Vos no sos el mejor amigo de tu perra, María Ibarra

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María Ibarra es escritora y dibujante; en 2012 publicó la obra de teatro Energía por Editorial Libros Drama, y de la mano de Editorial Outsider acaba de publicar su primer libro de cuentos en formato digital Vos no sos el mejor amigo de tu perra en el que la diversidad, la alteridad y la feminización son temas siempre abordados en primera persona.

La otredad es un concepto que en el imaginario cultural permite la visualización del sujeto corrido de la norma (ya sea por la escasa posibilidad de acceder a los recursos económicos que regulan el mercado, por la elección sexual, por el género, etnia, etc) desde ópticas distintas; por un lado reconoce la existencia de diferentes maneras de concebir la realidad, pero a la vez resume al “otro” al opuesto que surge del discurso hegemónico.

En “Todo lo malo”, el primer cuento que consta de dos capítulos que se complementan pero que bien podrían leerse como unidades; Facundo, un personaje que actúa como espectador de la decadencia propia y ajena sin mover un dedo, dice: “yo quiero estar con una mina bien” y Vanina, su interlocutora, más adelante en la charla le va a prometer: “todavía podemos ser hermosos”. Los dos enunciados a simple vista parecen superfluos pero lo que subyace es la intensión, todavía vaga, de insertarse dentro del discurso hegemónico que silencia sus impulsos. Como si al lograr “estar con una mina bien” o “ser hermosos” se pudiera empezar a desear todo lo demás.

A lo largo del recorrido que el libro propone, la narración es fluida, cruda y con destellos de rabia poética, con paso marcado por las acciones que vuelven los relatos muy visuales. El humor es ácido y necesario, no solo para descomprimir en situaciones tensas, sino también porque permite la posibilidad de que el lector pueda arriesgar alguna reflexión a través de la empatía.

Los personajes viven cierta atmósfera teatral dada por la fuerte presencia de diálogos que podrían sostenerse independientemente de la locación dónde suceden.

El punto de vista, como ya dije, siempre es el del perdedor, generalmente con un leguaje atravesado por la violencia de los insultos, pero que de todas maneras resulta menos agresivo que la violencia subyacente de los personajes aparentemente “buena onda”, o con buenas intenciones. En “Mala vibra” hay un claro ejemplo de esto: un padre llama a su hija para que vaya urgente a verlo, la insulta y la maltrata y si bien es una escena intensa, la incomodidad máxima del cuento viene de la mano del tío Alberto, un personaje aparentemente inofensivo que promete resolver una situación familiar que no se termina de enunciar.

Ibarra administró la violencia con una jerarquía tácita, a algunos de sus personajes les asignó la del lenguaje y a otros la de la acción o la de la capacidad de herir aun sin insultar. El único que ejerce la violencia discursiva y la de la acción es el paseador de perros, Ulises, en el cuento que le da el título al libro.

Los argumentos son urbanos pero siempre periféricos, amigos que no tienen de dónde sacar plata para comprar más alcohol y lidian con un teórico onanista, una chica con una crisis de pánico en el colectivo, una paseadora de perros que por solidaridad le pasa “sus” perros a un personaje con un sutil y perturbador discurso religioso, un hombre que atraviesa el momento preciso de indefinición antes de definirse mujer y que lidia con tetas de goma imposibles de acomodar y una barba que pareciera estar creciendo, al igual que la duda, constantemente.

Los personajes están atravesados por una sensación de vacío existencial, una adolescencia dilatada a faltas de objetivos a la vista. Como si hubieran llegado tarde al momento de la vida donde la estructura reclama que hay que definirlos. María Ibarra no analiza antropológicamente a esos sujetos que no encontraron un lugar en el proceso de construcción social de la realidad y de la producción de los discursos en los noventa, sino que asume la otredad incapacitada de tener una voz aceptada y narra en primera con esa voz periférica antes condenada a permanecer en silencio.

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