Mr. Kaplan

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Si existiera acaso un cine “fresco”, podría decirse que es  aquel al que le faltan prejuicios hechos de los referentes hacia el pasado. También un cine fresco podría ser el que con puestas en escena despojadas se asimila al propio paisaje que lo produce. Una y otra cosa cumple, creo el cine uruguayo, un cine que viene creciendo de un modo equilibrado, sin grandes sobresaltos, un cine medido y preciso. Sin una historia que le de esos prejuicios y con el paisaje de la simplicidad.

Por otro lado, la ancianidad no es un tema muy tratado en el cine. Una película que pasó bastante desapercibida, también uruguaya, La demora, trataba sobre la angustiante vida de un hombre con Alzheimer y la desesperación de su hija por no saber qué hacer con él. Álvaro Brechner en Mr Kaplan (gran sorpresa de un Festival de Mar del Plata) se arriesga al tema de la ancianidad pero con un plus: tomar en tono de comedia el tema de la persecución de nazis en Latinoamerica.

Jacobo Kaplan vive en Montevideo, tiene más de 70 años, había sido enviado de pequeño a Sudamérica por sus padres en medio de la guerra en Europa para salvarlo de la masacre de judíos. En Uruguay conforma una familia: Rebeca, un hijo exitoso (Isaquito) y un hijo fracasado, escritor de una novela que comenzó hace 10 años. Jacobo ya es grande, el deterioro lo hace perder alguno de los sentidos, por lo cual entre otras cosas le quitan el carnet de conducir. A la familia, se le ocurre contratar a un ex policía, fracasado,  para que maneje su auto. Con él, Jacobo va a formar un dúo de antihéroes que se va a embarcar en el plan de secuestrar a un alemán que vive en una playas unos kilómetros de la ciudad. Como Quijote y Sancho Panza (este ultimo implacablemente caracterizado por Néstor Guzzini) ambos tienen un sueño: pensar en un mundo mejor, uno por la causa de Israel, el otro por su propiio bien, volver a recuperar a su familia. En el medio, van a la cárcel, son echados a las patadas del funeral de un tal Otto Muller, entrevistan a una prostituta, se entrometen en el mundo sórdido del espionaje internacional.

Mr Kaplan es tambien una comedia que tiene sus trampas. Es posible  reírse del viejo que no sabe nadar y se amarra al trampolín de una pileta para después zambullirse, es posible reírse del choque del auto cuando se espera que marche para atrás y marcha para adelante, es  posible reírse del viejo cuando se le escapa un chorro de liquido de la boca es posible, pero ahí la pelicula se torna drama y lo hace de una manera tal que es natural, vívido, y transparente. En esa rara justeza, la pelicula gana mucho más de lo que pierde y se hace realmente disfrutable.