Suburra, cine italiano en Netflix

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Netflix coprodujo junto con la RAI, su primera apuesta en el cine italiano. La película, dirigida por Stefano Solima (Roma criminal 2008, ACAB 2012, Gomorra. La serie 2014) es el film piloto para una serie que tendrá varios capítulos y comenzará a filmarse el próximo año. Suburra (o La Subura) es un barrio de Roma, que cruza la Av Cavour, entre las iglesias Santa María Maggiore y San Pietro in Vincoli, asociado tradicionalmente a los delitos de los barrios bajos.

Apenas estrenado en Italia,  Suburra ya puede verse por la red Netflix. El tema insiste en lo que parece ser la obsesión del cine italiano de los últimos años: la corrupción, el poder, la prostitución y la mafia en medio de la decadencia moral de una clase que debe vender su alma para mantener su vida entre fiestas, lujo y excentricidades. Sobre lo que queda de la belleza de Italia en todo eso, ya Sorrentino proponía algunas respuestas en La grande Belleza.  Sobre lo que pasa con la religión: por un lado la omnipresente cúpula de San Pedro y las escenas de un Papa a punto de renunciar dan cuenta de ese aspecto.

Aunque más cruda y literal que la gran obra de Sorrentino, y menos contundente que la Gomorra de Mateo Garrone,  Suburra resulta un atrapante film de mafiosos distópicos. El rectángulo de personajes lo forman un diputado del parlamento, Malgradi, el jefe de la banda de los gitanos Anacleti un mafioso apodado Samurai que representa claramente la vieja mafia italiana y el joven jefe del territorio de Ostia. Todos ellos se disputarán un negocio millonario para instalar, precisamente en el puerto de Roma, un polo dedicado al juego.

Aunque son los más fuertes los que mueven los hilos del poder, van a ser los más débiles, una joven adicta y un  refinado organizador de eventos, los que tendrán que ver en la venganza final para que algo de lo personal se redima. Como toda distopía, esta también tendrá su apocalipsis: a la próxima renuncia del Papa se le suma la renuncia concreta del Primer ministro de la República: un sálvese quién pueda, que nunca es social, que el relato organiza sobre fechas precisas del fin del año 2011.

Un film pensado para la serie futura pero que bien vale por sí mismo.