Schweblin y Almada: dos chicas superpoderosas anche argentas

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Las vacaciones de verano me dan siempre revancha del tiempo que no tengo durante el año “normal”, y entonces, tal vez de un modo diferente de otros mortales lectores, invierto esos momentos de ocio en leer huesos más difíciles. Menos leves. Desde todo punto de vista. Escritura y temática.

Así que, desafiando el karma del librero, me compré en la costa sendos ejemplares de libros de cuentos de la Schweblin (ya tiene unos años, se había agotado, no lo encontraba, lo vi y listo el pollo) y lo último hasta donde sé de la entrerriana Almada.

Qué experiencias. Tan diferentes, ambas. Muy eficientes en la factura de lo que cuentan. A las dos las conocía ya. El año pasado me zampé “Ladrilleros” de Almada como una indigestión, me dejó sin aliento. Después le entré a “El viento que arrasa”, que en realidad es otra novela de ella, pero anterior. Dura, árida, áspera, prefiero la primera. De la Schweblin había leído este año su novela “Distancia de rescate”, excelente en su escritura pero ardua, sin concesiones, especialmente para las que somos madres. Ese título pasa a ser de inmediato una definición sobre cómo manejarnos con el espacio que dejamos libre hasta nuestros hijos…

Para no variar, me fui al pasto. Estábamos con los cuentos de las dos muchachas, al punto, por favor. No esperen que elija con cuál quedarme, claramente voto a bríos por una y otra, a la par o por separado, más o menos urbano, más o menos cruel, más o menos verosímil. No pasarán, ninguno de ellos, sin dejar huella. Almada tiene un par que dan, casi, para “nouvelles”. Pero los rótulos, o las clasificaciones, en este caso, son lo que menos importan. Ojalá se les animen.

Y si no se fueron todavía de vacaciones, ya saben.

Silvina Rodríguez coordina el proyecto Tierra de Libros en El Living de Olivos