La Siberia de los sueños, Luciano Bertone

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Luciano Bertone es un excelente narrador. Sus cuentos son más bien clásicos en cuanto a la escritura, pero al mismo tiempo muy originales: como lectores sentimos que estamos frente a una literatura nueva que, paradójicamente, se nutre de la tradición y se enlaza de manera abierta con ella.

La Siberia de los sueños son relatos fantásticos, algunos con un toque de ciencia ficción, que se construyen alrededor de temas universales como el tiempo, la muerte, la soledad, y cuyos personajes se configuran a partir de la mirada del otro. Los viajes, la presencia de los sueños, los infiernos personales, además, son motivos que permiten establecer lazos entre los cuentos, descubrir conexiones que, en una segunda lectura, se hacen más evidentes. En este sentido, aunque las historias son individuales parecen formar parte de un fluir eterno, porque una característica de Bertone son sus finales inconclusos –ni siquiera abiertos–: “Me propongo escribir una historia cuya trama no se vea interrumpida por un final”, dice el epígrafe de Robertson James. Así es, efectivamente. Los cuentos concluyen, pero no hay finales posibles, como si asistiéramos a recortes de momentos determinados que sabemos que continuarán en otros, y así en lo sucesivo. Todo es pasado, presente y futuro simultáneamente: de ahí la importancia del recuerdo, de la memoria, de lo que está ocurriendo y de lo que vendrá. Todos los personajes fluctúan entre estos tres tiempos: evocan el pasado, viven el presente e intuyen lo que está por venir.

El destino trágico de los “Seis hermanos”, el profesor que redescubre la relación con su madre en “La trama interrumpida”, la discusión acerca del tiempo en “El aguacero”, la relación del hombre con su perro en “Mishkin” traducen claramente esta particular temporalidad. En otros cuentos, también, se agrega una atmósfera marcadamente fantástica: “La niñez de las niñas”, “Morena”, “Los hijos de Anto”, “Nimes” y “La Siberia de los sueños” (el cuento que da el nombre al libro) son relatos casi míticos que, además, remiten a ciertos miedos ancestrales. En muchos de estos, a su vez, el sueño nos sitúa en más de un plano, duplica la ficción y vuelve recurrentemente sobre la temporalidad.

Una mención aparte merece “El infierno de Lázaro”, cuento borgiano que podríamos remitir a “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”. En este caso, se nos cuenta la historia del resucitado Lázaro pero no como milagro, sino como condena. Como en Borges, se toma un texto anterior y se escribe otra parte de la historia; incluso se utiliza uno de los recursos preferidos de este autor: la hipálage, que consiste en atribuir un complemento a una palabra distinta a la que debía corresponder lógicamente y que se encuentra también próxima en el texto. Las “aves aciagas” o los “brazos urgentes” son lujos que se da un Bertone dueño de un estilo en el que ninguna palabra es mero adorno.

Como afirma Edgardo Cozarinsky en la contratapa del libro, “Luciano ha reunido en este libro una red de fábulas donde apresa la posibilidad de otro mundo”. Como siempre, somos los lectores los llamados a recrear esos mundos posibles.

Ficha técnica

La Siberia de los sueños, Luciano Bertone, Ediciones Luxemburg, 2015, 136 págs.