Tras la pantalla

Emotivo documental sobre una muy querida figura de nuestro cine.

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Quienes tenemos el privilegio de conocer a Pascual Condito sabemos de su enorme amor por el cine. Nacido en Calabria y llegado de muy chico a la Argentina, Pascual ha sido y sigue siendo hoy uno de los distribuidores independientes más importantes de nuestro país. Su oficina de la calle Riobamba 477 fue frecuentada por críticos, directores y programadores de cine hasta que hace unos pocos años debió abandonarla y mudarse del barrio tradicional de los distribuidores (alrededor de Azcuénaga y Lavalle) a otra zona de la Capital. Gran parte de “Tras la pantalla” gira alrededor de la traumática mudanza, como lo refleja su decisión de quedarse a dormir en su oficina el último día antes de irse.

Por la pantalla desfilan numerosas personalidades del cine que de alguna u otra manera tuvieron que ver con “Primer Plano”, tal el nombre de su empresa. Casi podría afirmarse que no falta nadie o casi de sus amigos y entre tantos nombres famosos aparecen directores como Lisandro Alonso, Marcelo Piñeyro y Raúl Perrone, críticos como Carlos Morelli, Rómulo Berruti y la gente de Haciendo Cine y muchos otros del negocio cinematográfico.

Muchos de los diálogos que sostiene con ellos tienen que ver con las dificultades crecientes para estrenar y las quejas que con justa razón Condito expresa sobre la forma en que los grandes complejos privilegian ocupar sus salas con “tanques”, es decir grandes producciones. Al respecto y de particular interés son los comentarios del director de “Tango feroz” afirmando que  añora las épocas en que las película de calidad permanecían en pocas salas (o una única) por muchas semanas, en lo que se conoce en la jerga cinematográfica  como “roadshow”. Similar posición tiene el director de “Jauja” cuando afirma que ha preferido mostrar varias de sus películas (“Los muertos”, “Fantasma” por ejemplo) exclusivamente en la Sala Leopoldo Lugones.

Momentos muy emotivos son los que reúnen a Pascual con sus hijos Nicolás (también actor), Luciana y Rosi, así como la fiesta de despedida en la oficina en Riobamba. Y casi al final su encuentro con otro calabrés (Damiano) en la Sala conocida como “Vigo” donde se suelen hacer proyecciones de las privadas para la prensa, resulta uno de los momentos de máxima nostalgia del film.

Hay que felicitar al director Marcos Martínez al haber logrado reflejar la personalidad de este querido colega, cerrando su película con escenas de varias de las 60 películas donde ha tenido un “cameo”. Y estamos convencidos de que Pascual Condito llegará a su objetivo de cien apariciones en largometrajes argentinos.