostiza, transcurre en el espacio ya anunciado del título, el patio de atrás de la casa paterna heredada por los cuatro hermanos (representados por: Rosana López, Ana Pasulevicius, Gustavo Reverdito, Miguel Villar) que no pudieron hacer otra cosa más que quedarse.

Hay un quinto hermano, el único que pudo desprenderse de la responsabilidad de la casa. No aparece pero está siempre presente en el discurso de los otros, ya sea mediante el amor maternal de la hermana mayor o el odio edípico del hermano más grande. La imposibilidad de vender la vivienda porque desprenderse de ella será abandonar los recuerdos de esos padres que están muertos hace mucho tiempo, obliga a estos cuatro a matar sus horas en el patio escuchando el pájaro enjaulado y olvidado que tiene como mascota. Una metáfora en espejo, tal vez un poco evidente, sobre la inexistente libertad de los personajes.

Las casas que habitamos son mucho más que viviendas. Están ahí como un personaje que brinda seguridad como una madre, pero mudo y solemne. Cargan con el peso de nuestra mala suerte, de nuestra poca valentía para dejarla, de nuestros vínculos, nuestro respeto, nuestro pasado, tienen mucho que decir de la identidad de los que las habitan. Más aún si es una herencia. La herencia implica en sí misma un fracaso inevitable porque tiene la carga simbólica de rendir cuentas al muerto de lo que se hace con el objeto heredado, aunque lo que se hereda no es solo material, sino también una responsabilidad social y familiar que parece intentar que el heredero reproduzca y sostenga un sistema de valores que incluso en los más obstinados, como el caso de los hermanos más grandes en la obra, el paso del tiempo solo se encargará de trastocar.

En el patio de atrás, el campanario de la iglesia suena cada quince minutos (vale aclarar que quince minutos en boca de los personajes, no quince minutos “reales”) y produce una detención que evidencia, o denuncia, que el tiempo es una abstracción, heredada, ya que de herencias venimos hablando, que se mide con parámetros arbitrarios, pero precisos. Natacha Delgado en la dirección, de manera muy acertada, valiéndose de la posibilidad, revolucionaria en ese aspecto, que le da el teatro se da el lujo de modificar esos parámetros y mide el tiempo dentro de la escena del modo que mejor se ajusta a la narración planteada.

Ficha técnica

Día, hora y lugar: domingos 20, Andamio 90 (Paraná 660 -CABA)
Entrada general: $150
Descuento a estudiantes y jubilados: $100
Autor: Carlos Gorostiza
Dirección: Natacha Delgado
Actor/es: Rosana López, Ana Pasulevicius, Gustavo Reverdito, Miguel Villar