La Sombra

0
67

Con un gesto de épica personal, fue recibida con aplausos conmovidos por una platea sensible y cautivada La sombra, de Javier Olivera, es recibida en MALBA todos los sàbados a las 22 hs. Película que llega luego de Mika, Mi guerra de España realizada junto a Fito Pochat.

- Publicidad -

Un trabajo documental que afirma a Olivera como un realizador de búsquedas propias, sesgo experimental y estética sensible y cuidada (su pasado de artista plástico también deja huellas en la composición de la imagen). Si algo parece guiar este trabajo de Javier es la deconstrucción de su propia historia, con mucho de muerte y renacimiento, como un acto de desevidenciar lo existente en su recuerdo familiar para rearmarse desde el juego poético entre la memoria y el espacio.

La Sombra es la historia de la demolición de la casa de infancia de la familia Olivera en San Isidro, construida a partir del desarrollo exitoso de la empresa cinematográfica de su padre, uno de los grandes popes del cine argentino, Héctor Olivera. Director de películas re-fundacionales del cine histórico y político de nuestro país, como La Patagonia Rebelde (1974) o No habrá más penas ni olvido (1983), fue socio de la productora Aries, junto a Fernando Ayala, padrino de Javier. Necesidades personales, pequeño gesto propio y singular, microscópico, que activa la política de su deseo y la pone en común con el espectador, es la que le hace decir a Javier, frente al peso paterno: “La implacable sombra del monumento. ¿Cómo ser uno mismo?”. Toda una confesión para esta biopic familiar.

La película conmueve, por el riesgo que corre al mostrar su núcleo familiar desde cierto despojo y cierta iconoclastia y porque está contada en primera persona, en la voz del director, sin afectaciones. En el nombre del padre, Citizen Olivera u Orson Welles en la mirada filial, es desde la voluntad deconstructiva de la propia historia de donde parte la demolición de la casa.  Conmueve con cierto dolor, en las escenas donde el plano muestra el infraleve de lo efímero, en la tensión construcción/demolición, habitado/deshabitado, el paso del tiempo, la vanitas de las paredes, las maderas de los pisos, los azulejos, la estructura cayendo bajo la picota. Cine que es también reflexión sobre los territorios de la memoria, los registros en Súper8 y las fotos ampliadas, con el grano abierto, perdidas en sí mismas, son un recurso poético que se convierte en mensaje.

Formalmente, no solo el trabajo con la imagen es de excelente nivel, sino también el trabajo con el sonido que la propuesta realiza es fuera de lo común que suele encontrarse y su diseño fue realizado en conjunto con Zypce. Este es un aspecto más que lo destaca a Javier a un terreno cercano al de un artista contemporáneo, integral, de voz propia y gestualidad autobiográfica en tensión con los recursos estéticos. La película es sin dudas una pieza de videoarte, y podría formar parte de alguna Bienal, o integrar la programación de un museo.

La recomendamos ampliamente…