Celda 211, premios Goya en @pantallapinamar

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Dirigida por Daniel Monzón, la decimosegunda edición de Pantalla Pinamar ofrece esta película que se alzó con 8 premios Goya en 2010, incluido Mejor Película, Mejor Actor (Luis Tosar) y Mejor Actor Revelación (Alberto Ammann).

Está basada en el libro de un periodista, Francisco Pérez Gandul, que obtuvo con ella el premio mayor de la Semana Negra de Gijón, en 2005, considerada la mejor novela negra escrita en España.

Podría pensarse que se trata de una película de fugas carcelarias, sin más, de esas que el cine de industria produce al por mayor. Pero con Celda 211 esa presunción se deshace a los cinco minutos de la película. Estamos ante un la historia que se vuelve violenta sin ser estridente, que no tiene un final feliz, de pases de bando (el carcelero convertido en preso) y que evidencia códigos de solidaridad que van más allá de lo políticamente correcto. Condenados de la violencia política en España conviviendo con la criminalidad en condiciones típicas del sistema, y permiten una referencia a la vieja tradición filosófica amo/esclavo en el disciplinamiento capitalista.

La historia es sencilla: una fuga que viene planeada sorprende, por segundos y accidentalmente a Juan Oliver (Alberto Ammann), en su ingreso como guardiacárceles. Se hace pasar por un preso reciente, guardado en la celda 211. Desde el primer plano con el que abre la película sabemos que esa celda es un punto culminante del círculo del infierno, pozo ciego de dónde será difícil salir eludiendo un destino terrible. El personaje irá tomando un papel de líder a medida que avance la trama, y lo interesante es justamente la transformación de Oliver, toda su nueva performatividad, su capacidad para comprender la situación, ponerse en el lugar de los presos y aprender empáticamente cómo son las cosas.

En ese espacio terrible, en el sector de máxima peligrosidad, conviven etarras vascos (uno con 1200 años de pena), narcos colombianos y asesinos españoles sepultados vivos (literalmente, es una cárcel de acceso laberíntico y sin sol con un panóptico superior), conoce a Malamadre, interpretado por quien es una de las garantías del cine español, Luis Tosar. Rapidamente establecen un vínculo de simpatías y cometencias, en medio de una marginalidad que se organiza en castas, y donde lo único realmente importante son los etarras españoles, tomados como rehenes por los sublevados para pedir a cambio mejoras en la calidad de vida.

De allí, la historia no podrá si no ir de peor en peor, sumando pérdidas y degradaciones. Finalmente, la devastación de la represión policial, y el comenzar de nuevo tendrán toques más o menos humanistas aunque todo volverá a estar como antes.

Una película interesante, que tiene ribetes de oscuridad, con un guión perfectamente creible (cuestiones de la percepción social y de su modelizador inevitable, lo mediático: que esté basada en la realidad no hace verosímil a una película), creible por su historia pero también por su muy buena narración cinematográfica, que pudimos ver en esta edición de Pantalla Pinamar.