Cronica de viaje: Ingres en el Museo del Prado

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No sólo el Museo del Prado nunca había celebrado una muestra de Ingres, sino que en España nunca se había visto una muestra como esta. Para lograrlo, el Museo madrileño hizo un trato con el de Mantauban, del que provienen buena parte de las obras que se exhiben hasta el 27 de marzo: una selección de pintura española fue enviada al palacio que alberga el museo Ingres en Francia. La otra gran parte viene del Louvre

La muestra es fantástica y somos privilegiadas testigos de este acontecimiento. 60 obras organizadas en un relato temático que intenta alejar a uno de los más grandes pintores de la historia del arte de algunos de los pre conceptos que usualmente se usan para catalogarlo: su lucha con Delacroix por ejemplo (según se decía Ingres solía repetir que Eugene olía a azufre, como el mismo demonio).

Los retratos, el desafío clásico, la pintura religiosa, la mujer, el desnudo, Roma y los mitos.: “La gran Odalisca” (recibida en Madrid con honores), “El retrato de la condesa de Haussonville” (maravilloso celeste del vestido pocas veces visto), el r”etrato de Bertin”, “Ruggero rescatando a Angélica”, “La apoteosis de Napoleón”, suntuoso, megalómano, “el sueño de Ossian”, majestuoso cuadro que busca en los intersticios de la cultura inglesa la fraudulenta búsqueda de una literatura epica.

ingres

Hábil elección de núcleos que nunca pierden de vista al Ingres fanático de Rafael, bello cuadro con “Rafael y la Fornarina” del Columbus Museum y de Poussin, su obra mira hacia el futuro y se conecta con Picasso. El montaje es delicado e inteligente: “La virgen adorando a la sagrada familia” enfrenta en linea recta con una de las cumbres de esta muestra: “El baño turno”, pintado a sus 82 años en tondo y que en vivo deja ver todo el esplendor luminosa de su odalisca de espaldas: las mujeres en curvas aparecen opacadas frente a la figura central. Mujeres pudorosas y mujeres eroticas que esconden secretos que nunca dirán.

“Para plasmar lo bello no veáis más que lo sublime, no miréis ni a la derecha ni a la izquierda y mucho menos hacia abajo. Levantad la cabeza hacia el cielo, en vez de encorvarla hacia la tierra, como los puercos en el barro. No estudiéis lo bello mas que de rodillas.”

Dice Ingres. Por un rato, un domingo de diciembre, anduvimos por el cielo.

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