#MDQFEST: Remenber de Aton Egoyan Canadá, 2015.

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Remenber es un thriller donde su director trabaja con un guión que no le pertenece. La historia, en realidad es muy simple, surgió de las vivencias personales de su escritor, quien había estado viviendo en Vietnam, y se planteo como esto tan traumático podía ser olvidado. Tomo este sentimiento y lo desde su origen judío, y de este modo lo plasmo en su trabajo.

Los temas recurrentes de Etoyan en films tan recordados como Exótica (1994), Dulce Porvenir (1997) o Ararat (2002) se repiten otra vez: los pasados secretos, la pérdida como algo esencial.. la muerte, tienen que ver con la herencia armenia de su director, y con el hecho de escuchar desde niño hablar de estos temas. No es inocente – me parece- que este film se estrene en el centenario del genocidio armenio.

En otros films de estas mismas temáticas hay personas que llegan a viejos habiendo sanado de estos odios, pero hay otros en los cuales la furia y la violencia están aún intactas. Y los personajes de Remenber son guardianes secretos de esta furia y así como llevan a cabo un plan, con una maquinaria propia, para cristalizar su personal juicio.

Sabemos que el Holocausto es el crimen más tremendo del siglo pasado. Pero aquí su director elije el humor negro como estrategia a la hora de narrar. Eso nos permite por ejemplo –entre otras cosas- ver la eficiencia de su protagonista para llevar a cabo las órdenes, o su grado de precisión y puntería, dos rasgos que podrían anticipar el desenlace.

La furia de Landau es algo muy importante en el film, porque da cuenta del trauma, de la Historia del trauma, que es más importante, que la de la memoria del personaje de Zen. Porque se encuentra entre el dilema de negar o aceptar la realidad, y esto lo pone en contacto con la negación consciente de su pasado.

La presencia del humor es también la que nos hace creer que ha sido judío aunque en realidad no lo era. Algo muy importante para el casting fue buscar artistas alemanes que hablasen el inglés muy bien, ya que era el único modo de justificar el hecho de haber vivido tantos años en los EE UU.

Su director juega con tema de la demencia y el de la identidad encubierta desde la historia de un alemán que acaba de quedarse viudo, quien se escapa de lo que se supone es un –lujoso) asilo de ancianos para emprender un viaje a través de EE UU

hacia la búsqueda de un oficial alemán, que ha estado en Auschwitz, y que ha sido responsable de la muerte de toda su familia. No obstante Zen (Plummer) tiene un patetismo considerable, pero no en el mejor de los sentidos, sino que sencillamente por momentos no resulta verosímil. Y esto no se debe a su excelente actuación.

Todos sabemos que los temas que se relacionan con el Holocausto, son emocionalmente sensibles para una inmensa mayoría de público – es comprensible- y creo que esto es lo que sostiene un film desde el comienzo al final, ya que por momentos su guión, que de hecho es riguroso deviene en una especie de traición ética hacia el espectador.

Excelentes actuaciones al servicio de un film, que no esta a la altura de lo esperado