En búsqueda de la esencia

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¿Cómo llamarlo? ¿Matta? ¿Roberto? ¿maestro? Se mofaría de cualquiera de estas nominaciones…o mejor aún, inventaría una nueva. De espíritu lúdico, nunca consideró que lo que hacía era pintar. “Yo no pinto, muerdo” bromeó una vez.
Sin embargo, arte para él era una incansable búsqueda de la esencia. Conocer la naturaleza humana, su psique, y fundirse, de esta manera, con el cosmos circundante. Premisas totales que rodean hoy la muestra “Matta. Este lado del mundo” en el Centro Cultural Matta de la Embajada de Chile en Argentina. Hasta el 22 de enero, el visitante tendrá la fortuna de recorrer varios momentos de la nutrida obra de este hacedor chileno.
Roberto Matta nació el 11 del 11 del ´11 en Santiago de Chile. Siendo arquitecto se desempeñó como dibujante en el estudio de Le Corbusier en Paris y pudo, a partir de sus viajes por el viejo continente, trabar amistad con miembros del movimiento surrealista, como el poeta André Breton (quien lo incluiría dentro del grupo para luego apartarlo en 1948 ¡y volverlo a incluir más tarde!), René Magritte, Salvador Dalí, Max Ernst, Gordon Oslow Ford, Duchamp, y escritores como Federico García Lorca y Pablo Neruda, entre otros.
Impulsado por su entorno, accede en 1938, al reto de cargar los pinceles. Realiza por primera vez, guiado por los impulsos incesantes de su mano (práctica bien conocida entre los surrealistas), una serie de pinturas que darían raíz a un concepto importante en el léxico poético-cosmogónico de Matta: la idea de “morfologías psicológicas”. De las manchas de pintura resultantes, él veía brotar “alucinaciones” provenientes de la constelación interna y energética de la psique. Un ejemplo claro de este “gráfico de ideas” es su temprano dibujo en lápiz “Composición en tonos verdes” (1939); obra de tintes biomorficos expuesta hoy en el centro cultural.
De trabajos iniciáticos como “Composición…”, podemos constatar su expansión teórica y plástica en otros cuadros de gran formato colgados en las cercanías. Matta buscaba “Ver”, ver a través, ver desde y con todas las perspectivas. Es así como en “El día es un atentado” (1942) logra crear espacios vaporosos y dinámicos donde los planos se transparentan. Oscilante entre la abstracción y la figuración (1), el pintor chileno construye sutiles escenarios metafísicos que, abogan por una concepción espacial múltiple.
Hasta aquí, universo interno y externo en confluencia. Más falta algo central, que serviría de ligazón a tener en cuenta: el poder del verbo. “Americar”, por ejemplo. Idea-fuerza de la muestra y clave en una de las joyas exhibidas: “El Nacimiento de América” (c. 1952). Decía Matta (y bien se podría conceder al cuadro): “Yo americo, tú americas. Sería como respirar nuestras flores, ver el colorido de nuestras selvas, sentir el fluir de nuestros ríos, la erupción de los volcanes…”. Vuelta su mirada fascinada hacia una América convulsionada pero rica en esencias, el artista convertirá su continente en lucha, poesía y pintura. Es así como Matta, aunque negador de títulos (y auras) anquilosantes, buscará desde todos los rincones y hasta el final de sus días, comprender a ese cosmos que alguna vez y para siempre llamó hombre.

(1) En Nueva York (nuevo faro cultural tras la invasión nazi en París), entrará en debate por esta cuestión con figuras tildadas más tarde como expresionistas abstractas.