Compañero Raymundo, un libro en honor a Gleyzer

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El Martes 3 de noviembre a las 12.00 en la Sala 1 del Paseo Aldrey Cultural y Comercial junto con los libros sobre Gerardo Vallejo y Fernando Birri, INCAA presenta el libro Compañero Raymundo, de Juana Sapire y Cynthia Sabat.

Conversamos con Cynthia Sabat sobre la idea y las expectativas de este trabajo que reune vida y obra de uno de los documentalistas más importantes del cine argentino.

AP: ¿Con qué nos vamos a encontrar en “Compañero Raymundo”? ¿Cómo fue el trabajo de investigación? ¿Cómo se ubica tu libro dentro de la historiografía del cine argentino?

Cynthia Sabat: El trabajo de investigación y producción se realizó a través de cinco años de trabajo. Comencé a darle forma a la idea cuando Juana Sapire me ofreció escribir este libro, en octubre de 2010, a pocos días de testimoniar por primera vez por la desaparición de su marido en el juicio por el CCD El Vesubio. A partir de la propuesta de Juana, llegué a una propuesta formal, y a ella le gustó. Para llevarla a cabo yo tenía que viajar a Nueva York, donde ella reside, y convivir con ella varios meses, para entrevistarla y además trabajar con el rico archivo de Raymundo. El libro fue concebido como un aporte a la historia del arte audiovisual latinoamericano, y fue realizado en base a valiosísimos testimonios que aportan datos inéditos, y a documentos que son publicados por primera vez. Por lo tanto considero que es un material de primera mano para que otros investigadores profundicen y continúen mi trabajo.

AP: ¿Cual es la relación entre tu corto, Fuego eterno, y tu libro, además de la participación activa de Juana Sapire?
Cynthia Sabat:
Visto hoy, Fuego eterno es como un tráiler del libro. Es la versión audiovisual de la segunda parte, en la que cuento el exilio de Juana y Diego. También contiene apuntes de cómo fue trabajar con Juana, porque fue filmado en Nueva York y Buenos Aires. La idea del corto se fue modificando: mi idea era registrar el proceso de escritura del libro, pero como se convirtió en un proceso abrumador para las dos, se me ocurrió utilizar esas imágenes sueltas, esos fragmentos, para generar otra cosa. Uno puede comenzar a conocer quiénes son y qué piensan hoy Juana y Diego, a partir de Fuego Eterno. De aquella síntesis, ahora se desprende este análisis y esta profundización que ofrece el libro.

AP:  ¿Cómo fue tu trabajo con Juana, como se escribe un libro a 4 manos?
Cynthia Sabat:  
El arduo trabajo en Nueva York consistía en entrevistas diarias a Juana por la mañana, y a la desgrabación, edición e investigación por la tarde. Cada vez que terminaba un capítulo, se lo daba a leer a ella, y lo corregía. Siempre se quedaba muy conmovida por el resultado. Me considero una buena escuchadora, por lo que traté de agudizar mi oído y sensibilidad para captar lo que Juana quería transmitir. Hubo momentos de duda, de discusiones, de enfrentamientos: tengo la edad de su hijo, por lo que Compañero Raymundo es un libro escrito por dos mujeres de distintas generaciones, lo que le da una gran riqueza de visiones.

AP: Con respecto al análisis de lo histórico y político en el libro, ¿hay alguna hipótesis en relación a Gleyzer y su entorno político?
Cynthia Sabat:
Lo que hoy sabemos es que Raymundo Gleyzer pertenecía al PRT-ERP, que se reivindicaba abiertamente como el brazo cinematográfico del partido y que era un personaje de la cultura muy expuesto. Todo el mundo lo conocía, por lo tanto era difícil pensar en la clandestinidad. El golpe de estado de 1976 lo encontró en Nueva York, tratando de cobrar un dinero que le debía su distribuidor y además tratando de cerrar un contrato de trabajo. Sus compañeros lo llamaron para pedirle que no volviera, porque su vida corría peligro. Bill Susman, su amigo y productor, le rogó que esperara, que no volviera. Le contestó que iba a cuidarse, pero pensaba que debía volver. A pocos días de llegar a Buenos Aires fue secuestrado. Pensemos que el PRT-ERP fue un partido cuyos miembros fueron exterminados, literalmente. No hubo cobertura, no hubo avisos, no hubo bomba ni lista negra de la Triple A. Raymundo sospechaba el poder de muerte de Videla, pero creo que nunca pensó que podía llegar a tanto. Esto puede vislumbrarse en algunas cartas que contiene el libro, especialmente referidas a su viaje a Argelia. La angustiante búsqueda de Raymundo por parte de su familia y amigos está documentada gracias a material inédito aportado por Susan Susman, amiga de Ray y su abogada en los Estados Unidos.

