Una nueva interpretación de “El zapallo que se volvió Cosmos”

0
34

Nadie duda del carácter premonitorio de Macedonio Fernández, Padre de la Vanguardia y Abuelo de la Nada, quien anticipó la literatura y esparció aire nuevo (humedad porteña) sobre las generaciones que le siguieron, que le siguen siguiendo y le seguirán siguiendo. Nadie duda, a su vez, que las interpretaciones en literatura son a veces traídas de los pelos, o directamente esquiladas; digamos despojadas de cualquier intención del autor y muchas veces provistas de una intencionalidad maliciosa. Algo que coloca al crítico por encima del propio escritor. El  burro por delante del carro. El universo dentro del zapallo.

- Publicidad -

Recuerdo que hace poco vi una entrevista a Cortazar, donde le consultaban acerca de una cierta metáfora política en su cuento “Casa tomada”; el autor decía que a él eso ni se le había cruzado por la cabeza, que todo había sido un sueño, pero que era válido que así se lo entendiera, dando cuenta entonces de una clara no linealidad en la escritura o al menos en la interpretación.

Tomando esta licencia, se me ocurre que el hermoso y holístico cuento de Macedonio sobre el zapallo es, más que una reflexión sobre la totalidad metafísica y sobre la recursividad, una premonición sobre un fenómeno muy actual y que se manifiesta con firmeza, utilizando los nuevos medios de comunicación. Me refiero específicamente a la peronización del Mundo y en su fase avanzada, a la peronización del Universo o, como va a ser llamado, Peroverso.

Ese zapallo chaqueño que comienza a crecer y pasa de ser el orgullo del Pueblo a una amenaza a la seguridad mundial, para terminar siendo el mismísimo Universo y abarcar todo lo conocido, incluyendo al narrador, es un buen punto de partida para un mensaje premonitorio. Alguien podría decir que el peronismo no fue lo mismo luego de la Resistencia, o luego de la muerte del General, o luego de Menem o luego del Kirchnerismo. Para mi el peronismo no fue lo mismo, luego de Capusotto (por englobar en ese nombre propio a la generación que desde Cha Cha Cha nos viene enseñando el camino). Ya en otro lado conté mi vínculo consolidante con el peronismo y su dependencia con la literatura.

Macedonio era claramente anarquista, al menos así se definía a sí mismo en algunos textos. Su máxima de “mínimo de estado y máximo de individuo” aparece una y otra vez y hasta se cuenta una anécdota en donde tiene la idea de fundar una colonia libertaria en las selvas misioneras, al parecer con el padre de Borges. También se cuenta que durante su rol como juez en Misiones, jamás condenó a nadie. Desde ese punto de vista, lo vemos lejos, claramente lejos, del peronismo. Sin embargo hay pruebas que apoyó a Yrigoyen y que incluso el círculo de poetas y escritores vanguardistas que lo acompañaban, también participó del levantamiento de 1933. Se cuenta del prólogo (luego desestimado) de Borges al libro de Jauretche donde se narran los hechos (El paso de los libres). Mi hipótesis es que el apoyo a Yrigoyen de aquella vanguardia porteña, sobre todo en el caso de Borges, tenía más que ver con su oposición (evidentemente en todos los aspectos) al modernismo de Lugones y a todo lo que el poeta significaba, que una entrega política concreta.

Hay por la web algunos datos que parecen sugerir cierta simpatía de Macedonio por el primer peronismo. Una carta, en particular, en donde se pondera la figura del general. Claro que proviniendo de Macedonio, uno podría leer cierta ironía sin demasiado esfuerzo. Lo cierto es que haya simpatizado o no, eso no quita que hubiera tenido un sentido premonitorio y que pudiera ver con preclara antelación lo que hoy día ocurre.

Hasta la década del ‘90, quedaba claro que en la Argentina se podía gobernar sin tener algún peronista cerca. Hoy en el siglo XXI, eso es impensable. Las tres fuerzas mayoritarias, el FPV, el FR y el PRO adscriben al peronismo (esto es más significativo en el PRO que en cualquiera de las otras fuerzas). Pero desde sus comienzos hubo conspicuos peronistas en sus filas y nunca se renegó de ello (hasta se inauguró en la CABA un monumento al General). Ya lo decía el mismísimo Perón: “peronistas, somos todos”. Al fin y al cabo tanto los Gorillas gorillas como los Homo sapiens pertenecemos al orden taxonómico Primate.

Como el gran zapallo macedoniano, el peronismo fue conquistando todos los ámbitos. Una de las pruebas palmarias la encontré en la TV el otro día. En el almuerzo más famoso de la TV, la conductora (claramente no peronista, al menos concientemente) se puso a cantar la marchita. Claro que la letra estaba cambiada y era el famoso “Dale campeón”, que la mesa entonaba en honor del gran campeón de Box, César Cuenca. Pero la letra estaba cambiada no sólo porque el destinatario era el púgil invicto, sino porque esa canción popular surgió claramente durante la Proscripción, donde no se podía mencionar al General, pero si entonar la melodía. Los caminos de la resistencia eran insondables, ubicuos y oportunistas. La señora cantando la marchita, que me contursi…

El otro dato zapallar que debemos mencionar, está relacionado con el nuevo jefe de la iglesia católica. Por azar del destino o conspiración justicialista, el argentino que resultó electo tiene un clara historia dentro del movimiento. Y mucha de esa tradición puede verse en su discurso y en su accionar. Cuando hace poco estuvo en la cámara de representantes de los EEUU, su discurso, claramente peronista, logró confundir a demócratas y republicanos. La peronización de la iglesia católica ya comenzó. Y por el alcance de esa anciana institución, no dudamos de sus designios universales.

La semiótica de la peronización del universo es aún incierta, pero en rigor de verdad, ese medio ambiguo es tal vez el mejor contexto para su desarrollo. Podemos afirmar entonces que de aquí a un tiempo todo se reducirá al famoso: dentro del zapallo todo, fuera del zapallo nada. Y así el peronismo, al ser el propio Universo, quedará indiferenciado y dios no tendrá otro remedio que levantar los dos dedos en V y entonar junto a Hugo del Carril, la famosa marchita.