El verano sin hombres, Siri Hustvedt

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No es casual que Siri Hustvedt se haya consolidado como una de las mejores escritoras en los últimos tiempos. Las protagonistas de sus libros son mujeres que mucho pueden asemejarse a nuestras madres, amigas o conocidas. Son fuertes, capaces de atravesar conflictos y de amoldarse a la situación que les toca. Son mujeres independientes, luchadoras, apasionadas y con vocación, además de ser madres, claro. Una suerte de heroínas chejovianas e ibsenianas: pisan fuerte, transcienden los límites de la obra, enfrentan las circunstancias de la vida, se debilitan, se fortalecen y se burlan de la tutela masculina.

Es posible que el personaje más entrañable de Siri sea Mia Fredrickson de El verano sin hombres: su historia de vida es banal, pero su entereza es sobrenatural. Un día sin previo aviso, Mia se ve forzada a reexaminar su vida. Una vida que incluían treinta años de matrimonio, una hermosa hija y una carrera literaria. La historia de Mia no es original: la pausa que propone su marido Boris, un reconocido neurocientífico, tiene nombre y apellido, es francesa, veinte años menor, compañera de trabajo y de muy buen aspecto físico. Y es así como Mia se ve obligada a enfrentarse a una nueva, aunque poco novedosa, historia que empieza con un colapso integral. La vida de Mia se desmorona y con ello su mente, alma y cuerpo. Como es normal en Occidente, es trasladada a un hospital psiquiátrico donde tendrá que aprender a rearmarse. No es sorpresivo el hecho de que luego del hospital, el lugar donde decida instalarse sea el de su infancia, donde todavía reside su madre en un hogar de ancianos. Frente a los ojos de las ancianas, Mia (55) vuelve a ser una niña protegida por el inquebrantable amor maternal.

Inesperadamente, nuestra sobreviviente se sumerge en un universo femenino hasta antes desconocido: las amigas de su madre, el grupo de jóvenes a quienes les da clases de poesía y su vecina, madre de dos. Mia logrará identificarse con cada una de estas mujeres, cuya relación con sus parejas también se presenta como una incógnita, permitiendo que a través de los ojos de cada una conmemore y reviva su pasado, sin descuidar su futuro.

Todos los personajes satélites que rodean a la protagonista atraviesan, durante la novela, un estado de transformación. La autora las construye con el fin de proveer al lector un espejo que devele las modificaciones internas de Mia. La única constante de estas mujeres es el cambio, se encuentran en un estado incierto, listas para abrazar la crisis que acompaña la metamorfosis: las jóvenes y la siempre conflictiva adolescencia; Mia y su inminente ruptura matrimonial; su madre y a la apremiante llegada de la vejez. Y aquí reside la clave del libro: la construcción de la identidad y la mirada interna. Dos procesos que requieren de una total y constante actualización y asimismo aceptación. Mia es lo que le pasa, incluso cuando el devenir incluya una separación o una internación hospitalaria. “Es imposible adivinar el final de una historia mientras la estás viviendo; carece de contornos y se constituye como una serie de palabras y datos incipientes y, para ser sinceros, nunca recuperamos toda la información de aquello que fue.”

La autora de Todo cuanto amé, Elegía para un americano y El mundo deslumbrante, entre otros, hace que todo parezca fácil: vivir no es tan difícil. Aun cuando los acontecimientos que describe pueden ser los más desgarradores que una persona pueda vivir, la lectura se vuelve placentera, entretenida, ligera y atrapante. Un exquisito guiño al feminismo y al empoderamiento de la mujer antigua y posmoderna; joven y adulta; casada y soltera. Una celebración al buen humor y a la vida cuyo transito siempre nos conduce hacia un final inesperado.

Ficha técnica

Un verano sin hombres, Siri Hustved, Anagrama, 224 págs.