Oscar 2016: Los excesos de lo políticamente correcto

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Si tenemos un fantasma que recorre el mundo en estos momentos no es del comunismo sino uno que, bajo la apariencia de la buena fe y el respeto de los derechos de la humanidad, ejerce una influencia castrante porque pretende encausar la libre expresión por unos senderos limitantes llamados corrección política.

El respeto de la identidad cultural es uno de los pilares de este nuevo paradigma, y en ese tenor, debemos respetar que en Arabia Saudita se ejecute a un poeta por faltarle el respeto a la vertiente religiosa que se practica allí, o que en USA solo los negros puedan decirle negros a los otros negros, termino vedado a las otras razas que deben llamarles “personas de color”.

Se inventan una cantidad de sinónimos para no herir la sensibilidad de ninguno, como si eso bastara para hacer más justa una sociedad o resolver los problemas de esas personas. Pero por lo que se ve nada ha cambiado. La condición social o laboral de las trabajadoras sexuales no les ha mejorado por el cambio de nombre.

Ese fantasma pretende instaurar las cuotas para repartir la democracia y hacerla más justa, un parche a los desbalances del sistema. Usted recibirá un puesto dependiendo de su etnia, religión u orientación política, y no al injusto método, según los defensores de esas cuotas, de valorar las capacidades para el desarrollo eficiente de las labores asignadas.

Así mismo se fraccionan los puntos de vista para la solución de los males sociales que nos afectan, como la violencia, y que a su parecer es necesario abordar por partes y no de manera global, lo que constituye una hermosa manera de no solucionar nada. Es como si en vez de una Ley de Cine que abarque todas las áreas, aprobáramos una ley para cada género cinematográfico.

Los Oscar de este año se ven inmersos en las acusaciones de racismo que han lanzado un grupo integrado por Spike Lee, Jada Pinket y Will Smith, quienes objetan las nominaciones de la Academia por excluyentes, llamando a un boicot contra la ceremonia de premiación. En las redes se ha creado el hashtag #OscarsSoWhite para difundir esta campaña.

Las autoridades de la Academia han reaccionado aprobando una serie de reglas que garanticen la diversidad racial, comprometiéndose a duplicar el número de mujeres y grupos étnicos pertenecientes a la Academia a más tardar en el 2020. Se cambia también el sistema de membresía vitalicia y se le da derecho de votar a aquellos nominados o ganadores de Oscar.

A primera vista, la protesta contra la discriminación y el cambio de reglas parecen un acto de justicia para corregir los entuertos de la falta de representatividad en las nominaciones, pero en el fondo lucen más como si hubieran cedido al chantaje del corporativismo de la comunidad negra, pues parte de situaciones que es conveniente aclarar.

Tomando en cuenta que ni Will Smith ni Jada Pinkett se distinguen por defender activamente las causas sociales de los negros, y que el estimado Will se ha visto excluido de las nominaciones por su participación en Concussion, y que si bien ha desarrollado una interesante actuación allí, su ausencia de las candidaturas no opaca la calidad de los incluidos en ella.

La misma queja podría presentar el inglés Ridley Scott, director de The Martian, quien a pesar de las siete nominaciones de su película no fue incluido como Mejor Director. El actor Idris Elba tampoco fue incluido a pesar de su notable participación en Beast Of No Nation, y no por esto hemos oído una propuesta británica de boicotear la ceremonia.

Ni siquiera el estruendoso Donald Trump se ha quejado de las nominaciones latinas encabezadas, una vez más, por el mexicano Alejandro González Iñárritu, por su filme The Revenant, en el que Emmanuel Lubezki también repite como Mejor Director de Fotografía. Que estos hijos de la nación azteca con apodos tan sonoros como El Negro y El Chivo, acompañados de Martin Hernández en edición de sonido, sean candidatos, ha cosechado muchos elogios de la comunidad.

La lista latina se amplía con el corto chileno Bear Story de Gabriel Osorio y Pato Escala, Boy and The World de Brasil como Mejor Película Animada, Paco Delgado de España nominado en Mejor Diseño de Vestuario por Danish Girl, y El Abrazo de la Serpiente de Ciro Guerra como Mejor Película de Habla No Inglesa por Colombia, que obtiene como país su primera nominación.

Si lo del racismo fuera tan extremo tantos candidatos de nuestro continente no estuvieran allí ni la Presidente de la Academia fuera una negra como Cheryl Boone Isaacs, y mucho menos la ceremonia la condujera un actor como Chris Rock que no es precisamente rubio. Con esto no queremos decir que no exista una falta de representatividad en los Oscar, pero en las quejas de este año no les asiste la razón.

La militancia extrema de Spike Lee lo ha llevado a afirmar que solo los negros pueden tratar los temas de los negros, una posición que implica un racismo sin atenuantes y rizar el rizo para acercarlo a pocos milímetros e incluso sobrepasar el racismo blanco. Sus ideas eran mucho más claras cuando mostraba la discriminación de los negros contra un judío o un mulato en su certera Get On The Bus.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una cosa es quejarse cuando te asiste la razón y otra es actuar como una corporación que impone sus intereses por encima de los de la colectividad. Las exclusiones son muchas este año al igual que en los premios pasados y no siempre son por la raza, si fuese así ni Tarantino ni Benicio del Toro o Johnny Depp, estarían fuera. Sera que nominar al australiano George Miller por Mad Max: Fury Road es un acto de racismo?

Lo cierto es que la lentitud en las reformas para equilibrar esa proporción de un 94% de votantes anglosajones, es la culpable de esos desatinos en materia racial, una información ya muy sabida pero que aun es usada como arma arrojadiza contra la institución organizadora de los premios, y que solo ahora, bajo fuego, han comenzado a cambiar el status quo.

El historial de exclusiones de la Academia es largo, y figuras de tanto peso como Chaplin, Kubrick, Kiarostami, Hitchcock y muchos más, no han gozado del favor de competir por las estatuillas y ganar, como me apuntaba el colega Juan José Namnum hace unos días. Aclaramos que los Oscar honoríficos no cuentan por ser dados para acallar las malas conciencias de los votantes.

La distinguida actriz Charlotte Rampling ha declarado que el boicot es racismo contra los blancos, aunque más tarde matizó esas declaraciones. El veterano Michael Caine pidió paciencia, pues a él le tomó años conseguir uno. La verdad es, volviendo a la Rampling, que decía: “Si la meta era clasificar a todo el mundo y tener miles de pequeñas minorías por todas partes…”.

Los Oscar no pueden ser más justos que el sistema de producir cine que los ha engendrado. Grandes figuras del séptimo arte han sido marginados de estos premios por sus posiciones políticas, sexuales o estéticas, y eso no va a ser fácil cambiarlo, pero figuras de segunda categoría como Will Smith, Jada Pinkett o un extremista como Spike Lee, no serán precisamente quienes impulsen esos cambios.

Las protestas de algunas figuras negras contra los Oscar contrastan con la alegría en la comunidad latina por la cantidad y calidad de los nominados, lo cual crea una paradoja y a la vez genera una pregunta: ¿Son los Oscar muy blancos, muy poco negros o demasiado latinos?

 

Nota publicada en Vanguardia del Pueblo