AP: ¿El INCAA fue muy importante para la producción del libro? ¿Como va a ser la distribución?
Cynthia Sabat:
El INCAA contribuyó con mi primer pasaje a Nueva York, bajo la presidencia de Liliana Mazure. Quien nos dio un espaldarazo enorme fue José Martínez Suárez, maestro de Raymundo, a quienes Juana y yo estamos muy agradecidas. El segundo pasaje me lo otorgó la Secretaría de Cultura de la Nación (antes de ser Ministerio, claro) a través del Programa Pampa, un programa de apoyo a la creación artística en el exterior. Tenemos que agradecerle mucho a Ariel Piluso el haber seleccionado nuestro proyecto. Hoy el INCAA, gracias a la decisión de Lucrecia Cardoso publica por primera vez este libro, que tendrá una edición de lujo, y que no tendrá precio comercial, sino que será de distribución gratuita. La colección “Hasta la memoria siempre” es una maravilla, porque además será parte de una caja que contendrá la obra completa de Gleyzer y Cine de la Base restaurada.

AP: Hace 4 ediciones se había presentado tu corto y hubo una retrospectiva de Gleyzer. Esta nueva presentación en el Festival de Mar del Plata es un orgullo para vos, ¿sentís que hay alguna deuda con Gleyzer y su familia?
Cynthia Sabat:
Creo que la mayor deuda simbólica con la familia la saldaron los dos juicios contra el CCD El Vesubio, y las condenas a sus principales responsables. El INCAA salda otra enorme deuda con esta publicación y la restauración de los films, cuyos originales en 16mm fueron traídos desde Nueva York. Además, existe un concurso federal de proyectos llamado Raymundo Gleyzer y Cine de la Base, con lo cual su lugar en el Olimpo de los grandes directores del cine argentino está bien ganado. Yo no podría estar más orgullosa de haber tenido la responsabilidad de encarar este enorme proyecto, y haber podido finalizarlo. Estamos tanto Juana como yo felices con el resultado.

AP: ¿Qué rescatás de la figura de Raymundo después de tantos años de trabajar sobre él?
Cynthia Sabat:
Rescato la actualidad de su cine y su mirada, y su coraje a nivel político. Ser marxista siempre fue como ser la oveja negra, en el campo político y cultural, incluso después de la llamada “primavera camporista”. Raymundo fue consecuente en su vida y en su arte, y eso lo reflejamos en el libro. Es una figura que a 40 años de su desaparición sigue viva, por mérito propio.

AP: ¿El cine como arma o como ojo?
Cynthia Sabat:  
Raymundo decía que el cine es un arma, pero no de tipo militar, sino un arma de contrainformación para la base. La prueba de esto es la feroz represalia que sufrió de la Junta Militar: secuestro, tortura, muerte y desaparición. Algo había hecho.

AP: ¿Cuál te parece que es la herencia de Raymundo Gleyzer? ¿Qué pasa con su cine hoy en esta segunda década del siglo XXI?
Cynthia Sabat:
Nada es casual. No creo que sea casual que en este momento de la Argentina y del mundo, se publique este libro, se restaure la obra y se publique de manera gratuita. Yo siempre digo que Raymundo es del pueblo, y de nadie más. Y cuando digo Raymundo, incluyo en su figura al grupo Cine de la Base, a sus compañeros que siguieron haciendo cine aún después de su desaparición, en el exilio (por ejemplo, Las AAA son las tres armas). No creo que un cineasta pueda aspirar a más que eso: ser parte de su pueblo. A nivel cinematográfico, hoy se lo programa muy a menudo en festivales internacionales, ya que hoy se revaloriza el cine revolucionario latinoamericano como parte de un cine donde vanguardia política y estética iban de la mano.