Tribus

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Hasta el 4 de octubre se sigue presentando Tribus en el Paseo La Plaza.

Se trata de una obra de la dramaturga Nina Raine, la inglesa que por Tribus ganó el premio Drama Desk como mejor obra, el Premio del New York Drama Critics Circle como mejor obra extranjera y el Premio del Off Broadway Aliance como mejor obra nueva.

Para más garantías de que estamos ante una obra que vale la pena ver, su director es Claudio Tolcachir.

Tribus cuenta la historia de una familia compuesta por un matrimonio —Jorge y Betty— y tres hijos, uno de los cuales —Guille— es sordo. Fue criado como oyente, puesto que sus padres consideran que la lengua de señas es menos compleja y que por eso, de haberla tenido como lengua materna, su mente habría sido más simple; además no querían que su hijo se manejara en gueto dentro de la comunidad sorda. Sus padres eligieron la inclusión —entre oyentes— en detrimento de la exclusión que implica la comodidad de pertenecer a una comunidad —sorda—. La tribu aparece como ese espacio de contención entre personas con características similares, que a la vez pone distancia de las personas que se perciben como distintas. Jorge y Betty aman a Guille, sin embargo desconocen su sordera porque no quieren que pertenezca a una tribu diferente de la de ellos. Pero resulta que Guille se cansa de ser él el que hace esfuerzos para comunicarse —lee los labios—. Justo entonces conoce a una chica que está en vías de perder la audición por completo —Cinthia—. Ella lo hará sentirse menos solo, aunque sea por un rato. Porque la tribu no le resuelve todos los problemas. Ni a él, ni a sus hermanos —Daniel y Vanina— que viven en la casa paterna.

Daniel —Lautaro Delgado—, atormentado por un amor trunco y las exigencias de su padre, logra hacer que sus fantasmas también nos perturben a nosotros. Se mueve, veloz, de un lado a otro en el escenario; baja y sube la voz con frecuencia, habla demasiado rápido. Su hermana Vanina, interpretada por Maruja Bustamente, no sufre menos. Está frustrada con su trabajo y su madre la ayuda como puede, que es poco.

Sin embargo conviven en la misma casa.

Guille es el único que entiende que entre ellos no hay comunicación ni comprensión, que no hace falta estar sordo para no escuchar. Solo él se da cuenta de que conforman una tribu compuesta por muchas tribus. Entonces decide dejarlos e irse con sus pares. Pero tampoco termina siendo más feliz que en su casa, porque la tribu no lo resuelve todo. Ni a ellos ni a él, ni a él ni a nadie, porque encontrar EL lugar en el mundo no es fácil. Y ese es el quid de la obra.

Patricio Contreras encarna un padre exigente, incisivo, políticamente incorrecto. Su interpretación es brillante porque logra expresar con naturalidad lo que nadie se animaría a decir. Y el público se ríe a borbotones. Con él y con Miriam Odorico, que hace de su mujer. Odorico representa un personaje tierno, pero aun así carece de filtro. Es fresca e irónica a la vez. Tiene una especie de amor por sus hijos “que mata”. Está genial.

Ni hablar de los que hacen de personas sordas: Gerardo Otero y Viki Almeida. Ellos tienen un dominio de sus cuerpos, admirable. Almeida cambia el tono de voz a medida que su sordera avanza en la escena y Otero permanece con el semblante perdido en el medio de conversaciones que lo involucran, pero de las que apenas logra participar.

Tribus es una obra consistente, las interpretaciones de todos están a la altura del guión. Es una obra dura, sin pelos en la lengua. A veces, difícil de oír, como la vida misma.