Parejas famosas dentro de la literatura

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La literatura está repleta de parejas famosas que tuvieron mayor o menor fortuna en la concreción de su amor. Conozcamos algunas historias o escuchemos a sus propios protagonistas.


Paris y Helena: Ilíada, Homero

Paris, hijo del rey Príamo de Troya, viajó a Esparta y allí, como huésped de Menelao, fue tratado con honores; Cuando el rey debió partir a Creta para asistir a unos funerales reales, le encargó a su esposa Helena que atendiera al huésped y le dejara permanecer todo el tiempo que quisiera en la ciudad. No tardó París en enamorarla: Helena se dejó seducir por la belleza del príncipe y su riqueza. En consecuencia, rápidamente la reina reunió todos los tesoros que pudo y a las mejores esclavas que tenía y, abandonando a su pequeña hija, huyó con su amante durante la noche.

Odiseo y Penélope: Odisea, Homero

Durante los veinte años de ausencia de Ulises, a causa de la Guerra de Troya y del largo camino de regreso a casa, Penélope demostró ser una esposa fiel e imaginativa que consiguió engañar durante esos años a todos sus pretendientes. Finalmente, volvió Ulises a Ítaca para vengarse y matarlos a todos, y vivieron felices desde ese momento.

Los amantes de Verona: Romeo y Julieta, William Shakespeare

Dos jóvenes víctimas del odio de sus familias: los Montescos y los Capuletos, y una historia cuyo descenlace trágico adelanta el Coro al comienzo de la obra:

Dos familias de idéntico linaje;
una ciudad, Verona, lugar de nuestra escena,
y un odio antiguo que engendra un nuevo odio.
La sangre de la ciudad mancha de sangre al ciudadano.
Y aquí, desde la oscura entraña de los dos enemigos,
nacieron dos amantes bajo estrella rival.
Su lamentable fin, su desventura,
encierra con su muerte el rencor de los padres.
El caminar terrible de un amor marcado por la muerte,
y esta ira incesante entre familias
que sólo el fin de los dos hijos conseguirá extinguir,
centrarán nuestra escena en las próximas dos horas.
Escuchad esta historia con benevolencia,
¡que cuanto falte aquí ha de enmendarlo nuestro empeño!

Hamlet y Ofelia: Hamlet, Shakespeare

Ofelia, quien en el pasado había tenido una relación con Hamlet, es obligada por su padre y por su hermano a terminar con esa relación. Ofelia le devuelve a Hamlet algunos recuerdos que él le había dado, y este reacciona con furia, enloquecido, diciéndole que se vaya a un convento. Finalmente, Ofelia muere ahogada.

Aquí un fragmento que muestra la reacción de Ofelia frente al aparente cambio de Hamlet:

Ofelia: ¡Oh! ¡Qué trastorno ha padecido esa alma generosa! La penetración del cortesano, la lengua del sabio, la espada del guerrero, la esperanza y delicias del estado, el espejo de la cultura, el modelo de la gentileza, que estudian los más advertidos: todo, todo se ha aniquilado. Y yo, la más desconsolada e infeliz de las mujeres, que gusté algún día la miel de sus promesas suaves, veo ahora aquel noble y sublime entendimiento desacordado, como la campana sonora que se hiende. Aquella incomparable presencia, aquel semblante de florida juventud alterado con el frenesí. ¡Oh! ¡Cuánta, cuánta es mi desdicha, de haber visto lo que vi, para ver ahora lo que veo!

Don Quijote y Dulcinea: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes Saavedra

Dulcinea es la amada que, en su locura, Don Quijote crea a semejanza de las damas de las novelas de caballerías. En realidad, ella era una labradora, Aldonza Lorenzo, antítesis de una dama noble. El hidalgo le escribe una carta de amor imitando las de los caballeros andantes:

Soberana y alta señora:
El herido de punta de ausencia, y el llagado de las telas del corazón, dulcísima Dulcinea del Toboso, te envía la salud que él no tiene. Si tu fermosura me desprecia, si tu valor no es en mi pro, si tus desdenes son en mi afincamiento, maguer que yo sea asaz de sufrido, mal podré sostenerme en esta cuita, que además de ser fuerte es muy duradera. Mi buen escudero Sancho te dará entera relación, ¡oh bella ingrata, amada enemiga mía!, del modo que por tu causa quedo. Si gustares de socorrerme, tuyo soy; y si no, haz lo que te viniere en gusto, que con acabar mi vida habré satisfecho a tu crueldad y a mi deseo.
Tuyo hasta la muerte,
El caballero de la triste figura

