“Me atrae el camino del antihéroe”, entrevista a Flor Canosa

0
57

Este miércoles 18 de noviembre a las 19:00 en Eterna Cadencia (Honduras 5574), se presenta la primera novela de Flor Canosa, Lolas, ganadora del Premio Equis 2015. Los pesentadores serán Juan Manuel Candal y Pamela Terlizzi Prina, y acompañarán Fernando Barrientos (Editorial El Cuervo) y Nicolás Méndez, ganador del Premio Equis 2014.

La novela es una historia sobre el amor liderada por una antiheroína posmoderna, con la obsesión corporal como telón de fondo. Charlamos con Flor que tiene un sentido del humor muy especial y una mirada muy lúcida sobre la mujer.

En otra entrevista dijiste acerca de tus lecturas “Mi relación con la literatura es como con la comida, pruebo todo”, ¿pasa lo mismo con la escritura, te gusta experimentar?

En mi caso, siento que estoy en una etapa más conservadora de mi escritura. Creo que experimenté un montón hasta llegar al punto donde me siento cómoda con lo que escribo y muestro. El hecho de ser guionista es lo que me permite jugar con géneros de lo más diversos y encontrar diferentes voces para las tramas y los personajes. Con la película Daemonium que, aunque guioné, fue un trabajo en equipo, pude darme el gusto de ayudar al grupo a construir un universo distópico desde la fantasía y la ciencia ficción. Junto a una amiga estoy escribiendo una película de terror psicólogico, más hitchcockiana. Con mi marido comenzamos una comedia absurda y bizarra sobre un hombre lobo. Siento que la experimentación pasa por el hundir la nariz en géneros que se manejan con sus propias reglas y jugar con eso. La experimentación en la literatura la veo como el desafío de conocer a los personajes y que tengan su propio pensamiento y acción, bien diferente al mío.

 

Flor Canosa

¿Cómo se pasa de ser guionista a autora de una novela? ¿Hay una influencia de la guionista en la novelista o hay un propósito de salir de la guionista e instalarse en otro lugar?

Creo, en realidad, que el proceso fue inverso. Contar historias estaba en mi naturaleza, y primero surgió el relato en forma de cuentos y narraciones e incluso una primera novela de aventuras que escribí a los doce años. Lo del cine pasó como algo más cercano a la búsqueda de la vocación. Veía una película de abogados y quería ser abogada, veía otra de médicos y quería estudiar medicina, o paleontología o danzas clásicas. Al final, la conclusión a la que llegué es que lo que quería era hacer películas y la manera de construirlas a mi gusto y poder transformarme en sus personajes era desde la escritura. Entonces eché a dormir a la novelista y desperté a la guionista. Con el tiempo y la madurez, lo que sucedió es que el guion me limitaba al universo de lo posible, dentro de un presupuesto y un acuerdo con un director, un productor, un jefe. Volver a la narrativa era reencontrar la libertad, pero no tengo ningún propósito de dejar el guion, porque creo que incluso esa formación está instalada en mi literatura.

Se nota que el humor es parte de tu forma de expresarte, además de una manera de ver la vida, obvio, ¿hay algún autor que en este sentido te haya influido?

El humor me acompaña desde chica. Soy la menor de tres hermanos, por mucha diferencia. Crecí en un mundo de grandes donde, al no poder estar a la altura de las discusiones intelectuales o políticas, me distinguía siendo graciosa. En mi caso no fue influencia de un autor, sino de la vida misma. Pasé situaciones bastante complicadas, perdí a mis viejos de muy chica, y la manera de afrontar los duelos y las angustias era desde ahí. Después lo apliqué a las rupturas amorosas y así fue metiéndose el humor en mi literatura que, como dije otras veces, solía ser muy solemne, más solemne que yo. Me solté el rodete y pensé: “Má sí, esto es lo que me gusta, es lo que soy. Si hago reír a mi psicóloga, vamos a hacer reír a los demás también”.

Ganar un premio con la primera novela es un gran empujón, ¿qué posibilidades de promoción tiene un escritor joven más allá de un premio?

