Desde otros medios: Yourcenar y la educación de lxs niñxs en The Dissident

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@TDissident
Lucidité, refus, ironie, obstination.
http://the-dissident.eu/

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Con una Europa, al borde, siempre al borde, explorando el límite de sí misma, escuchándose y aplaudiéndose desde su propio poder, toda lectura es poca y cada espacio lúcido de reflexión, cada palabra de lxs grandes maestrxs siempre es bienvenida.

The Dissident, blog francés, es un medio digital sumamente interesante. En estos días, está haciendo circular una nota, de su serie Rubrique Pollens, publicada el 27 de noviembre 2015, que atrae por su titular: Marguerite Yourcenar: “Je condamne l’ignorance qui règne en ce moment dans les démocraties” (Condeno la ignorancia que prevalece en este momento en las democracias).

De allí tomamos y traducimos este texto, publicado en 1980 por Ediciones Centurion:

“Condeno la ignorancia que prevalece en este momento tanto en las democracias como en los regímenes totalitarios. Esta ignorancia es tan fuerte, a menudo tan completa, que se la diría deseada por el sistema o por el régimen. A menudo he pensado en lo que podría ser la educación del niño. Creo que necesitamos estudios de referencia, muy sencillos, donde él aprenda que existe en el seno del universo, en un planeta donde él deberá más tarde ahorrar recursos, que depende del aire, del agua, de todos los seres vivos, y que cualquier error o cualquier tipo de violencia podrían destruirlo todo.

Él aprendería que los hombres se matan entre sí en guerras que fueron hechas para producir otras guerras, y que cada país gestiona su historia, falsamente, a fin de halagar su orgullo.
Se le diría lo suficiente del pasado para que se sienta realmente conectado con los hombres que le precedieron, para que los admira donde merecen estar, sin hacerlos ídolos, ni el presente ni de un futuro hipotético.

Se trataría de familiarizarlo con los libros y las cosas; él sabría los nombres de las plantas, los animales sin el conocimiento que involucra la vivisección horrible impuesta a los niños y adolescentes, con el pretexto de la biología; él aprendería a dar los primeros auxilios a los heridos; su educación sexual incluiría la asistencia en el parto, su educación mental conocer las grandes enfermedades y la muerte.

También le daría conceptos morales simples, sin los cuales la vida en sociedad es imposible, la instrucción que las escuelas primarias y secundarias no se atreven a dar en ese país.

En cuanto a la religión, no le impondría ninguna práctica o dogma, sino algo de todas las principales religiones del mundo, y en especial la del país donde vive para despertar en él el respeto y destruir por adelantado prejuicios odiosos.

Le enseñaría que ame el trabajo cuando el trabajo es útil, para no quedar atrapados en el engaño de la publicidad, comenzando por las que le venden dulces adulterados, preparándolo para caries futuras y diabetes.

Ciertamente, hay una manera de hablar con los niños cosas verdaderamente importantes que no como se lo hace.”

 

Fotografía: banco de Corbis.

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