El clan y las constantes de Trapero

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Arquímedes

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“Denme un punto de apoyo y moveré el mundo” solía decir Arquímedes el sabio griego. Puccio  otro Arquímedes, no solo movilizaba cuerpos también logró movilizar al mundo por cómo se aprovechó del momento histórico específico de la dictadura militar argentina  y también cuando el horror de los secuestros extorsivos y los asesinatos se hicieron público, cuestión que vuelve a actualizar Pablo Trapero con su película “El Clan”.

Puccio   detenta un saber: su paso por el Batallón de Inteligencia 601 lo hizo experto en secuestros y asesinatos de detenidos desaparecidos en la dictadura, saber que luego destinó a secuestras a empresarios  para mejorar su condición económica.

Puccio está atento a los símbolos de una época y de una clase social a la que quiere pertenecer: vive en un barrio acomodado, posee locales comerciales y su hijo Alejandro es un rugbier conocido de San Isidro que ya ha llegado a la selección argentina comúnmente conocida como “los pumas” pero el origen de su buena vida es oscuro y siniestro: secuestra y asesina a ricos empresarios que conoce porque son sus vecinos y transforma su casa en un infierno oculto donde encierra a sus víctimas.

Su casa funciona en ese doble estándar primero como casa y segundo como campo de concentración, recuerda a las familias de los jerarcas nazis que vivian en los campos de concentración. Sus hijos son o activos miembros de la asociación ilícita o cómplices silenciosos,  esa es la diferencia entre Alejandro y  Daniel los hijos de Puccio.

El galán Teen Peter Lanzani compone sufridamente al rugbier  Alejandro , sobre su rostro cae la mayor exposición y sale airoso. Sobre los hombros de Alejandro se centra el drama de la película, hasta la cámara (como su conciencia) parece caerle encima desde los ángulos que lo retratan, Alejandro vive el conflicto de saber que pasa y de no poder denunciarlo, de desear hacer una vida  normal y de saber que nunca lo logrará.

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La dialéctica del adentro y el afuera.

El Clan se construye en la tensión del adentro y el afuera, entre el ser y el parecer, pero además hay una tercer espacio discursivo que construye  la simulación ya que la extorsión a los familiares secuestrados se hacen en nombre de grupos  “guerrilleros” que supuestamente asolaban el país secuestrando gente, sobre esa “ficción” monta Puccio su discurso extorsivo y de la producción de “terror” en la gente común por parte del régimen, su éxito.

Si hacemos un recorrido mínimo por las películas de Trapero veremos que su estructura dramática se compone de un movimiento y una dialéctica  entre el adentro y el afuera. Hay una “afuera” que es siempre sinónimo de libertad, de comunión consigo mismo , la grúa en las alturas de Rulo,  el campo en el bonaerense, las rutas para nacido y criado, el escape al Paraguay en Leonera y la muerte en Carancho, Elefante blanco y El clan.

El adentro es castigo, deshonra, angustia y desolación: la comisaría de la bonaerense, el hospital en Carancho, la cárcel de Leonera, la casa en la Patagonia de nacido y criado, la villa para elefante blanco y la casa del clan. El mal está bajo  techo.

Los climas claustrofóbicos exigen actores de carácter, que puedan soportar esos intensos primeros planos del director  la de Guillermo Pfening  en “Nacido y Criado”, la de Martina Guzmán en “Leonera” o Ricardo Darín en “Carancho” y “Elefante Blanco”. Guillermo Francella convence como el siniestro jefe de familia. Su elaboración dramática se basa en una economía gestual impactante, aunque a veces parezco algo rígido, no solo necesita ser malo sino parecer siniestro.

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La imagen social y política

Lo social y lo político tiene un entrelazado muy fuerte en las historias de Trapero, aquel Rulo hombre grúa, hombre maquina que en el fin del menemato busca escapar al desempleo, el policial proletario del bonaerense que oscila entre la humillación y la complicidad, un exitoso especialista de marketing que usa una tragedia familiar para hundirse en un infierno lumpen, un descreído y despretigiado abogado que se transforma en carancho, una chica de clase media sin rumbo  que aprende a vivir en la cárcel y por última el Clan que sin duda es una metáfora social de la época de la dictadura, todo sucede en una casa convertida en campo de concentración donde algunos son ejecutores , otros cómplices y otros victimas.

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La familia y la administración de la plata y el sexo

La obsesión por la familia es una de las claves del cine de Trapero , un padre de familia que no resiste la muerte de su hijo, una embarazada que mata al mejor amigo de su pareja, la villa como una gran familia extendida donde se oculta la tragedia,  ex abogado y medica frustrada unidos por el amor y la extorsión, los Puccio (con su origen napolitano) como una típica familia mafiosa, en síntesis no se puede vivir en Familia pero tampoco se puede vivir sin la familia.

Las familias son como un planeta en los dramas de trapero,  el dinero, el sexo  y el prestigio social están orbitando como un satélite inestable que pronto puede estrellarse y convertirse en tragedia. La familia es la posibilidad de tener dinero, soledad y dinero no conjugan pero si soledad y  sexo que siempre es afuera, el marido que se escapa en nacido y criado que se vincula con prostitutas,  el cadete y la instructora en el bonaerense,  el cura extranjero en Elefante que debe alejarse de la villa y la iglesia  (familia) para tener sexo, medica y carancho dos solitarios que al tener sexo se alejan de ser familia y pierden el dinero (la vida) y Alejandro en el clan que se quiere escapar a Suecia con su novia y en ese imaginario surge el sexo, en fin la familia y el sexo se repelen.

Quizás constantes y productividad en el cine de Trapero vayan de la mano, explorar en distintos contextos como funcionan y como se construyen familias Sui generis y su vinculo con el dinero y el sexo, sus guiones y destreza en la orientación actoral  hacen de este autor un de los más importantes de nuestra industria cinematográfica actual.