Palabras para conejos o cómo elegir entre Bruce Willis y Mel Gibson

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Sexo, revolución, amor o desamor, el inminente ballotage, Bruce Willis o Mel Gibson, pensamiento racional o mágico, los músicos que tocan bajo el subte, la vida que sigue “viviendo” y más que nada padeciendo una humanidad autoanestesiada, desapasionada e insoportablemente inerte. Todo esto y mucho más son algunos de los condimentos que tiene Palabras para conejos, esta brillante y lúcida obra de Amalia Tercelán, dirigida y actuada por ella misma, y por Mariano Echeconea, Martin Gross y Claudio Tornese. Conversamos con la autora sobre la obra, el grupo de trabajo, el teatro, la política y varias cosas más. Hasta el 28 de este mes pueden ver Palabras para conejos, que hace funciones los sábados a las 21 horas en Elefante Club de Teatro (Guardia Vieja 4257, CABA).

Maximiliano de la Puente: ¿Cómo surge la obra?

Amalia Tercelán: Este texto lo escribí en el 2013 y desde ese momento siempre tuve ganas de hacerlo, pero por distintos motivos recién ahora pudimos lograrlo. Y a la obra le vino bien, porque el contexto que propone, y que en ese momento era como un disparate profético, hoy se nos hace bastante reconocible. Cuando en mayo les compartí este material a Martín Gross y Mariano Echeconea, el deseo fue enorme, y más en un año tan particular. Así que nos pusimos un plazo bastante corto para llegar a estrenar y hacer funciones antes de que se definieran las presidenciales. En este espectáculo elegimos estar los tres en escena (y aprendimos a trabajar con esta nueva dinámica) porque nos era imposible no poner nuestro cuerpo en este proyecto que propone un modo de ver el mundo muy fuerte, muy decidido y apasionado. Después apareció la necesidad de sumar al guitarrista, y al elegir a Claudio Tornese, que además es un gran actor, decidí escribir un monologo extensísimo para él.

MP: ¿Desde cuándo vienen trabajando juntos?

AT: A Mariano lo conozco hace bastantes años y desde el primer montaje que hice siempre colaboró desde distintos lugares, pero te diría que como grupo nos consolidamos recién el año pasado cuando se sumó al equipo Martín y estrenamos “Niño en estado adulto, nieve que arde, o lo que quedó de Hamlet”

MP: La mirada apocalíptica y que a la vez dialoga fuertemente con un contexto exacerbado, está presente todo el tiempo en la obra. ¿Ese fue uno de los presupuestos de inicio del trabajo?

AT: Sí, fue uno de los presupuestos porque elegir estrenar este material en un contexto tan politizado creo que así lo requería. Hubiese sido un error hacer lo contrario, creo. Queríamos ser irreverentes y cínicos con la realidad. Y desde que estrenamos cada noticia relevante que aparecía en este contexto, o fechas importantes, o claro la situación de ballotage, necesitaron incluirse de alguna manera en Palabras para conejos. Después del resultado de las presidenciales nos reunimos varias veces en esa semana, debatimos, discutimos, y pensamos miles de procedimientos para incorporar esa información. El debate fue difícil porque corríamos el riesgo de plantear un posicionamiento político que se volviera tendencioso, o pedagógico, o por el contrario tibio, o ingenuo, y la obra es muy radical. Pero además porque de lo artístico derivábamos a lo político en donde tenemos ideas bastante diferentes. Pero creo que logramos salir airosos de esa coyuntura, y creo que la obra creció mucho con esa incorporación.

MP: Es muy interesante lo que decís, que tienen posturas políticas muy diferentes. Porque viendo la obra parece todo lo contrario. Quiero decir, la mirada sobre el mundo y la política es tremendamente desencantada e irónica. En este sentido quería preguntarte, ¿esta perspectiva es una cuestión generacional? ¿Notás un cierto desencanto en este fin de kirchnerismo en los artistas que, como ustedes, están en la primera parte de la treintena, o esto no es así?

AT:Sí, es real que la obra propone un posicionamiento claro como vos decís, pero eso es la manera en que elegimos meternos en este universo. La mirada desencantada e irónica surge del propio texto dramático y se exacerba a partir de la puesta. Y al jugar con el contexto genera una lectura bastante mas compleja. Creo que puede haber algo generacional, cierto espíritu punk del No future dando vueltas, pero también es cierto que los tres lo vivimos de manera diferente. Con respecto al kirchnerismo también lo atravesamos de distinta manera. En mi caso puntual no tengo una afinidad con el kirchnerismo, creo que el gobierno de Néstor fue en muchos aspectos un avance inmenso para el país y generó un cambio importante, pero después siento que las cosas han ido cambiando y efectivamente me ha desencantado. Martín y Mariano son bastante afines al gobierno de Cristina, te diría que en el caso de ellos no hubo para nada un desencanto sino un modelo que se desarrolló, que creció y que cambió al país. Con la aparición de Scioli el desencanto es compartido porque (ahí sí estamos de acuerdo) no creemos que él sea la continuidad de Cristina, y nos sentimos atrapados en este momento en dos opciones completamente desalentadoras.

MP: ¿Piensan seguir en cartel con la obra el año que viene? ¿La idea es seguir indagando, (de ser ser así), en la coyuntura?

AT: Sí, nuestra idea es continuar con este espectáculo. No es que la obra se pensó y gira solo en torno a este contexto sino que es en sí misma y se resignifica en torno a la realidad política. Y claro, nos haremos cargo de incluir de algún modo lo que venga.

MP: Y finalmente me gustaría preguntarte cómo surge esta relación entre el sexo y la revolución que está muy presente en la obra. ¿Eso ya estaba en la escritura o fue incorporado en el proceso de montaje?

AT: La relación estaba planteada desde la escritura. Allí apareció esta cuestión del cuerpo como el campo de batalla de estos revolucionarios que inician su revuelta por el dolor de no ser amados. Pero en lugar de matar, en lugar de poner bombas, en lugar de inmolarse, su ataque es fornicar solidaria e indiscriminadamente. En lugar de un sacrificio del cuerpo, es una ofrenda. Una manera de modificar al otro, de traerlo a tiempo presente. Porque también incluye una crítica social a los que llama “no fornicadores” que serían personas que viven acostumbradas a sus vidas, que no eligen lo que hacen, que no tienen un deseo, que no se interesan por nada. Y mas aún, que tienen los cuerpos adormecidos, por eso la pasión funciona como un despertador. Como una manera de despabilar a la sociedad. La pasión como una fuerza imparable.