Otelo y Desdémona: Otelo, Shakespeare

Otelo ama a Desdémona, pero los celos, aumentados por la intervención de Yago, lo llevan a creer en su infidelidad y termina matándola. La víctima de todos estos manejos confía en Yago y busca su ayuda inocentemente:

Desdémona: Amigo Yago, ¿qué haré para ablandar de nuevo a Otelo? Háblale tú; pues por el sol radiante, no sé en qué le ofendí. Yo aquí me postro: si alguna vez faltó a su amor mi pecho en pensamiento, en obra o de palabra; si hallaron mis sentidos o estos ojos deleite en otro cuerpo que en el suyo; si no lo quiero cual lo quise siempre, cual siempre lo querré por más que ingrato me arroje cual mendiga de su seno, huye de mí, consuelo. Mucho puede el desamor, la falta de cariño; dureza en él podrá acabar mi vida, mas no menguar mi amor. Decir no puedo “adúltera”: me inspira horror profundo después de pronunciada la palabra; y a merecer tal nombre, cometiendo el acto vil, no me indujera el oro, la pompa y vanidad que el mundo encierra.

Cyrano y Roxana: Cyrano de Bergerac, Edmond Rostand

Roxana ama a Christian de Neuvillette, quien carece de ingenio. Por esta razón, el joven le pide a Cyrano que le escriba cartas para su enamorada. Cyrano, enamorado él de Roxana, no solo las escribe, sino que le sugiere a Christian las palabras que tiene que decirle a su amada; incluso llega a declararle su amor amparado por la oscuridad, aunque luego cede su lugar cuando la joven, fascinada, se asoma al balcón para besarlo. Hacia el final, se descubre la verdad y Cyrano muere:

Cyrano: [Le entrega la carta] Así es, mi vida, he sido el inventor de todo y el que todo el mundo olvida. [Ella lo abraza] ¿Recordáis la noche en que Christian os hablaba bajo el balcón?… Pues bien, mi voluntad ha sido una esclava. Mientras yo estaba abajo, escondido entre la escoria, otros subían a recoger el beso de la gloria… [Comienzan a doblar campanas, a lo lejos se ve unas monjas]

Don Juan y Doña Inés: Don Juan Tenorio, José Zorrilla

Don Juan disfruta enamorar mujeres como si fuera un deporte. Sin embargo, conoce el amor cuando se enamora de Doña Inés, una novicia que después de muerta intercede por él para que no vaya al Infierno.

En el convento, Doña Inés recibe la visita de Don Juan que la seduce con sus dulces palabras:

¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?
Esta aura que vaga, llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena:
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando el día,
¿no es cierto, paloma mía,
que estás respirando amor?

Catherine y Heathcliff: Cumbres borrascosas, Emily Brontë

Catherine y el atormentado Heathcliff, sin dudas, son los protagonistas de una de las historias de amor más recordadas de toda la literatura. Los fragmentos en los que Catherine se refiere a su amado son un ejemplo del predominio de los sentimientos frente a la razón, propio del Romanticismo:

Solo iba a decir que el cielo no parecía ser mi casa, y me partía el corazón a fuerza de llorar por volver a la tierra, y los ángeles estaban tan enfadados que me tiraron en medio del brezal, en lo más alto de Cumbres Borrascosas, en donde me desperté llorando de alegría. Esto servirá para explicar mi secreto tan bien como lo otro. Tengo el mismo interés de casarme con Edgar Linton como de ir al cielo, y si mi hermano no hubiera humillado a Heathcliff de esa manera, no hubiera pensado en ello. Sería una humillación para mí casarme con Heathcliff; sin embargo él nunca sabrá cuanto le amo, y no es porque sea guapo, Nelly, sino porque hay más de mí en él que en mi misma. De lo que sea que nuestras almas estén hechas, la suya y la mía son lo mismo, y la de Linton es tan distinta como la luz de la luna del rayo y la helada del fuego.
(…)
Mis grandes sufrimientos en este mundo han sido los sufrimientos de Heathcliff, los he visto y sentido cada uno desde el principio. El gran pensamiento de mi vida es él. Si todo pereciera y él se salvara, yo seguiría existiendo, y si todo quedara y él desapareciera, el mundo me sería del todo extraño, no me parecería que soy parte de él. Mi amor por Linton es como el follaje de los bosques: el tiempo lo cambiará, yo ya sé que el invierno muda los árboles. Mi amor por Heathcliff se parece a las eternas rocas profundas, es fuente de escaso placer visible, pero necesario. Nelly, yo soy Heathcliff, él está siempre, siempre en mi mente. No siempre como una cosa agradable, por supuesto, no siempre me agrado a mi misma. Así pues, no hables de separación de nuevo, porque es imposible y…

Foto: Cumbres borrascosas, Laurence Olivier and Merle Oberon