La utilidad de un revistero

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Jacques Rivette decía en un famoso artículo del Cahiers du Cinema que “hacer una película es mostrar ciertas cosas y al mismo tiempo, y en la misma operación mostrarlas de determinada manera siendo estos dos actos rigurosamente indisociables.” Mostrar, y mostrar de determinada manera es lo que hace el cine. Por lo cual, en cierta forma, La utilidad de un revistero resulta una película tramposa. Podría ser perfectamente una pelicula de actores, o también una pelicula bien teatral. Sin embargo esta idea manifiesta de mostrar, y hacerlo “amaneradamente” (hay un amaneramiento en esta forma de sostener una cámara fija durante casi dos horas) desde un encuadre riguroso de conjunto, medio y general, la hacen una pelicula densamente cinematográfica construida a partir de una tensión: la de un plano secuencia con cámara fija en tiempo real.

Es que la pericia de la fotografía de Lucio Bonelli que recorta el espacio central de una habitación de tal manera que el borde inferior del cuadro sea casi una mesa donde apoyan los objetos, dos puertas hacia el fondo, una escalera en el off a la derecha del cuadro, un baño a la izquierda fuera del campo sugiere que si lo de dentro del campo es importante, lo de fuera, va adquiriendo con los minutos una densidad y una presencia insustituibles: la maqueta de una futura obra de teatro (hacia el final sabremos por qué una versión de “Caperucita roja”), una pantalla de pc que no vemos, dibujos sobre un papel que tampoco son develados, un espejo que refleja lo que está fuera del campo, como lo hacía la pintura del renacimiento “Matrimonio Arnolfini” de Jan Van Eyck, si de intertextualidades se trata. Teatro, cine y música hablando de sí mismas. Eso es puro metalenguaje. La lente de la cámara, tapada y mencionada en un solo momento y la pregunta: es el revistero la cámara?

Así, son dos los elementos vitales del relato cinematográfico que terminan siendo los protagonistas. Esos dos elementos son el espacio y el tiempo expresados en una sola toma de algo menos de dos horas de duración y nada menos que dos horas. Dejando para lo último el diálogo, generalmente insustancial, en el que una mujer entrevista a otra para asistirla en una puesta teatral, pero ese dialogo está inutilizado por momentos por el procedimiento fílmico. Dialogos que plantean situaciones siempre rescatadas por la solvencia de María Ucedo.

Todo esto, seguramente harán pasar a la historia a La utilidad de un revistero del debutante Adriano Salgado como una pelicula argentina única, distintiva y especial.

Se estrena este jueves 17 de marzo en el Gaumont.

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