Bill Perlmutter: Paisaje después de la batalla.

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“La calle se convirtió en un escenario y las personas en actores de teatro de la realidad siempre cambiante y fascinante”

Bill Perlmutter

Después de casi diez años, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, le toca en suerte al joven soldado y fotógrafo Bill Perlmutter comenzar a trabajar para la revista de la US Army, con base en Alemania. Perlmutter tendría la oportunidad no solo de relevar la reconstrucción de un continente devastado por la guerra, sino de mostrar cómo sus habitantes dejaban atrás aquella experiencia en el marco de la Guerra Fría que no presagiaba tiempos mejores.

Perlmutter, en los muchos viajes que realizó cuando estuvo destinado en Alemania (Francia, Italia, España, Portugal, Bélgica, entre otros), capturó el acontecer diario, la rutina, los modos y costumbres de la gente común y cómo esa gente se iba adaptando a la nueva vida, que nunca volvería a ser la misma de antes de la guerra.

El trabajo de Bill Perlmutter en aquellos años terminó convirtiéndose en uno de los íconos de la fotografía del siglo XX. La misión del joven soldado empezó en diciembre de 1954, cuando abordó un barco de transporte de tropas rumbo a Alemania como fotógrafo de la revista del Ejército de Estados Unidos. Las primeras tomas con su Rolleiflex las realizó en el transcurso de la travesía: a los 27 años, sin haber salido nunca de su país y con una obligada estadía en el extranjero de tres años en adelante. El cruce transatlántico tuvo poco de placer y mucho de nerviosismo. Perlmutter anhelaba llegar y dedicarse a fotografiar Europa, “visitar todos esos lugares maravillosos que había leído sobre el continente y visto en el cine”.

Bill Perlmutter nació en 1932 en Nueva York, donde sigue viviendo y trabajando. Estudió el Bachillerato en Artes en Movimiento y Tecnología de Imagen en el Instituto de Cine de City College en Nueva York. Mientras realizaba sus primeros trabajos fotográficos en su ciudad, decidió ingresar al ejército donde continuó estudiando fotografía en el Army Signal Corps School en Fort Monmouth, New Yersey. Tras su experiencia europea ya retornado a su país, en 19580 se dedicó a la fotografía de manera independiente. Sus trabajos fueron publicados en diversas revistas especializadas y también en varios libros como Bill Perlmutter: Through A Soldier’s Lens. Europe In The Fiftie, 2013.

Sus fotografías están incluidas en distintas colecciones públicas y privadas de los Estados Unidos como el MoMA, el Museo Whitney de Arte Americano, el Smithsonian, el Museo de la Ciudad de Nueva York y the Museum de Washington.

Los paseos del soldado Bill

Ya en Alemania su primer destino fue París, donde se dejó perder sin mapas, ni brújulas por sus bulevares, avenidas y calles, buscando el aliento de la ciudad, tratando de encontrar los rasgos y los rastros que la guerra había dejado en las personas. En Italia debió confrontar con sus propios prejuicios: “crecí creyendo que todos los italianos comían espaguetis con salsa roja y que todas las mujeres vestían de negro”. Hasta entonces solo había conocido a los italianos de la Little Italy del Bronxs.

El soldado Perlmutter pareció inspirarse en el neorrealismo a la hora de elegir sus modelos. Roma y Venecia fueron las más visitadas en 1956 y le dejaron una muy fuerte impronta que se refleja en sus fotografías. Perlmutter marca los intensos contrastes culturales que existían entonces entre la realidad de un joven norteamericano y el continente que acababa de abandonar el drama más tremendo de su historia. Cada toma parece ser un capítulo de un gran libro sobre aquellos años. Con mucho de cinematográfico pero también de antropológico, termina convirtiéndose en un gran ejercicio de conservación de la memoria histórica, un fresco apasionante y apasionado.

Sus capturas son invaluables al momento de entender la vida, no solo de las grandes ciudades, sino también en los pequeños pueblo y en el transcurso de los caminos. Su lente capturó con elocuencia las realidades de aquel momento. Hijos de soldados de la ocupación se distinguen sencillamente cuando dos mujeres alemanas pasean a un bebé negro. Hombres lisiados, los primeros automóviles que intentaban restablecer una industria devastada como el Messerschmitt de tres ruedas. Winston Churchill visitando a las tropas aliadas estacionadas en Berlín y en las cercanías del antiguo campo de concentración de Bergen-Belsen; la irascible Gina Lollobrigida saliendo de Cinecittá; niños exultantes, felices, como si fueran concientes de estar vivos, de ser la primera generación nacida después de la guerra. Las bellas bailarinas del “Crazy Horse” de París, en topless. Vendedores ambulantes debajo de la Torre Eiffel; amantes besándose en algún tabac de la calle Rivoli.

Pero sin duda su mágico tour portugués sería el más impresionante de sus viajes: Perlmutter queda enamorado y se le nota, no solo en la calidad de sus tomas, sino en los detalles que intenta capturar, una realidad estancada en el tiempo que el fotógrafo sabe que pronto desaparecerá. Muchachas bailando en una playa; pescadores, mujeres del mercado, las muchachas y sus canastos de mimbre y el paisaje costero áspero son como los hombres que arman sus redes. Niños y ancianos mirando un mar que parece convocarlos desde el principio del tiempo. El soldado Bill captura con pasión de coleccionista cada escena que, sabe, se disolverá con los años del porvenir.

En 2002 Perlmutter regresaría a Portugal, sabiendo que ya no quedaban rastros de aquel lugar que lo había enamorando siendo joven: “los barcos de pesca tienen ahora Motores, los tractores reemplazar las carretas de bueyes”.
El trabajo fotográfico de Bill Perlmutter es un viaje teñido de saudades que debe ser realizado.

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