Crónica de viaje: Wifredo Lam en París

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El Centro Georges Pompidou ofrece en París, hasta el 15 de febrero de 2016 la primera gran exposición comprensiva y antológica de la obra de Wifredo Lam (Sagua la Grande, Cuba, 1902 – Paris, Francia, 1982), con 300 piezas exhibidas, entre las que se cuentan sus pinturas, grabados, dibujos pero también material de archivo personal, información contextual e histórica y objetos.

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La propuesta es realmente imponente por la cantidad y calidad del material al que se accede, y es desde ya la delicia para la investigación en arte latinoamericano por las fuentes exhibidas, pero también es muy accesible al público en general. Reúne material de colecciones diversas, en su mayoría disperso, tratándose de un autor tan prolífico e interconectado con sus pares, que ha producido un corpus de obra tan particular, que se cruza y compromete con las escenas de sus distintas épocas.

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El recorrido de la muestra está organizado por ciudades, tratándose de un personaje tan andariego, en las que Lam vivió y trabajó en el período 1923 hasta su muerte, siendo entonces sus núcleos: 1- España, 1923-1938; 2- París-Marsella, 1938-1941; 3- Cuba y las Américas (1941-1952); 4- París-Caracas-La Habana-Albisola&Zurich (1952-1957) 5- París-Albissola (1962-1982).

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Muchas perlas, más allá de mi interés como investigadora de la cultura latinoamericana, hay en ver a Lam en el Centro Pompidou. Por un lado, sin dudas, La Jungla, ese monumento punto de inflexión en nuestra historia visual que Lam pinta de regreso en Cuba, en 1942, que será exhibido al año siguiente en la Mattisse Gallery de Nueva York y comprado finalmente por el MOMA, en un gesto fundacional del intercambio de miradas y relaciones con el que ya era el primer museo del mundo. A decir de Gerardo Mosquera en sus textos fundamentales sobre el pintor cubano, La Jungla estuvo durante décadas colgado junto al guardarropa de dicho museo, básicamente porque no sabían cómo clasficarlo, en qué sala ponerlo, cómo pensarlo.

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Por otro lado, sus primeras pinturas, realizadas en la estancia de formación en España, con bodegones y retratos. En este sentido, es interesante ver cómo ha sido tomado el eje de los distintos autoretratos que el pintor concreta, como forma de pensar su transformación y búsqueda. También destaca la elección de fotografías personales muy bien encontradas para abrir cada una de las secciones en el relato curatorial propuesto.

Visto históricamente como un hijo de Picasso y Breton, hoy podemos pensar a Lam invirtiendo el mapa, como un nodo de articulaciones, una línea de fuga, una clave para pensar posibilidades de interpelación triculturales, Africa, América, Europa, en un momento en el que las vanguardias históricas internacionalizaban y regionalizaban a la vez los territorios posibles, rearmando un mapa que iba avanzando, de manera más o menos traumática, alegre o creativa, hacia la glocalización de lo global. El gesto de La Jungla, entre sus ancestros africanos, su padre chino y su formación española y luego parisina, catalizará finalmente esta apertura sincrética que tiene como nueva vuelta de tuerca definitoria el conocer a Aimé Cesaire en 1941.

Personalmente, he visto la obra de Lam en tres ciudades: Caracas (con el mural de ese paraíso visual que es la UCV donde da gusto perderse), en el Museo Nacional de Bellas Artes y en el espacio de esa joya loca del deseo que es el Romerillo de Kcho, en La Habana y ahora en París. Y siento que la presencia cubana de Lam es inmensa, poderosa y le da sentido a tantas lecturas que están haciéndose y por hacer aún.

Con una profusa y muy bien montada información didáctica de materiales de archivo (fotografías, programas de exposiciones, cartas, cerámicas, libros, poemas visuales…), esta muestra y su impactante catálogo se transforma en una referencia obligada para pensar la obra de Lam en relación con Europa especialmente, y en las idas y venidas en relación a la historia cubana, su revolución, las historias de sus artistas más queridos y respetados.

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Pero también y fundamentalmente, para pensar el lugar que los museos de arte contemporáneo europeo, hijos y entenados de las instituciones expositivas y otrificantes del colonialismo le dan a estos personajes incatalogables, vibrantes y activos, que siguen permeando nuestros modos de ver desde un lugar crítico. Estas muestras potencian chances de recordar que hay otros vaivenes en la micro y la macro historia que recuperar para deconstruir esa misma mirada occidentalista y orientalista, en una genealogía propia que dé cuenta de nuestras emociones, nuestros sueños y haberes personales y colectivos.

Wifredo Lam
hasta el 15 de febrero de 2016
Centro de Arte Georges Pompidou.
París, Francia.