Contrafáctico

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A riesgo de meterme en una discusión sobre modernidad y posmodernidad, contenido, estética, auspiciantes privados, públicos, ministerios de cultura, arte contemporáneo, intervenciones y site specific, propongo jugar.

Es domingo a la tarde y comienzan los rumores en los mundillos virtuales que al Obelisco le falta la punta. Nada se sabe, salvo que de alguna manera el obelisco fue intervenido.

Esa amputación, de nada menos que la punta de uno de los monumentos más importantes de la ciudad genera ansiedades y preguntas, ante las que ficcionalizamos sobre posibles escenarios.

Pensamos que la punta del obelisco aparece, por ejemplo, en la entrada del barrio Zavaleta en Barracas.

Uno de los monumentos más vistos que tiene la ciudad de Buenos Aires se instala en uno de los espacios más invisibilizados de la ciudad.

Pensamos sino, que la punta del obelisco aparece frente al Puente de la mujer, en la plaza antes de cruzarlo, y el monumento más fálico de la ciudad se ubica a la par de la arquitectura que ¿homenajea? a la ‘mujer’. En un acto de cuestionamiento al patriarcado las dos figuras que de alguna manera refieren a los géneros binarios se empatan en una instancia de fugaz igualdad.

Probablemente las discusiones estéticas rondarían por si es una acción panfletaria o artística, si el feminismo plantea cortar miembros o si es un robo, una acción meramente vandálica.  Tal vez discutiríamos el arte en la política o la política en el arte. Tal vez nos costaría pensar sin el marco del museo. Tal vez podría no estar siendo arte.

Pero son las cinco de la tarde y la punta del monumento aparece en la puerta del MALBA.

Automáticamente el juego se suspende.

A partir de ahora ya hablamos de una obra, porque cómo no habría de serlo estando en un museo; no hay duda. Es obra porque el espacio lo dice, lo construye, lo legitima.

Ya hablamos de una acción en conjunto entre la ciudad, el museo, el sponsor y el artista. Hablamos de condicionamientos, razones y excusas.

Ya hablamos en un contexto de “arte”. Hablamos de site specific.

Hablamos del título: “La democracia del símbolo”. Nombramos  “democracia”, que se vuelve el verbo de la acción “democratizar”; nombramos “símbolo”, pesando solo en algo icónico.

Son las ocho de la noche y de todos los momentos de la obra, podría decir que el más democrático fue poder jugar a imaginar otras instancias de esa obra. De todas las democratizaciones posibles y de todas las aristas a partir de las cuales se puede tomar la simbolización del obelisco, tal vez ver la avenida Corrientes y la 9 de Julio un día tranquilo de sol, sin mucho tránsito (y no vaya a ser que se atravesara una marcha) sea la que se aparece como menos urgente. Tal vez los metros de cemento que quedaron en Corrientes, tal vez la estructura que simula ser la punta del obelisco oculten más que sólo lo que se ve en sus pequeñas ventanas.

Reflexión breve y apurada; quizá porque surja de caer voluntariamente, a modo de juego-experimento, en el reduccionismo de plantear una breve historia contrafáctica. Pero reflexión que vale si eso nos implica preguntarnos qué se quiere decir cuando se toma uno de los elementos más significativos de la ciudad y se  emplaza en la puerta de un museo privado, auspiciado por una empresa privada y un estado privatizador.  Qué se pone en discusión, qué se cuestiona cuando aparentemente no se está cuestionando nada.

Y si la punta no aparecía, ¿hubiera sido la primera cosa pública en desaparecer en la ciudad?