Todavía estoy comprendiendo cuáles son las posibilidades de promoción aún con un premio. Es un ámbito muy difícil. Las grandes editoriales lanzan una cantidad impresionante de libros por año, pero no dan lugar a las nuevas voces. Las editoriales pequeñas son las que más responden, pero no tienen posibilidades de editar a todos y somos muchos los que estamos buscando editor. Ganar un premio fue lo mejor que me pasó en mucho tiempo y me permite meter la puntita del pie en este mundo de escritores publicados. Pero, de todas formas, ¡aún no sé cómo haré para publicar la próxima si no llego a ganar otro concurso! Y estoy asustada, porque es como ganarse la lotería dos veces. Hay más chances de que te caiga un piano en la cabeza a que pase eso.

Las lolas y la cola son las obsesiones de las mujeres, ¿pensás que es algo impuesto de afuera o es una manera que creamos nosotras para garantizar la mirada del otro?

Creo que es una combinación de cosas. La mirada masculina es la que instaló qué parte del cuerpo se desea más. Pero, al mismo tiempo, es una obsesión de hombres y mujeres por igual. El cuerpo, mi propio cuerpo, me produce una mezcla de orgullo y pudor. Tengo momentos en que lo disfruto y momentos en que lo detesto. Lo detesto porque llama la atención o porque no la llama. Es una bipolaridad, como puede suceder con los hombres y los músculos o, incluso, la cola de los hombres que ahora está de moda. No pasa eso con el pene más que a nivel del lenguaje. Del tamaño se habla, no se expone tanto en el ámbito de lo cotidiano y está bastante censurado en los medios. No me parece tan común que los hombres anden preocupados porque las mujeres les miremos el tamaño del bulto. No, al menos, en el mundo que yo conozco. Seguramente debe suceder, pero a mí, particularmente, nunca me atrajo eso. Pero para las mujeres, la cola y las lolas desde hace mucho tiempo son un objeto cuasi público, digno de compartirse y comentarse. Y lo más loco es que ahí están también las piernas, pero parece que en esta época a poca gente le interesan. El otro día me elogiaron las piernas por la calle, respetuosamente, eso sí, y me sentí bien y descolocada al mismo tiempo. Me pareció que me hablaba un marciano. Entonces es que nosotras mismas ya instalamos el hecho de que sabemos que cuando nos enfrentamos al mundo, el mundo nos está mirando lo que más le atrae. A primera vista puede dar la sensación de que mi libro está hecho para instalar más esa idea pero es todo lo contrario. Es un libro con un mensaje, con una moraleja: habla de la falta de límites cuando hay una obsesión, y es un aprendizaje para Julia, la protagonista, una mujer plástica que cree que es solamente eso.

Siguiendo con lo mismo, ¿somos víctimas o somos creadoras de un mito que finalmente se nos volvió en contra?

Somos portadoras de un virus mortal: tenemos tetas y culo. Y se nos hace creer (y nos creemos) que somos eso, por definición, que nuestra condición de mujer pasa por esas características. Y convengamos que todavía la vagina está en un territorio más privado, todavía no se banalizó, es como más tabú; si no, en cualquier momento, van a empezar a difundir cuál es el tamaño o la forma que debe tener o cuál es la elasticidad perfecta para que esa parte del cuerpo se muestre en los medios de comunicación o se marque a través de la ropa.
¿Tenés temas o personajes que siempre dan vuelta en tus creaciones?
Sí, las relaciones me vuelven loca. Las relaciones de pareja, la soledad, el comprender al otro, el comprenderse a uno mismo. Esa es mi obsesión. Y los personajes comunes, sobre todo. Ciudadanos de a pie que de pronto tienen que enfrentar un conflicto que los supera. Creo fervientemente en el camino del héroe aplicado a la vida diaria, así que eso es como una guía en mis historias; el camino del antihéroe, en realidad, porque eso es lo que me atrae, el pobre tipo, la pobre mina, vulnerables, personajes temerosos que se puedan volver temerarios. Amo los géneros, me siento cómoda, como guionista, escribiendo ciencia ficción o terror. Pero en la literatura me inclino por la “comedia drámatica” para catalogarlo de alguna manera, aunque ahora coqueteo con una saga de caníbales que puede ser muy interesante, además de una suerte de secuela de Lolas, pero con un personaje masculino. Me encanta fantasear el universo de los hombres; siempre los observé muy de cerca y creo que por eso parí un varón, para aprender más.