Ejercicios de encuadre

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El título de una obra literaria siempre se ofrece como una guía de lectura, como una invitación a realizar hipótesis acerca de su contenido. Ejercicios de encuadre nos remite a pruebas, prácticas, a una especie de entrenamiento para llegar a conseguir un objetivo que, en este caso, parece relacionarse con el foco, la mirada. Carlos Araya Díaz nos propone un texto fragmentario que combina dos lenguajes: el literario y el cinematográfico.

Un hombre sale de la cárcel y, paradójicamente, lo contratan para vigilar, mediante un sistema de cámaras, una galería comercial: “Esta galería es como los pasillos que yo caminaba desde mi celda hasta el patio. Pero ahora yo soy el gendarme y mi deber es cuidarla hasta la muerte”. En ese mirar constante, en esa hipertrofia de la observación, el protagonista va hilvanando su historia: su infancia, la relación con sus padres, la vida en la cárcel, sus obsesiones. Y entre esas obsesiones, está Marcia una mujer a la que terminará violando en una relación en la que se entrecruzan un amor enfermizo con los traumas de la infancia.

Los ejercicios de encuadre son las diferentes formas que el narrador elige para contar su historia, mezcla de registros y de discursos provenientes de diferentes géneros. En primer lugar, la escritura cinematográfica se advierte no solo en la mención del “encuadre” del título, sino en la brevedad de las secuencias, en la economía del lenguaje y en una narración donde predomina claramente un campo semántico conectado con lo visual, la mirada o el movimiento. Cientos de personas circulan diariamente por la galería y todos son observados y analizados por el ojo de este protagonista quien, a partir de lo que ve, hace también un ejercicio de introspección, pero que siempre conocemos de a retazos.

En segundo lugar, las secuencias combinan entradas de Wikipedia, fragmentos del diario de Marcia, enormes listas, poemas, efemérides, entre otros discursos. Esta combinación reproduce la complejidad de la mente del personaje, cuyo trabajo lo va encerrando cada vez más en su propia interioridad y en sus propias obsesiones. La escritura de Marcia, además, sirve como contrapunto, como la única voz que se escucha fuera del personaje. Es también la voz de la víctima que siempre desde lo fragmentario va adquiriendo cuerpo y protagonismo.

Con un estilo que por momentos nos recuerda a Julio Cortázar en cuanto a la experimentación con el lenguaje narrativo y con un destacable uso de la metáfora como manera de decir y no decir al mismo tiempo, Ejercicios de encuadre es una novela que perturba, que sugiere y que atrapa desde el mismo título.

Ficha técnica

Ejercicios de encuadre, Carlos Araya Díaz, Santiago, Editorial Cuneta, 2014, 144 págs.

Carlos Araya Díaz nació en Calama, en 1984. Escribió y dirigió El Hijo Pródigo, su largometraje de egreso estrenado en el FICValdivia (2013). Es codirector de Propaganda, el primer documental colectivo de Mafi.tv (Mapa fílmico de un país). Recibió una beca de creación literaria en la convocatoria 2014 del Fondo del libro y la lectura, y ganó el premio municipal Juegos literarios Gabriela Mistral con la novela Ejercicios de Encuadre.