Tras Nazarín

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Con el paso del tiempo se hace justicia y empieza a confirmarse que la larga estadía de Luis Buñuel en el cine mexicano, con 18 películas concebidas en ese “otro mundo”, representan uno de los puntos más altos de su carrera. No todas resultarían recordables, algunas de ellas están consideradas como menores o pautadas como “encargos” desde la producción (El gran calavera, Una mujer sin amor, Gran Casino) pero más que un puñado de títulos (El ángel exterminador, Simón del desierto, Ensayo de un crimen, Él, Los olvidados, Abismos de pasión, Susana, entre otros) se ubican entre lo más revulsivo y transgresor de su extensa trayectoria.

Nazarín (1959) pertenece a ese segmento de películas en donde Buñuel miró por el ojo de la cerradura a la sociedad mexicana e insertó elementos del surrealismo en melodramas, comedias y temas revestidos por la religión y la fe, construyendo un discurso ajeno a aquel sistema de producción ocupado por mariachis, alazanes, chinas y tríos de cantantes que acompañaban las voces de Jorge Negrete y Pedro Infante. En ese mundo, con semejanzas y diferencias a la España primitiva y arcaica de aquella Calanda natal, Buñuel edificó una parte esencial de una obra que había empezado en el París surrealista y culminaría con la canonización definitiva de la crítica en su último período francés, con películas interesantes, como casi siempre, pero ya acomodadas a cierto gustito a la petite bourgeoisie.

El documental Tras Nazarín rinde culto al rodaje y las concordancias entre la España de inicios del siglo XX y el México de los años 50, recurriendo a docenas de fotografías para fusionar ambos paisajes. El director Javier Espada recurrió a testimonios valiosos sobre el tema (Arturo Ripstein, Jean-Claude Carriére, Asunción Balaguer), junto a la voz de Buñuel narrando algunas peripecias de la filmación. Sin embargo, lo concreto de determinadas palabras le deja paso a una excesivo número de convocados, momentos en que el documental pierde su centro para ubicarse en la apostilla y la anécdota, bienvenida o no, pero que solo fluye como material de relleno.

Los mejores momentos de Tras Nazarín son aquellos en los que la imagen y el sonido le ganan la partida al recuerdo nostálgico, a través de los atronadores tambores de Calanda, tal como ocurre en el desenlace de la película, donde la fuerte percusión parece insistir para que Buñuel despierte, salga de su tumba, filme un par de escenas hinchapelotas y jodidas y así volver a descansar en paz.

TRAS NAZARÍN (MÉXICO/ESPAÑA), 2015. DOCUMENTAL DE JAVIER ESPADA.
LA SOMBRA DE BUÑUEL

Estrenada en Pantalla Pinamar 2016, el jueves 10 de marzo.