Argentinos por nada, Ernesto Simón

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Argentinos por nada son dos libros en uno, pero con un hilo conductor: mostrar una radiografía de cómo somos, con qué nos identificamos, qué nos hace tan particulares, todo atravesado por un humor constante y una gran ironía que por momentos deviene en cinismo.

En la primera parte, una serie de relatos se encarga de exacerbar “lo peor de estas pampas: la barbarie, la ignorancia, la petulancia, el miedo, la indiferencia y la bravuconada fácil”, y de hacer ostensible los entretelones de la política en los que asoma lo peor de la clase dirigente.

Las crónicas de Ñacuñán City ocupan la segunda parte, y allí aflora un Ernesto Simón más literario –hasta con cierta poesía–, con personajes más ricos y con temas más variados. El realismo de los primeros relatos da paso a historias que ahora, incluso, están teñidas de elementos fantásticos. La política, si bien es algo presente en todo el libro, cede su lugar o lo comparte con la violencia, la venganza y la traición.

En todo el texto, además, se traduce un gran conocimiento de la historia argentina, de la política y sus vicios, pero también de nuestra cultura en general. Imposible no reconocer con nostalgia, con dolor, con valentía que somos así, aunque también, afortunadamente, aparecen algunas características no tan negativas.

En cuanto al estilo, Ernesto Simón logra el equilibrio entre una prosa directa, una buena dosis de argumentación y, como dijimos, fragmentos en los que lo poético asoma tímidamente: “Los días grises no son tan oscuros. Después de todo, a través del espesor de las nubes suele entreverse cierto resplandor que el sol insinúa desde alguna parte. Para que nadie olvide que volverá. Siempre vuelve. Los días nublados son el pálido testimonio que confirma que aún hay cosas invencibles. Por caso, el sol”.

Argentinos por nada: una lectura que nos obliga a mirarnos, aunque mientras tanto se nos piante un lagrimón recorriendo una parte significativa de nuestra historia.

Ficha técnica

Ernesto Simón, Argentinos por nada, Wu Wei, 2015, 177 págs.