EVEREST

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Lo más difícil curiosamente fue el descenso

Acostumbrados a ver tanto cine que evoca catástrofes, siendo el más reciente “Los 33” sobre el desastre minero en Chile, “Everest” nos sorprende gratamente al evitar mayormente regodearse en las desgracias ajenas, que las hubo. Con ello se está afirmando que también está basada en una historia real, acaecida en mayo de 1996.

Por momentos el espectador siente que el director ha privilegiado el género documental, pese a que finalmente se trata de un film de ficción aunque muchos de los personajes existieron realmente como lo muestran las consabidas fotos e incluso filmaciones al culminar la proyección.

Otra virtud del film es que no todos los intérpretes son actores que, a nivel de popularidad, estén en la cresta de la ola, pese a que varios son conocidos. Es el caso de Emily Watson (que será homenajeada en San Sebastián), Keira Knightley, Josh Brolin, Robin Wright y Jake Gyllenhaal. Pero otros como Jason Clarke, Sam Worthington (“Avatar”), Elizabeth Debicki, Michael Kelly o el islandés Ingvar Eggert Sigurdsson (“De caballos y hombres”), todos en roles relevantes, son menos populares.

El director Baltasar Kormákur conoce seguramente muy bien la nieve dado su origen islandés y su interesante filmografía muestra títulos interesantes como “Invierno caliente/101 Reykjavik”, “Dos armas letales” y la no estrenada (aquí como actor junto a Eggert Sigurdsson) “Reykjavik – Rotterdam”.

El uso del formato 3D está plenamente justificado en esta oportunidad y uno de los reparos que se puede hacer es algún momento melodramático en la segunda hora del film, que coincide con el complicado descenso de los alpinistas. Afortunadamente hacia el final este desliz del guión se corrige y en el balance “Everest” resulta una experiencia donde el espectador casi se siente partícipe. Vale la pena hacer notar que buena parte de los que se embarcaron en esta aventura era gente dispuesta a pagar varias decenas de miles de dólares, con lo que se resalta que las dos expediciones simultáneas tenían fines comerciales.

Hay notables tomas como la de un helicóptero en búsqueda de uno de los alpinistas y no todas fueran filmadas en el Himalaya sino en estudios en Inglaterra e Italia, aunque en verdad no se diferencian de las realmente allí fotografiadas.

Entre los planteos más interesantes de la película está el móvil que lleva a los seres humanos a emprender riesgos mortales y aquí las motivaciones no son unánimes y la respuesta no resulta única.