Negro animal tristeza

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“Cuando estás ahí, la catástrofe, cuando la frontera con la muerte se encuentra finalmente a una distancia mesurable, ya no hay horror. Sólo la calma. Y la contemplación de la belleza en plena frontera con la muerte.” A. H.

 

Preguntas. Hay obras que te llenan de preguntas. Esas son las obras que valen la pena. Negro animal tristeza lo vale. A priori, nos  preguntamos por  la dificultad, por cómo harán para sacar adelante el texto de  la dramaturga alemana Anja Hilling, cuyo registro oscila entre la densidad narrativa y un entramado poético perturbador, sin caer en la obviedad. Hay algo de imposibilidad que se traduce en desafío y ese desafío en virtud. Porque pronto (ni bien se inicia la puesta) comprendemos que lo que allí sucede es puramente teatral, pura búsqueda de respuestas. La primera nos llega, entonces, de inmediato: nada tendrá la marca del realismo, cuerpo y palabra se disociarán para hacer estallar el sentido, otros sentidos, para que la fuerza del fuego arrasador nos arrebate los lugares comunes, esos lugares seguros y tranquilos.

Otras interrogantes vendrán. Hacia el final nos enfrentaremos a  la posibilidad de cosificar en dolor a través del arte (¿Cómo es posible? ¿Con qué resultados y alcances?) y ,saliendo de los límites estrictos de la obra, pensaremos en su contexto de producción: entre tanta apegada a la literalidad, a lo fácil y poco jugado, Negro animal tristeza apedrea un poco el charco y nos revuelve en un lodazal lleno de cuestionamientos( existenciales, filosóficos, éticos, artísticos, teatrales) que no nos dejan salir ilesos porque, además, las imágenes recreadas ( potentes, oscuras y luminosas a la vez) se niegan a soltarnos.

En el medio está, claro, la historia que se cuenta y su particular modo de hacerlo.  Un grupo de amigos (¿amigos?) decide pasar un día en el bosque con la suficiencia que suele tener la gente de la ciudad. Entre conversaciones banales, hirientes o provocadoras, entre vínculos fragmentados o difusos, incitan a la violencia de la naturaleza, que desata toda su furia en forma de fuego. Todo se precipita rápidamente, todo se vuelve llamas, asfixia, desesperación. Así, tan de repente sucede todo como tan de repente entramos en esta ficción. Estamos en lo profundo del bosque pero el bosque no está. Sólo unas estructuras de formas geométricas se moverán y transformarán  el espacio, se harán cavidades o soportes. Pero estamos ahí, en el bosque, interpelados por la temperatura y el color de las luces y por esos cuerpos que arden y que, con el simple cambio de una prenda o el desprendimiento de otra, transmiten un mundo de dolor y angustia. Porque debajo de las prendas están los actores con sus movimientos precisos y sus expresiones (primero mecánicas y después más elocuentes) y detrás de todo está la directora que supo lograr que la belleza despiadada de la muerte que transmite el texto de Hilling se haga carne, inmediatez y sangre.

Hay muchas formas de hacer teatro. Lo sabemos. Pero las propuestas que asumen el riesgo del vértigo, la emoción del precipicio son las que más nos gustan porque sorprenden desde sus búsquedas de lenguaje, su originalidad y sus rasgos de autenticidad. Esas son las obras que valen la pena. Negro animal tristeza (no está de más repetirlo) lo vale.

 

 

Ficha técnica:

Actores: Carlos Donigian (Oskar), Esteban Lamarque (Martin), Pablo Martínez (Flynn), Yanina Martino (Miranda), Jorgelina Pérez (Jennifer), Javier Torres Dowdall (Paul) Diseño de Escenografía: Magali Acha Realización de Escenografía: Jean Pierre Guevara Diseño de Luces: José Binetti Diseño de Vestuario: María Emilia Serrano Música: Juan Pablo Martini Fotografía: Maxi Bort Diseño Gráfico: Bárbara Delfino Prensa: Correydile Trailer: Soledad Guerrero Producción Ejecutiva: Yanina Martino Asistente de Dirección: Romina Tischelman Dramaturgia: Anja Hilling Dirección: Carla Llopis Funciones: Viernes 20.30 hs. Elkafka Espacio Teatral, Lambaré 866, CABA.