Anomalisa: más allá del Stop Motion

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Con el uso de muñecos y con la técnica de stop motion (filmación cuadro a cuadro) los directores Charlie Kaufman y Duke Johnson nos muestran la historia del cansino y encorvado Michael Stone, típico hombre de familia, especialista  y escritor exitoso sobre atención al cliente que llega a Cincinnati durante la noche para realizar una exposición para un grupo de profesionales del rubro. Michael parece agotado, fastidiado y es llevado a su Hotel por un taxista algo entrometido al que no tolera, hay algo de la vida de Michael que parece tener “soporte”, donde no hay disfrute.

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Como para darnos una pista de lo que sucede la voz de Michael (recreado por David Thewlis) tiene un marcado acento británico y cuando  llama a una vieja amante de hace una década, a la que dejó sin aviso, su voz es masculina : ese dato hace que el reencuentro tan deseado se vuelva rutinario, la misma voz pero con distintas modulaciones escuchara (sutil trabajo de Tom Noonan) encontrará a su esposa, su hijo y a todo el mundo que lo rodea. Algo anómalo hay en él y en su percepción.

Anomalisa es deliberadamente una historia común, como si Kaufman quisiera esconder su mensaje o impulsarnos a cierto trabajo sobre su sentido, habla de nuestra incapacidad para  vincularnos con los demás, como en Synecdoche New York,  Kaufman muestra que el pathos de Stone es su progresivo solipsismo, la incapacidad de salir de ese mundo que nos vuelve seres anestesiados, piedras, donde los demás son solo ruido de fondo.

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Kaufman cree que eso que llamamos “yo” es una ilusión, una jaula, desde aquel mítico film de Spike Jonze (que junto con Michael Gondry hacen un terceto con claros vasos comunicantes) “Quieres ser John Malcovich” pasando por “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”  nos muestra la máscara, ese hueco  en el que nos acomodamos para encerrarnos (como  “Pink” del film  The Wall de Alan Parker) y vivir insensiblemente.

Oscuro y crítico como siempre, Kaufman construye detrás del personaje un símbolo de época, un mundo deshumanizado, donde existe ese milagro para ateos que es lo diferente, eso que uno encuentra en otro que reconstruye nuestra Humanidad.

La pregunta es ¿podemos verdaderamente amar a alguien si no nos amamos a nosotros mismos?

Y el encuentro se da allí donde menos lo esperamos, con un nombre sintomático (Lisa) es un ser lleno de “fallas”, que  oculta cicatrices y puede parecer torpe y patética pero es genuina y a diferencia de todos su voz es verdaderamente femenina  (Jenifer jason Leigh).  Con ella Michael tiene un instante pleno, se besan, se acuestan y hacen el amor.

Y aquí queremos resaltar la especial adaptación de la técnica de Stop Motion con la que está edificada la película, no oculta el artificio sino más bien lo deja en evidencia pero logra la primer escena de sexo explicito en la historia de esta técnica logrando una toma que sería la envidia de cualquier director, transmitiendo un realismo y un sentimiento increíble.

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Las Animaciones de Anomalisa (y la redundancia es en sí una síntesis del film)  tienen “hambre” de realidad. Sus vientres, testículos y tetas se muestran realistas pero sus rostros deliberadamente falsos. Una grieta se extiende a través del puente de la nariz hasta la circunferencia de los maxilares conformando placas para que parezcan una máscara, cuando nuestro protagonista tira de su piel y se hacen evidentes las placas de separación en el espejo, la exposición de la mecánica que comparte con todos los demás lo horroriza y grita. El narcisista no puede conectar con aquello que le recuerda su imperfección, la emoción lo descontrola y esa es su “monstruosidad”, su propio ideal de lo bello se desarma, como las placas (tectónicas) de la cara de estos particulares muñecos.

En un momento, Michael tropieza borracho en un Sex Toy buscando un juguete para su hijo y al no encontrar nada adquiere una sensual muñeca geisha a cuerda. ¿Qué tan diferente es Michael al títere de su compra? ¿Y nosotros? Juego de espejos multiplicados,  Kaufman nos indica que también nos hemos vueltos títeres y como engranajes asistimos a una sociedad rutinaria, “normal”.

Todas las historias de Kaufman se configuran con dos opuestos como si ternura y violencia fueran parte del mismo juego, como el nombre del film lo indica  solo Kaufman puede juntar un pathos con un ethos, el desquicio con la esperanza, lo normal unido al desvío.

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Kaufman arma una versión “depre” de aquel clásico de Charlie Chaplin  como “Tiempos modernos”  donde humor y crítica social se conjugaban desde cierta visión naif. Ambos, dos geniales titiriteros…

making off https://m.youtube.com/watch?v=Urzpw4WzUs4

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=0Vfva58B_QU