Se conmemoran 100 años de la muerte de Rubén Darío

0
0

Hace 100 años, el 6 de febrero de 1916, se produjo la muerte de Rubén Darío, el “príncipe de las letras castellanas”, considerado como uno de los autores más influyentes en la poesía del siglo XX.

El presidente de Nicaragua Daniel Ortega decretó dedicar la labor del Estado en 2016 a honrar al padre del Modernismo literario. “Frases e imágenes que reflejen su grandeza guiarán nuestro quehacer en los diferentes ámbitos y espacios propios del Estado”, señala el decreto, y agrega que el sistema educativo estudiará al poeta “en su primordial y espiritual legado, que engrandece el alma nicaragüense”.

Asimismo, las representaciones del Gobierno en el exterior realizarán eventos durante el año para honrarlo, y las administraciones locales programarán actividades alusivas a su obra, que marcó un antes y un después en la literatura hispanoamericana.

Durante este año, y como reconocimiento a la obra del poeta, cuyo “talento marcó y dejó un sello para siempre”, la Biblioteca Nacional de Chile, por su parte, donará al pueblo de Nicaragua copias de unas 680 piezas originales de una importante colección de borradores, poemas, ensayos y cartas del poeta a políticos y otros escritores.

Asimismo, una exposición, titulada Rubén Darío en Chile, presentará en 20 pinturas su paso y su legado por el país austral, en compañía de una colección de artículos periodísticos publicados en el diario La Nación de Buenos Aires entre 1893 y 1916.

“Estamos recordando un ejemplo de cómo hacer cultura, como la hizo él, tejiendo puentes por los países que fueron su domicilio, que se extendió por toda la región y todo el continente”, enfatizó la alcaldesa de Santiago, Carolina Tohá. “Rubén Darío se transformó en un embajador americano en el planeta y se identificó como un latinoamericano universal, que forjó una identidad que permanece hasta hoy”, agregó.

Quienes conocen su legado, hablan de Rubén Darío como un joven adelantado a sus tiempos, que se formó de manera autodidacta leyendo la literatura francesa del siglo XIX y conoció el mundo a través de sus viajes por América Latina, para luego despegar a Europa y volver a morir en su natal Nicaragua, a los 49 años.

Una serie de homenajes y reconocimientos se llevarán a cabo por el resto del mes en Chile, mientras en el país centroamericano su presidente Daniel Ortega expresó su voluntad de “honrar a Rubén Darío en su inequívoca nacionalidad y como nuestro ciudadano americano”.

Por su parte, los bisnietos del escritor aprovecharán su visita a Chile para entregar obras inéditas de Rubén Darío a la Biblioteca Nacional de Santiago y regalar a la embajada una serie de fotografías de su archivo familiar.

“Queremos entregar un mensaje que se convierta en una reflexión para la gente, los políticos y los artistas actuales acerca del compromiso que tiene Latinoamérica con el mundo y que tuvo mi bisabuelo también”, concluyó Katz Darío.

Fuentes: El Universal y El Telégrafo

En Leedor, lo recordamos con su famosa “Sonatina”

La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.
¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.
¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste, la princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
—la princesa está pálida, la princesa está triste—,
más brillante que el alba, más hermoso que abril!
—«Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».