La noche litoral, Carlos Bernatek

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Resignación, me dije, y fue decirlo y estar ya casi resignado”. La primera línea de La noche litoral de Carlos Bernatek nos da el tono general de la novela: la aparente aceptación de la marginalidad y de una realidad que, en principio, se presenta lo más cruel posible.

Ovidio es un desocupado que conserva todavía “un fuerte instinto de supervivencia”, pero que se da cuenta de que “no había nacido para el trabajo, sino para el usufructo; para disfrutar de la vida, no para el sacrificio”. Sus días transcurren en una Santa Fe bastante actual donde desfilan personajes “litorales”, de la orilla; la mayoría fuera del circuito de trabajo tradicional, fuera del centro, de lo políticamente correcto; y con un solo objetivo: salvarse. Son prostitutas, vendedores de drogas, asesinos a sueldo, pequeños y grandes estafadores, políticos corruptos, pervertidos, y Ovidio se mueve entre ellos, aunque tampoco termina de pertenecer del todo a ningún grupo. Él también siempre está en la orilla de cualquier clase, solo, porque como dice su tía Clarita: “Vos a tu edad ya tendrías que ser gerente o director. ¡Tan bien que pintabas de chico!”.

Mientras leía la novela, la asociaba con algo de la picaresca española: el pícaro era el que se abría camino a los golpes, con esfuerzo; el que deambulaba por las calles buscando diferentes “amos” que le permitieran al menos comer. Salvando las distancias y sin establecer correspondencias absolutas, el protagonista recorre las calles y va cambiando de trabajos, todos inestables, dudosos, muchos de la mano del delito. También como en la picaresca está la narración en primera persona, el humor ácido, la ironía, el cinismo, lo escatológico, y lo sexual, casi porno por momentos.

Bernatek se refiere al sexo dentro de la novela donde lo que se ve es “una sexualidad deserotizada, atravesada por tabúes, perversiones y, a un tiempo, absolutamente ridícula, humorística de trazo grueso. Hay modos muy diferentes de narrar estas cosas; yo no creo hacerlo desde el regodeo, desde el efectismo; prefiero el grotesco que provoca un protagonista apto apenas para gestar este tipo de vínculos. Lo ilógico sería que tuviera relaciones normales”. Las mujeres con las que se cruza Ovidio son muy particulares: la renguita; Irina, la ucraniana; Hilda, la peluquera que se hace una operación para parecer más joven; la ciega que canta en un coro, y otras, cada una con alguna “rareza”. Hay alguna más común –por calificarla de alguna manera–, como Tracy López Carmín, una poeta con la cual el protagonista tiene un encuentro en el asiento de un micro: “Conchuda –dije entre dientes–. Era raro, para mí, vincularme a una mujer de este tipo, una tipa casi normal, diría. Y hasta podría haberme alegrado de ampliar mi espectro de posibilidades”.

Sin remordimientos, sin escrúpulos, sin romanticismo, sin compasión por el otro y muchas veces sin códigos, los personajes transitan un mundo que tiene sus propias leyes; un mundo donde también se hace presente el contexto histórico y social: la dictadura del 76, la voladura del Club del Orden, la inundación del 2003, le dan a la novela otra dimensión, pero sin caer en obvios juicios de valores. La realidad está ahí y es el lector el que deberá realizar las diferentes lecturas.

Contra todo lo que podría suponerse, Bernatek logra hasta que sintamos cierta empatía o lástima por Ovidio o por algún otro personaje. Es que el autor logra presentar las realidades más terribles sin ahondar en el dolor ni en falsos sentimentalismos. La noche litoral se lee rápido, se disfruta, nos divierte y nos hace pensar porque, además, en medio de las aventuras del protagonista, este desliza sus verdades, su filosofía de vida, que trascienden lo argumental y transforman el texto en una excelente propuesta.

Ficha técnica

La noche litoral, Carlos Bernatek, Adriana Hidalgo editora, 2015, 256 págs.