Etiopía, entrevista a Mariana Mazover

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El domingo 6 de marzo a las 18.30, y por cuatro únicas funciones, vuelve a La Carpintería Teatro Etiopía, con texto y dirección de Mariana Mazover. La obra indaga en el valor de la palabra en la memoria y es la historia de dos muñecas que quedaron a la deriva en la casa de Herminia, la pequeña hija de dos militantes que han desaparecido.

En charla con Leedor, Mariana nos cuenta sobre esta obra y sobre el lugar que ocupa dentro de su producción teatral.

¿En qué momento te surge escribir sobre la dictadura?

Antes de escribir Etiopía, estaba intentando escribir una obra que no me salía para nada sobre mujeres montoneras. Creo que la cuestión que más me convocaba estaba más vinculada con la militancia revolucionaria, en la medida en que es lo que a mí más me interpela; es algo que siempre me ronda, sobre lo que investigo. Leo casi todo lo que se publica, ensayos, ficción. Cuando ya estaba bastante vencida, porque esa obra no me salía, un día se me impuso la imagen de las dos muñecas, y con ellas, ahí sí fue volviéndose más nítido para mí desde dónde aproximarse a esta cosa inabordable, enorme, que es la dictadura.

La infancia como disparador es una de tus constantes, ¿qué encontrás ahí para incluirla en tu teatro?

Sí, hay algo de continuidad con el imaginario de Esquinas en el cielo, mi obra anterior, que también abordaba la infancia. Creo que Etiopía, en este sentido, fue de algún modo un camino para agotar ese mundo de la infancia. Lo que me interesa, creo, es cómo el mundo adulto opera sobre la infancia. Tanto en Esquinas como en Etiopía esos mundos de infancia están arrasados por el mundo adulto. Me interesa esa devastación como campo de tematización. Por otro lado, trabajar sobre el mundo visto desde el ángulo de un niño me resulta atractivo porque me obliga a trabajar con otro campo de lenguaje, con otras lógicas de pensamiento; me lleva a anclar en esa memoria primigenia personal, que es el territorio de mi propia infancia: cómo veía yo entonces el mundo, cómo usaba el lenguaje, y cómo eso se ha ido distorsionado en mí con el paso del tiempo.

¿Cuánto de lo fantástico como género hay en tus obras?

Depende de qué obra. En Esquinas, hubo una decisión muy consciente mía de trabajar sobre el género fantástico en diálogo con la obra literaria de Silvina Ocampo; de explorar cómo el género podía constituirse desde lo textual y también desde lo escénico. En Etiopía, ya no hubo en mí una decisión de género, sino más bien, o más radicalmente, la decisión de crear una realidad ficcional autónoma. Pienso más bien, en todo caso, con una lógica más expresionista, en el sentido de materialización escénica de una realidad interna: las cabezas de dos muñecas, por supuesto, en la creencia ciega de que adentro de la cabeza de las muñecas de nuestras infancias pasan estas cosas; están llenas del mundo en el que viven, pero no lo comprenden del todo.

La espera es uno de los temas de tus obras, ¿sobre qué otros ejes de construye Etiopía?

El tiempo detenido. Creo que desde Esquinas hasta ahora, sumando una obra nueva que estoy dirigiendo ahora sobre el fusilamiento y la desaparición del cuerpo de Lorca, la cuestión es el tiempo detenido, y ahí aparece la espera como motor dramático. Ahora pienso que, en definitiva, lo que me ronda es que hay un tiempo que queda clavado, detenido, cuando esos crímenes quedan impunes, cuando esos cuerpos permanecen desaparecidos. Las muñecas están ahí: en ese tiempo circular, clavado en el día en que de esa casa se fueron todos. En Etiopía, el lenguaje como territorio de la política, el lenguaje como sentido-sinsentido, creo que es un eje vertebrador que recorre toda la obra. Y la muerte, como siempre.

Hay mucho de Esperando a Godot en esta obra, ¿fue algo consciente o lo descubriste al terminar la escritura?

Muy consciente. Estaba contenida en la primera imagen: dos están esperando a un tercero que no llega. Listo, hay que hacerse cargo. Godot es una de mis obras más preferidas, la leo todo el tiempo desde hace muchos años. También me pareció natural que esa obsesión que yo tengo finalmente operara en mi escritura, imponiéndose. Mientras escribía Etiopía, la leía abriendo en cualquier página al azar, cada vez que me sentaba a garabatear una escena nueva. Hay escenas que están escritas a partir de réplicas de Godot. Más allá de la matriz dramática de la espera, o de la estructura de repetición y variación, a mí lo que más me interesa de Beckett es lo que él hace –magistralmente, inimitable– con el lenguaje, con el desmontaje de la estructura ideológica del lenguaje.

A cuarenta años del golpe militar, ¿creés que tu obra puede ser una manera de acercarse a esa época para aquellas generaciones que no la vivieron?

Sí, seguramente. O al revés: para acercarme yo a esa época, del modo en que yo, que no la viví, me siento contenida en esa historia. A mí me interesa eso: cómo esto está en mí. Lo demás vendrá por añadidura. Ahora que vuelven las políticas simbólicas del olvido, parece que hay que volver a explicarlo todo de nuevo, así que parece que en este nuevo año, en esta temporada 2016, es una obra para discutirle algo a esta gente que se las ingenió para ocupar el Sillón del Perro Balcarce… No sé…

Mazover

ETIOPÍA de Mariana Mazover
FUNCIONES
Domingos 18.30 h
Teatro La Carpintería | Jean Jaures 858 Abasto
Localidades $150/ $100 estudiantes y jubilados

Foto de la obra: Nicolás Luján