Murió el poeta Jorge Leónidas Escudero

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Hoy, a los 95 años, murió en su San Juan natal el poeta Jorge Leónidas Escudero. Su poética establece vínculos no solo con la región que él conoció en profundidad –pequeños pueblos de valles y caseríos de montañas–, sino también con los pobladores de esa región, a los que dedica siluetas biográficas humorísticas e irónicamente moralistas, escritas en una sintaxis rota, compleja, elocuente y original.

Su primer libro fue La raíz de la roca, al que siguieron Le dije y me dijo (1978), Piedra sensible (1984), Basamento cristalino (1989), Umbral de salida (1990), Elucidario (1992), Cantos del acechante (1995), Viaje a ir (1996), Caballazo a la sombra (1998) y Senderear (2001), entre otros.

Lo recordamos con algunos de sus poemas.

AMIGO ÍNTIMO

Era noche de viento anoche cuando
desvelado oí al gato amigo, el perdido,
llamándome.
Su quejumbre apagada oí e el impulso
tuve de abrir todas las puertas a recibirlo.

Veinte días ya,
y si no lo mató un perro viene ahí.
Salte de la cama y corrí a la ventana
ver si lo veía y hacerlo entrar
acariciarlo darle comida. Sucio, flaco
estaría después e tanta ausencia.

Entonces otra vez oí el llamado;
pero mi di cuenta no era el gato,
era una persiana que con el viento hacía
tal quejumbre.

Cerré la ventana.
Fui a mirarme al espejo ver qué cara
le queda a uno después de desilusionarse.
Y en esas vecindades de viento engañador
y ladridos nocturnos
volví a la cama a no poder dormir. Acaso
¿esto es mucho decir sobre la ausencia de un gato?

ANTE LA INMENSIDAD

Fue alguna de esas noches en que miraba cielo
en lejanías sobre campo oscuro y vi
cruzárseme un relámpago lejano. Fue tal
como ver chispear una idea
en el umbral de otro mundo.

Es como si en el fondo del desierto hubiera
querido hacerse luz una verdad pero
pasó fugaz y quedé a oscuras.

Parece que la inmensidad
quiere decirme un secreto y al ver
que todavía falta mucho en mí
queda muda.

A OTRA COSA

¿Pongámonos bien la vida
que nos pusimos del revés?
En vez de alimentar historias de plomo
digamos cosas fáciles.

En vez de hacer de perro del hortelano,
o llorar a la luna porque no nos quieren,
echemos pájaros en el jardín de las preciosidades.

Probemos saludar a desconocidos
a ver si aparece el amor,
pues qué delgado está el mundo,
qué pálido, y necesita apoyo.

Aventa una palabra uno y afecta al tiempo futuro;
por eso hay que hablar con cuidado
y sonreír más.

Pogámonos bien la vida a ver qué pasa,
pues así como estamos se han desequilibrado
los bancos de las plazas
y si no intervenimos
¿a dónde va a ir la gente a tomar aire?

ATISBOS

Veces me alejo caminando lejos
en divergencia de mis propios pasos.
¿Busco lo perdido hace miles de años?

Un hombre oscuro pervive, late
como crisálida o un algo
que pide abrir alas en mí. Siento
que desde la penumbra me empuja pan que regrese
¿a dónde?
De modo que divago y fluctúo
en la ciudad bullicio y abatido
me derrumbo en los bancos de las plazas,
espero no sé qué.

El hombre misterioso se aproxima, intenta
religarme a su mundo indefinido pero
no doy chispa. no accedo
a su fervor de vida más allá de todo.
La vislumbre de Eso me perturba.
Hombre oculto no insistas,
ya es demasiado tarde, no puedo
volver a donde nunca estuve.