Si je suis perdu, c’est pas grave

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Titulo en francés para la nueva pelicula de Santiago Loza realizada en una ciudad del sur de Francia a orillas del Garona.

El idioma como dilema pero también como territorio. Algo que el propio film reconoce cuando dice: “esta es una película europea” hecha por actores europeos y equipo extranjero.

Ser extranjero en Europa es construir una mirada, cosa de lo cual el film se encarga de “plantar” desde el principio con una voz en over en francés y una cámara que recorre esa geografía de un idioma en cruce.

Loza nunca va a dejar de tener en cuenta de dónde vienen los que enuncian. Una simulación de casting en blanco y negro de personas distintas, y las voces que por detrás de la cámara en español (argentino) van adivinando, describiendo los modos faciales, los caracteres.

El relato alterna estos primeros planos en blanco y negro con historias breves, sin relevancia aparente, sin comienzo ni final: dos amigas pasan su tercer vacación juntas, una madre y su hija hablan del pasado, un hombre mantiene una conversación con una joven en una estación de tren, una mujer hace playback en medio de la plaza de “una canción de un cantante argentino”: “Por ese palpitar” de Sandro (magistral momento), una mujer hace un casting para hacer de Brigitte Bardot en una película.

No es fácil en tiempos tan pragmáticos no caer en melancolías inútiles. Cuando reaparece en algún momento la voz en over en francés lo hace mirar con cierta distancia ese estar perdido para volver a encontrarse, a modo de Duras, o de Straub-Huillet, o de Rohmer.

Como en todos ellos, también en Loza, todo lo que queda entrelíneas se torna poético y ahí radica su fortaleza.

La pelicula mas francesa del cine argentino, quizás.

Una perlita.