La juventud.

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Este jueves que pasó, 22 de enero, se estrenó en Madrid, La juventud, de Paolo Sorrentino anunciada en Buenos Aires para el 18 de febrero. Consagrada en los recientes premios del cine europeo, es recibida en España con una actitud de cautela: no es la obra maestra que fue La gran belleza pero la comparación parece imprescindible. Lo es?  Sorrentino pone a prueba el recuerdo de La gran belleza. Sus simetrías altisonantes, sus ritmos artificiales, su alto esteticismo musical marcando la cadencia de lo visual, su abundancia en los movimientos bamboleantes de una cámara que traza un estilo que no parece nuevo porque está cargado de una memoria cinematográfica, la de Fellini, seguramente.

Este hotel en Suiza, escenario neutral y anacrónico si los hay, alberga en unas vacaciones a un ya mayor director de cine, a un director de orquesta y su hija, a un budista, un jugador de fútbol en decadencia (el mejor de todos), a una despampanante Miss Universo y a un actor frustrado, y a un grupo de ancianos. El cine vrs la TV, la belleza vrs la fealdad, la vida vrs la muerte, la juventud vrs la decrepitud, la sanidad y la locura. El cuerpo como centro de la atención: un Maradona excesivamente gordo y con bastón, una mujer abandonada por un marido que busca mejor sexo, dos ancianos en una pileta,  Sorrentino explora el alma de sus personajes a través de estas oposiciones, por momentos haciéndolas demasiado obvias. Pero la obviedad tambien suele ser simbólica: Ballinger dirigiendo un concierto de vacas o los personajes femeninos apareciendo todos juntos al director Boyle. Las acciones se concentran entre separadores que suspenden el tiempo

La italianidad tambien se pone a prueba: tal vez sea la escena del sueño en una plaza de San Marco inundada, o la cita, entre mítica y decadente a Diego Maradona, ídolo de la infancia de Sorrentino, los únicos elementos que lo aferran a esa particularidad seductora y superficial de lo italiano que tanto había prendido de La gran belleza.

La belleza y la juventud no van acaso, una junto a la otra?. Sorrentino habla también de la cultura. Ambas, dice, son perversas. Si Gep Gambardella era escritor, Fred Ballinger es músico y su amigo, director de cine. La película está hablada en inglés, con actores ingleses y norteamericanos, también ahí el espectador puede sentir cierta nostalgia y una pérdida del encanto que al fin y al cabo el exotismo tambien puede venir acompañado de una lengua.

Lo presuntuoso y lo ordinario conviven en el último trabajo de Paolo Sorrentino, dicen por ahí que si no te gustó La gran belleza, lo dejes pasar. Yo, le daría una oportunidad, dificilmente uno se pueda olvidar de sus imagenes.